¿Abajo el capitalismo, arriba el gasto?

Me parece muy sorprendente darme cuenta que en mi generación existe esta perspectiva ingenua que supone que es posible gastar más sin crecer económicamente. Todavía más ingenuo, y además contradictorio, es pensar que hay presupuesto suficiente para atender las necesidades de todas las personas.

Cuando vi que tantos apoyaron al gobierno de “izquierda” en México, creí que habían leído su plan de gobierno e incluso sabían que los partidos, a pesar de gobernar para todos una vez en el poder, benefician más a unos que a otros. Tras año y medio de gobierno ha sido posible ver que poco a poco se han desarticulado algunas instituciones y las prioridades del gasto han cambiado. Para muchos ha sido frustrante ver cómo eso ha afectado sus oportunidades e ingreso. La pretensión de eliminar lo que demasiados llaman “privilegios” indiscriminadamente ha golpeado no sólo a los privilegiados, sino a toda una multitud de personas que dependían de diversos organismos, fideicomisos, fondos, etc. Todo ello bajo el pretexto de enfocarse en los pobres, que indudablemente han sido ignorados y maltratados por quienes han gobernado antes.

Académicos, periodistas y figuras públicas han justificado lo anterior y lo han defendido, pues suena bastante razonable que la pobreza debe erradicarse. Sin embargo, muchas de esas personalidades del mundo tuitero creyeron que era posible sostener todos los proyectos que se han financiado con dinero público desde hace décadas, y a su vez enfocarse en resolver la pobreza por medio de transferencias. Lo cierto es que cayeron en la trampa de una ilusión, bien vendida por el líder populista.

Poco se cuestionaron sobre el propósito del benefactor, a quien le basta con el apoyo de los pobres para ser aprobado. La emoción por ver el mundo transformarse en una montaña de caramelo y algodón de azúcar ha hecho difícil que las personas se den cuenta de su error y del peligro inherente a esta situación. Lamentablemente, el descontento sólo ha surgido cuando las decisiones afectan el patrimonio o las fuentes de ingreso de determinadas personas. Parece como si no tuvieran la capacidad de ser críticas, más que cuando les tocan la cartera.

Probablemente también yo he sido ingenuo porque supuse que más personas se darían cuenta de lo que yo observo, pero creo que no es así. Me apena ver que los que atacan tanto al capitalismo son también adictos al gasto. En realidad siguen funcionando con la lógica de la transacción, intercambiando su fidelidad por dinero público. Utilizan una caricatura de pensamiento crítico para quejarse y protestar sólo cuando la austeridad toca su puerta. Por eso hay que tener cuidado con lo que se desea y más con lo que se elige. En realidad, para poder tirar al capitalismo hay que gastar menos.

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