Un mundo discapacitado

“La certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve”.

Me asombra. Es lo primero que pensé al escuchar las palabras de la mujer que estaba sentada detrás de mi en aquel café. Ella platicaba con sus amigas acerca del gran logro que había conseguido Pablo Pineda, un joven con síndrome Down, el primero en Europa que obtiene un título universitario. A sus 37 años ya es licenciado en magisterio y le quedan cuatro asignaturas para conseguir una segunda titulación en pedagogía, dijo en una entrevista a BBC mundo.

Lo anterior hace que retumben en mi cabeza un montón de ideas a cerca del mundo en el que vivimos, de la falta de compromiso como entes de una misma sociedad y el tan marcado desinterés de lo que sucede a nuestro alrededor. Creo que las personas debemos evolucionar; algunos estúpidamente creen que “evolucionar” significa obtener más riqueza, poder o atención. No, evolucionar es madurar, crecer en virtudes, abrir los propios horizontes, dejarte llevar, no estancarte en las ideas que se tienen de siglos atrás sin sentido, función o propósito alguno.

Creo que no existen personas discapacitadas, sino personas con capacidades distintas; es ahí donde encaja mi idea de evolucionar, de dar el siguiente paso en esta sociedad tan conformista y rezagada. Hoy en día las personas con síndrome Down todavía son tratadas como niños, las personas en la calle se escandalizan al verlos caminar solos, sin ninguna “protección”, los padres a sus 30 años los siguen vistiendo infantilmente, les dan de comer en la boca, los bañan, cambian, en fin, los convierten en individuos total y absolutamente dependientes. Las escuelas no los aceptan porque están por debajo de la media y, contrario a esto, son marginados y encadenados a vivir en un mundo en el que sólo los involucre a ellos mismos, un mundo paralelo al nuestro.

Los gobiernos y los medios de comunicación adoptan la postura de conformismo, y llenan los periódicos y noticias con títulos como “un caso excepcional”, ¡que frustrante!, como menciona el mismísimo Pablo. Una justificación totalmente evidente de parte de quienes llevan las riendas de los países, para no avanzar, para no superar esas barreras que ellos mismos imponen, para seguir siendo mediocres, porque.. ¿qué tanto puede importar alguien con síndrome Down?, si ellos ni cuenta se dan de lo que sucede fuera de su micromundo. Lo importante de todo esto no es lo que Pablo logró, no es que hizo una película, que tiene uno o dos títulos o que actualmente el mundo lo conoce, sino que todo esto es posible, que se puede, que es necesario y sumamente esencial. Se trata de salir de los estándares que nos han impuesto toda la vida, que nuestra existencia en esta vida perdure por lo que generemos, por lo que heredamos a los demás, a los que vienen después de nosotros.

Creo que los padres con hijos afectados por este síndrome deben ser educados respecto a la enseñanza que deben inculcar y de que manera hacerlo, deben creer y luchar porque su hijo o hija sea capaz de vivir de manera independiente. Estos padres deben aprender a confiar en sus posibilidades y a partir de ahí enseñarles todo cuanto puedan, estimularlos al máximo sin poner límites a priori. Los que vivimos alrededor de ellos, tenemos que dejar de actuar como almas bondadosas que sienten lástima o ternura al verlos y comenzar a tratarlos como cualquiera de nosotros, comenzar a adentrarlos en este, el mundo de todos. Me parece que los medios de comunicación deben dejar de ser tan amarillistas y tan poco civilizados, y que los gobiernos realicen y/o aprueben proyectos que impulsen lo bueno de los que conformamos al pueblo. Creo firmemente que es importante que las escuelas y empresas cambien su modo de operar, que resalten sus capacidades y exploten su talento, como lo he dicho antes, estas personas no tienen discapacidades, sino capacidades distintas que pueden complementar lo que hace falta en esta sociedad.

Todavía hay mucho camino por recorrer y terrenos que no han sido descubiertos, pero creo que se puede, tengo confianza y fe.

Estefanía Jiménez Velasco

Estudiante de Medicina en la Universidad Autónoma de Guadalajara

 

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