Libertad y acción humana

Quienes apoyan la implementación de regímenes socialistas no suelen darse cuenta que indirectamente están promoviendo la instauración de una tiranía. La idea de una economía en la que haya una planeación central no es inofensiva, tampoco es noble.

El debate sobre si existe alguna posibilidad de lograr un socialismo democrático es uno viejo y bastante discutido. Hay un autor que leí hace algunos años que logró aterrizarme de la esfera ideológica para entender las condiciones materiales reales y el comportamiento humano libre de abstracciones complejas y elaboradas. A Friedrich Hayek lo leí en Budapest hace cuatro años cuando estudiaba la economía política y los problemas de la transición de Europa Central y del Este, tras varias décadas de vivir bajo comunismo.

El socialismo siempre fue una posibilidad que me entusiasmó desde lo más profundo y honesto de mi ser. Vivir en Budapest y ser instruido por profesores que vivieron bajo el comunismo europeo me ayudó a dejar de idealizarlo. La escasez general de bienes y alimentos, así como la represión política y la mentira disfrazada de verdad fueron aquellos rasgos que me permitieron ser crítico con los promotores del socialismo. La libertad de expresión no existía, la participación política estaba dirigida hacia un apoyo forzado al partido único y la disidencia era castigada de manera cruel. La divergencia fue oprimida y los problemas eran ocultados por el régimen.

Hace un mes impartí una materia titulada pensamiento crítico. Recibí el material de la asignatura y lo leí para preparar mi clase. Fue muy interesante y sorpresivo recordar la importancia de evaluar con cuidado los argumentos propios, saberlos poner a prueba y sobre todo,  tener la capacidad de reconocer que podemos equivocarnos. Stefan Zweig piensa que durante la juventud predominan una exaltación y un entusiasmo de tal suerte que en terrenos políticos, cualquier evidencia que contradiga una postura determinada es un obstáculo para la pasión que enciende los corazones mancebos. El desacuerdo y la contradicción son limitantes para quienes buscan mecanismos de instauración de un poder determinado.

Los Federalistas decían en sus ensayos que todo partidista tiene como motor una pasión política que debe contrarrestarse con el encuentro con otras pasiones, y que la libertad es un elemento esencial para que puedan existir diferentes puntos de vista e intereses políticos. Lo anterior permite que exista una democracia. Los regímenes socialistas implican el mandato de partidos únicos para poder llevar a cabo planeación central sostenida a lo largo del tiempo, necesitan apagar pasiones que amenacen el orden establecido. No ha habido en la historia un sólo caso de socialismo democrático en el poder porque los términos son contradictorios en la práctica. Todos los regímenes socialistas han desembocado en dictaduras bajo el poder de tiranos.

Un régimen socialista introduce al individuo a un terreno en el que puede ser bueno si es proletario y malo si es burgués. Por lo tanto, traslada a los individuos a enemistarse para poder funcionar, para poder arrancar y establecerse. Marx escribió alrededor de una idea que nunca vio implementarse.

Si se piensa que un régimen socialista puede ser una solución para mitigar el comportamiento hedonista del humano contemporáneo y los peligros ambientales que los excesos de producción implican, se equivoca. Sí habrá una inmovilización de la actividad humana, pero no voluntaria sino forzada. Los regímenes socialistas inmovilizan porque imponen una verdad incuestionable, porque requieren del sometimiento de la voluntad humana para perpetrarse. Es difícil asegurar que los males de nuestro tiempo se deban únicamente a la presencia del capitalismo, pues yo considero que se debe más a un fenómeno de desmitificación del mundo que lleva al desasosiego, mismo que los regímenes socialistas han inducido con la destrucción de cualquier posibilidad de mística. No es una solución porque trabaja dentro de los mismos terrenos que el capitalismo, los terrenos de la racionalidad deshumanizante, del desgaste del conocimiento y su imposibilidad de bastarse. No es la solución, sino sólo el empeoramiento de esta situación por la destrucción de las libertades individuales que implica. Hemos crecido tanto poblacionalmente que mi hipótesis es que bajo la escasez que se ha vivido en los regímenes socialistas en el pasado, será muy difícil satisfacer las demandas de  individuos tan acostumbrados al consumo y las comodidades si se llega a probar de nuevo esta vía. En pocas palabras, los desastres pueden ser mayores en lugares más poblados.

Parece que no han bastado los intentos fallidos y la evidencia de las dictaduras socialistas para entender que es una idea ingenua, pueril y peligrosa. Ojalá no sea necesario probar la amargura y la impotencia de vivir en una mentira para experimentar en cabeza propia lo que implica limitar la acción humana y eliminar la libertad.

Nardo.

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