Sobre los océanos de plástico

Hace unos meses leí en un periódico que una universidad europea realizó un estudio en el que encontraron microplásticos en las heces fecales de los humanos examinados. Curioso, ya no sólo respiramos un aire altamente contaminado sino que defecamos plástico. ¿Qué estamos haciendo con nuestro planeta y hacia dónde queremos llegar nosotros con esto?

Ayer me invitaron a una plática sobre el plástico en el Océano. La ponente que trabaja en la fundación Plastic Oceans nos dio datos duros sobre la situación de emergencia en la que nos encontramos. En las últimas décadas se ha producido más plástico que en todo el siglo anterior. Mi mente se transportó al supermercado, a los consumidores que utilizan una bolsa para meter un solo aguacate o dos tomates, pensé en todos los recipientes de plástico que se usan para llevar la comida a domicilio, en el que se desecha en cada vuelo internacional. En fin, la conclusión en mi mente tras esta serie de imágenes devastadoras y decepcionantes, fue que la búsqueda de esa comodidad y eficiencia nos ha llevado a producir más de lo que es sano para nuestro ecosistema. Nos hemos educado mal, nos hemos acostumbrado a producir lo que nos va a matar.

El mecanismo de cómo llega el plástico al océano es el siguiente. Nosotros lo utilizamos una sola vez y lo desechamos sin importarnos a dónde se va. Eso se lo lleva el camión de la basura y no lo volvemos a ver nunca (aparentemente). Lo que no se pepena, reutiliza o recicla, se va en grandes cargamentos a las islas de basura que se encuentran en los océanos. Hay islas de basura que pueden llegar a ser del tamaño de países enteros. El plástico en el mar se va desintegrando debido a los rayos ultravioleta del sol y la sal, creándose partículas microscópicas que se comen los peces. En resumen, nosotros comemos peces carajo, y también comemos plástico ahora. Somos la única especie que no contribuye naturalmente a preservar su ecosistema, a diferencia de las plantas, fauna y otros que cumplen su función sin provocarse su autodestrucción.

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Stop! Foto de Nardo, Técnica: Plástico recolectado en la playa sobre lienzo de arena natural en Mermejita, Oaxaca.

Sin embargo, seguimos usando popotes, vasos y platos de plástico desechable, buscando la comodidad en pedir comida a domicilio y comprando botellas de plástico de 250 o 500 ml que nunca desaparecerán de nuestro planeta y que nos vamos a terminar por tragar en peces contaminados. ¿Y a quién le importa esto? A las empresas que producen plástico no y a los individuos que ocupan los sitios de poder tampoco. ¿A quién debe importarle? A nosotros en lo cotidiano. ¿Qué podemos hacer? Hablar un lenguaje diferente en nuestras acciones diarias. Con amabilidad, informar sobre esto y generar conciencia. Si tienen hijos, enseñarles a amar su planeta, a pensar en los animales, las plantas y a amarse a sí mismos. El error más grande que cometimos fue pensar que al tirar el plástico en la basura, nunca lo volveríamos a ver. Ahora el plástico está adentro de nosotros, mutándonos y matándonos lentamente. Ya tenemos un planeta enfermo y ya estamos enfermos. ¿Qué hacer? Entrar en tratamiento colectivo, hacer lo que se pueda hacer a partir de ahora, estemos mal o de la chingada. ¿Qué necesitamos para ello? Que cambiemos estructuralmente, que a nuestros niños les enseñemos lo que no nos enseñaron bien a nosotros, que nos detengamos, que no consumamos lo que no necesitamos, que sepamos medir bien el impacto de nuestros actos y que exijamos una agenda sustentable y ecológica a nuestros gobiernos locales y poco a poco escale a los gobiernos nacionales. Esto debe contagiarse si queremos sobrevivir.

No dejemos que el cinismo nos convierta en seres indiferentes y apáticos, no dejemos que esta situación nos haga doblarnos de rodillas. Yo amo este planeta y amo la naturaleza y las plantas y los animales, el mar y el bosque. Yo quiero ser un agente de cambio y quiero compartir esto. Quiero que nos curemos y curemos este planeta con nuestros buenos hábitos, con la capacidad que tenemos de ser virtuosos. No hay corrección que no cueste, mejorar siempre representa un reto, pero creo que vale la pena. Les ruego que cooperemos y seamos amables.

Nardo

 

 

 

 

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