¿Por qué es importante cuestionar?

A lo largo de la historia han existido fuertes creencias e ideologías que se implantan en la sociedad y funcionan como modelos de vida, parámetros para evaluar o criticar el mundo y como mecanismos de control. Hay documentos que hasta hoy en día siguen siendo referencia de comportamiento de muchas personas. Ejemplos de ello son la Biblia, el Corán o la Torá, entre muchos otros. Estos libros son más que literatura, es decir, vienen cargados de un fuerte mensaje social, económico, político y cultural. Es posible tomar puntos de estos libros y relacionarlos con diversas disciplinas y ciencias, e incluso justificar muchos comportamientos del hombre.

Es interesante darnos cuenta como han pasado cientos de años desde su escritura y seguimos rigiendo algunos aspectos de nuestra vida con base en lo escrito en estas obras. Podemos pensar que nos hemos desligado o que ya no estamos bajo la influencia de su eco, pero existen muchos aspectos que nos mantienen atados. Algunos ejemplos de ello, son creencias respecto al predominio del hombre sobre los animales, o sobre la mujer. Otro de ellos es la forma en que muchas personas ven las relaciones amorosas entre personas del mismo género, la forma de alimentarse, entre muchos otros preceptos.

¿Qué tal un poco de libertad?

¿Qué tal un poco de libertad?

Es interesante como existe una inercia histórica y un poder aún presente en la sociedad actual, lo cual no podría decir que es bueno o malo. No busco plantear la necesidad de emanciparse de toda ideología o creencia religiosa, pues eso sería la imposición de otra ideología, y al final se caería en lo mismo. Lo que busco plantear en este artículo es la necesidad de pensar, de cuestionar, de analizar, criticar y llegar a una conclusión personal respecto a lo que se quiere creer verdaderamente, lo que se quiere desechar de ciertas creencias, doctrinas o ideologías, y lo que se quiere preservar o conservar como modelo personal de vida.

El objetivo de un ejercicio así es simplemente darnos cuenta qué es lo que genuinamente creemos y darnos cuenta de nuestra autonomía ideológica, de nuestra capacidad de pensar independientemente de las masas. Creo que es importante salir un poco de la esfera de control social para avanzar socialmente, si es que la palabra es “avanzar”. Creo firmemente que las ideologías pueden ser muy dañinas, peligrosas y catastróficas, pero eso es una conclusión personal a la que he llegado. Creo que no podemos obligar a nadie a creer lo que creemos sólo porque pensamos que es lo correcto. No creo que sea correcto que juzguemos las vidas ajenas sólo porque nos escudamos en la “sabiduría” de antiguas escrituras y tampoco creo que podamos establecer instituciones que opriman a las personas que quieren vivir diferente.

No creo en el poder de las masas y tampoco en la imposición de la mayoría. Espero una democracia incluyente, con contrapesos y espacios para la diferencia. Pienso que es saludable una sociedad tolerante que se cure de viejas ideas, no por ser viejas sino por ser inhumanas y ciegas; una sociedad que conserve lo humano. En este sentido, creo que no es posible tampoco imponer esta moral porque cada persona tiene un proceso mental diferente y  llega a sus conclusiones a su ritmo. No creo que necesitemos una escuela de moral o un programa gubernamental que nos enseñe cómo debemos tratar al otro. Creo que lo que necesitamos es precisamente limpiarnos de ideologías dañinas y de creencias que han deformado las capacidades humanas en la sociedad.

B. Job Sandoval

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