Selección de Poemas

Autor invitado: Jairo

Los adictos al dolor

 Fue compartiendo historias de amor que nos conocimos,

desnudando no el cuerpo sino el alma,

no lo maquillado, sino lo magullado,

lo que el mundo pisoteó,

ahí el alma a los brazos reconoció.

 

Abrir un alma, para encajar, cual rompecabeza,

el chiste es entenderle al juego de cada una,

y no hay para alguna, que el dolor, no sea ranura.

 

Miserables seres humanos, parecidos, paridos en dolor.

Esa necesidad de olvidar el propio yo en el otro extraño,

sea su carne, sean sus bajas, su dolor o sus migajas,

es lo que muchos llaman necesidad de amor.

 

En los huesos, en la carne, en el frío y en la piel se siente,

para entenderlo, arráncalo a lo profundo, donde ya no miente.

Meter la mano en lo chamuscado, lo ennegrecido, lo escondido.

Lo que sólo hacen los adictos al dolor,

para ellos el dolor nunca se va,

quizá por uno, por los otros, por el mundo;

por la miseria ajena o la propia…no se va.

Se cambia, se acopla a la piel, a las ideas,

a la sequía y a las mareas,

de las almas molidas, de gentes dolidas.

 

 

  Tus manos

 Manos que esperan, que escuchan.

Manos que trabajan, que lloraron.

Manos pacientes, comprometidas.

Mis manos dispuestas a unirse,

a tus años, a tus arrugas, a tus sueños,

a tu cansancio, a tus motivos, a tu silencio.

 

Manos que aguantan, ¡qué modo!

que no se asustan, que amagan;

manos que curan, que con todo

y a pesar de todo, siempre luchan.

 

Un chasquido con jazz,

una caricia que avanza,

en la manga escondiendo el as.

 

Y así los amores vanos,

es placer, lo que mide la balanza,

quisiera ofrecerte con los años,

no una pared, una esperanza.

 

Te doy la mano para ayudarte,

para que tú a mí me ayudes.

Te tiendo la mano, para besarte,

te hago un poema, para que me ames.

 

 

Soledad

 Se te impregna en la mente,

en el corazón y en el alma,

como la escarcha del alba,

te toma y te somete.

 

Como los vecinos de arriba,

queriendo ser paciente,

pero con la vida destruida,

así ni el mismo sueño descansa.

 

La recuerdas sólo de noche,

cerrada la puerta, felices

las cobijas, les hacen el amor

cada noche, por miedo y reproche.

 

Ni la más grande heredad,

de ella te consuela o salva,

no deja de doler, es perra,

te succiona la puta soledad.

               

                              

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