Virtud ecológica

La virtud puede entenderse como la disposición habitual para hacer el bien. El término ecología etimológicamente significa: los tratados de la casa. Es una rama de la biología que estudia las relaciones entre los seres vivos y su entorno. Hablo de virtud ecológica para poder definir aquel hábito deseable que nos permite encontrar una relación positiva entre los seres vivos y nuestro entorno.

Es cierto que elegimos gobernantes y alcaldes para que se encarguen de velar por el cumplimiento de las normas que regulan los asuntos ambientales, entre otros, y que es deber de las autoridades políticas promover una cultura ambiental responsable. Si bien  el legislador, como se entiende en la visión grecolatina antigua, es quien debe crear leyes para hacer virtuosos a los ciudadanos, podemos y debemos tomar acción voluntaria cuando éste no es efectivo ni virtuoso.

Estos días los habitantes de Ciudad de México estamos padeciendo una situación de contaminación atmosférica amenazante y seria. Se han reportado incendios desde la semana pasada no sólo en la ciudad, sino en todo el país. Se han incumplido las normas en muchos aspectos y las autoridades no han sabido controlar la situación a través de un monitoreo y vigilancia efectivos de los lugares en los que se suele quemar terrenos y basura o en los que suceden accidentes.

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Fotografía de CDMX desde mi ventana

A esto se suma la usual contaminación, no por ello menos importante, de las emisiones de los móviles motorizados. Seguimos utilizando plástico y desechables de manera insensible e inconsciente. Nuestros hábitos de consumo no son virtuosos ecológicamente, no hay entendimiento claro de cuáles pueden ser las consecuencias y la relación con el medio ambiente, nuestra casa, está muy deteriorada y no es racional. No habrá nunca acción gubernamental que baste si no dejamos de comportarnos tan caprichosa y frenéticamente, si seguimos siendo la fuente del problema.

Sí es tanto un derecho como una obligación de los ciudadanos exigir y velar por el cumplimiento de las normas y por la intervención pronta y adecuada de las autoridades responsables, quienes tendrían que tener una estrategia ambiental pertinente. Dado que no es así en nuestro caso, no sobra y sí falta que tengamos la capacidad de reconocernos como agentes de cambio y como responsables de lo que sucede. No es culpa del gobierno que tengamos un hábito de consumo vicioso (contrario a lo virtuoso), que estemos acostumbrados a comprar cosas que no necesitamos, que no sabemos establecernos límites sanos de gasto de plástico y materiales nocivos para el planeta y por ende para nosotros. No es justo ni correcto exigir al otro lo que no nos exigimos a nosotros. Para tener gobiernos virtuosos, hay que ser ciudadanos virtuosos.

Nardo.

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