Cansado del “no se puede” en este país

Lo que motiva este artículo es una discusión que no llegó a nada con personas que piensan que en este país estamos condenados por siempre a la situación en la que estamos. Se trata de mexicanos que se han rendido y deciden bajar las manos y conformarse con la realidad que se les muestra.

Desde pequeños escuchamos que en este país las cosas van muy mal, que la corrupción es el mal mayor del gobierno, que nada se puede hacer y que si quieres hacer un cambio no eres más que un tonto soñador.  Al mexicano no se le puede hablar de posibilidades de cambio por que tiene la frase “no se puede” metida hasta el tuétano. Lo que pasa es que el mexicano está deprimido y cansado de enfrentarse a una estructura política muy fuerte y aplastante. El mexicano no ve en el otro, en los otros, un aliado para hacer algo que genere cambios graduales.

Siempre que pensamos en cambio, cometemos el error de dirigir nuestra mente hacia el gobierno, siempre pensamos en esa estructura hermética y sólida que a lo largo de los años se ha hecho muy grande. Una estructura que no tiene poros, que es sorda e insensible hacia la sociedad civil y hacia los problemas que nos tienen agarrados de las manos y los pies. Siempre que hablamos de generar cambios sentimos que no podemos porque México es un país que se ve afectado por muchos problemas sociales, y aún no hemos aprendido a actuar por nuestra cuenta, a tomar iniciativa y empezar por voltear a ver al otro como un amigo al cual podemos ayudar o con el cual podemos organizarnos.

Yo acepto que soy idealista, pero no soy de aquellos que piensan que la sociedad se tiene que reformar de un día para otro y desaparecer por arte de magia todo lo que nos afecta y cambiar el gobierno como si sólo dependiera de la fuerza de un deseo muy bello. Soy de esos idealistas que creen en las pequeñas acciones, en las iniciativas ciudadanas y en la palabra “posibilidad”. Creo que todos los grandes cambios han empezado con tener en la mente la palabra “posibilidad”. No hay una fórmula claramente, pero sí existe algo llamado voluntad de cambio. No vamos a acabar  con la corrupción ni con el narcotráfico de la noche a la mañana, pero sí podemos ir ayudando a las partes más pobres y vulnerables de la sociedad a mejorar su entorno, a no ser vulnerables a la impunidad y a ser presa fácil de aquellos que ofrecen entrar “al camino fácil del crimen”.

Creo en todas las nuevas generaciones que pensamos diferente, que tenemos acceso a la información, que conocemos otras posibilidades. Acepto, como se me critica constantemente, que yo como universitario no soy representativo y que sólo muy pocos en este país pensamos así. Acepto que hay intereses en este mundo. Sé que si molesto a alguien con poder me pueden matar, como a Rubén Espinosa y a Nadia Vera. Sé que Televisa es un monstruo mediático y que hay mucha gente que consume su basura mediática. Confieso que la mayoría de mis amigos piensa que ya estoy obsesionado con la realidad mexicana. Sé que la injusticia existe en las cárceles de este país, repleta de personas inocentes que son usadas de carnada para cumplir con una cuota de castigo a los crímenes.

A pesar de todo eso que sé, creo que algo se puede hacer. Creo que quizá no veamos ese cambio como generación, que quizá no nos toque. Pero el día de hoy yo quiero compartir que estoy cansado de escuchar “no se puede” y que tengo ganas de conocer mexicanos que hablen de posibilidades, que inicien proyectos a nivel local que logren tener un impacto, aunque sea mínimo. Quiero escuchar optimismo basado en el conocimiento de la realidad. Me encanta conocer gente que sabe cuáles son los problemas y a pesar de ello apuesta por el sí, y desdeña el no.

Creo que vamos despacio porque vamos lejos. Creo en aquellos que transforman su entorno, que se molestan con los que alimentan la corrupción, que respetan las reglas y las leyes, que cuidan el medio ambiente, que visitan comunidades rurales e indígenas para hacer servicio comunitario, que respetan a las personas de servicio, que defienden casos de personas inocentes, que luchan contra la trata de personas, que piensan que la mujer y el hombre somos iguales ante la ley, que no discriminan, que respetan a los homosexuales y sus decisiones. En fin, creo en aquellos mexicanos que son creativos para lograr darle la vuelta a los problemas y creen que cambiando una localidad, una sola, están dando un paso a la conformación de otra realidad mexicana, que sé que no va a venir del gobierno sino de los ciudadanos, de esos que creen en la palabra “yo puedo” porque la realidad la construimos día a día. Y finalmente, si no creen en el cambio, pues lo único que les pido yo es que se ahorren los comentarios pesimistas.

B. Job Sandoval

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