El peatón que nadie valora.

En menos de una semana dos carros han invadido mi espacio personal. Soy una persona distraída y torpe, pero esta vez no fue mi culpa. Estando la luz roja en el semáforo para que yo pueda utilizar libremente las líneas del paso peatonal, éstas han sido invadidas por la prepotencia de los automovilistas y su “derecho humano al automóvil”.

El primero fue un taxi en Polanco, el cual no se fijó que yo estaba en el cruce peatonal y al darse reversa, me golpeó ligeramente con su carro. Éste no se disculpó y el policía que estaba a un lado no hizo nada más que decirme cuando volteé indignado a verlo, que no me había pasado nada y que no era para tanto.

El segundo caso fue el día de hoy. Misma situación, una camioneta invade el paso peatonal. Intento cruzar por atrás, mientras que este comienza a irse de reversa. Sin embargo, esta vez en lugar de golpearme, yo comencé a darle fuertes palmadas en la parte trasera de su camioneta. El señor que iba manejando se indignó y yo sólo le grité que por poco me pega.

Mi respuesta ante el segundo caso no fue la más apropiada, pero uno tiene un límite de paciencia. Me parece lamentable lo mal acostumbrados que se tienen a los automovilistas, se les ha hecho pensar que el espacio público es sólo para ellos, que tienen el derecho a invadir al peatón. Nadie se ha dado cuenta que hay que invertir más en los peatones.

Los peatones no contaminamos con las emisiones que hacen los carros. Por lo general, el hecho de caminar nos mantiene sanos pues no somos tan sedentarios como aquel que hasta para ir a la tienda se va en carro, aunque ésta esté a sólo 3 cuadras. Como peatones somos personas más reflexivas, pues caminar te permite pensar sobre ti mismo. El peatón suele ser una persona más feliz, ya que en el camino uno se encuentra con diferentes individuos, situaciones y cosas que es posible admirar. El automovilista, al menos en la Ciudad de México, suele ir más estresado cuidándose de las fotomultas, de los otros autos y siempre preocupado por el tráfico y el tiempo que hará a casa; observando constantemente Waze o google maps para encontrar la mejor ruta.

La triste realidad es que, aunque yo pudiese ser un peatón muy feliz, día a día me encuentro con la tristeza de que los carros no me respetan, que incluso me suenan la bocina del automóvil si les estorbo para dar vuelta, aunque yo tenga el paso en ese momento. En ocasiones, tengo que ingeniármelas para cruzar alguna calle pues de la nada desaparece la banqueta y me expongo a que me atropellen. Ciudades y ciudades en este país consentidor de los automovilistas están diseñando urbanamente espacios poco amigables para los peatones, olvidándose que caminar es una de las principales actividades del humano. Pocos ven el peligro y la mayoría se indigna si se les llega a afectar su “derecho humano al auto”, cuando el derecho del peatón se ve violentado día a día. Los invito a todos a reflexionar y a los automovilistas a respetar.

B. Job Sandoval

 

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2 comentarios en “El peatón que nadie valora.

  1. Me gusto mucho lo que escribiste, me ha pasado bastante en Monterrey. Te recomiendo un libro muy bueno, La revolución peatonal de la editorial El Caminante.

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