“Redúcelo al absurdo”

Cuando era pequeña y le preguntaba a mi papá si algo estaba bien o mal su respuesta era siempre la misma: redúcelo al absurdo. Yo no entendía porque no me contestaba que sí o que no y nos dejábamos de problemas. Tampoco sabía lo kantiano de su respuesta pero ahora entiendo su intención y la importancia de reflexionar por uno mismo y la verdad es que ahora me ayuda reducirlo todo al absurdo. Me explico.

Cada persona va formando sus valores y sus preceptos morales y, consciente o inconscientemente, escoge ciertos principios a los cuales acudir cada vez que se encuentra ante un dilema ético o moral. Estos principios pueden ser de naturaleza filosófica, religiosa, cultural o cualquier otra y, sin intención de caer en algún tipo de relativismo, es difícil justificar que unos sean más válidos que otros.

Como principio, a mí me gusta la universalización de los actos, reduciéndolos al absurdo. Entendemos a lo absurdo como lo irracional, algo que no tiene sentido y que la lógica nos impide considerarlo como real. Pero justamente el llevar algo al extremo y el oponerlo a la razón nos puede ayudar a ver las cosas con mayor claridad.

Por ejemplo, si cada vez que actuamos nos preguntamos qué pasaría si todo el mundo actuara de esta manera y ese escenario (aún en lo absurdo) nos parece inconcebible para la humanidad, quizá no esté bien después de todo. Por el contrario, si el escenario absurdo nos parece irrelevante o quizá un poco más feliz, a lo mejor vale la pena actuar.

-¿Matar está mal?

-Redúcelo al absurdo.*

*Lo que me quería decir mi papá era: ¿qué pasaría si todo el mundo matara? ¿La raza humana se acabaría? ¿El mundo sería mejor? ¿Te parece el escenario ideal?

Se puede argumentar que aún esos escenarios son subjetivos y no habría consenso en su relevancia y puede ser. Pero es cierto que cuando analizamos un acto particular es mucho más difícil entender sus implicaciones morales que cuando lo llevamos “al absurdo”.

En fin, creo que es importante estar conscientes de nuestros actos y los principios o falta de principios detrás de estos y me parece que reducir las cosas al absurdo puede sacarnos de nuestras circunstancias y hacernos ver nuestras acciones no sólo como decisiones individuales sino como decisiones con implicaciones sociales.

¿Qué pasaría si todo el mundo lo redujera todo al absurdo? Es decir, ¿qué pasaría si todo el mundo pensara en todo el mundo?

Cecilia Serrano

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