Reseña de Animal Farm

Encontré a Rusia congelada en el tiempo. Salgo de San Petersburgo en camino a Tallín, tengo un chocolate, un café y un libro nuevo. Lo escogí antes de partir porque he escuchado que se trata de un texto genial. George Orwell, Eric Arthur Blair, nació en India cuando estaba dominada por el imperio británico porque su padre trabajaba administrando el opio. Creció observando las injusticias que la economía extractiva inglesa realizaba tanto ahí como en el país de origen de su madre, Birmania. 

San Petersburgo, julio de 2016.

Orwell fue un demócrata inglés comprometido con el socialismo, pero consideraba problemático que un sinfín de personas en Occidente, incluidas las mentes más brillantes de su tiempo, hubieran caído en el encanto del comunismo soviético. Pensaba que éste era un obstáculo para alcanzar la verdadera justicia y había que demostrarlo. Su obra intenta advertir y señalar aquello que encontraba no sólo autoritario sino precursor de un totalitarismo. Este libro se publica en 1945, año en que termina la Segunda Guerra Mundial, cae Hitler y la URSS adquiere más poder y popularidad en el mundo. Tanto en ésta como en los círculos socialistas de otros países sólo eran aceptados los elogios de periodistas y escritores, mientras que las críticas no eran bien recibidas e incluso censuradas. Para más de alguno Animal Farm fue una obra incómoda que puso en evidencia que no hay proyecto político perfecto y que la persecución ingenua de utopías tiende a provocar lo contrario a su propósito. Orwell, un hombre excepcional y honesto, muere muy joven, pero hasta el fin de sus días se esforzó por luchar a través de lo que publicó contra los actos humanos que, bajo una supuesta benevolencia, buscaban controlar la vida y socavar la libertad. 

Animal Farm es una gran fábula que comienza mostrando el trato injusto que reciben los animales de una granja en Inglaterra, los cuales trabajan arduamente y el usufructo de su labor se queda en manos de los humanos que la dirigen. El más sabio entre los animales los convoca a una reunión y les hace reconocer que es necesario evitar que esa situación se prolongue. Les invita a construir una mejor sociedad, aquella en que ellos sean dueños del producto de su trabajo y la riqueza sea repartida equitativamente entre todos los que conforman la granja. Una acción detona la rebelión y los animales logran quitarles el poder y expulsar a los humanos para instaurar lo que el autor llama the animalism. Orwell logra describir alegóricamente lo que había motivado los levantamientos contra la desigualdad en el este de Europa y propiciaron un cambio de régimen que se sostuvo por varias décadas. 

Parece extraño imaginar un mundo en que los animales se comuniquen verbalmente, pero eso poco a poco cobra sentido a partir de que se manifiesta el objetivo del autor. Se trata de un recurso literario estupendo que permite al lector distanciarse de la carga ideológica o política de los nombres de los personajes a los que se refería Orwell implícitamente (Stalin o Trotsky por ejemplo). En cierta medida logró reunir los componentes y actitudes más relevantes de la dictadura política que deseaba develar y las plasmó, por medio de un lenguaje sencillo, en un relato ficticio que puede ser comprendido no sólo por especialistas o intelectuales, sino por cualquier individuo que las lea.

Una obra de este tipo sólo podía haber sido escrita por alguien que no estuviese inmerso en la atmósfera ideológica y represiva que limitaba tanto el pensamiento como la denuncia de los abusos de poder que perpetró el proyecto soviético. Orwell no se mantuvo ajeno a lo que padecían los europeos de oriente ni se entusiasmó ciegamente ante las noticias optimistas que se reportaban, así como tampoco se dejó seducir por el imperialismo de su propio país. Se dedicó a investigar y se aseguró de que todo aquello que escribiera tuviese un sustento real. Conocía bien lo que pasaba del otro lado de su continente y se solidarizó con los europeos del este, tanto como lo había hecho con los españoles que padecieron el fascismo. 

Esta fábula muestra el problema del poder absoluto concentrado en un grupo reducido de animales. El discurso es un elemento recurrente que sirve a los cerdos para mantener el orden en la granja. No hay animal que no cumpla una función necesaria en la trama y cada uno simboliza una figura clave de la realidad política en la URSS. Tanto para los personajes como para el lector existe un sentimiento constante de sorpresa y quizá de indignación conforme se llevan a cabo los actos deliberados de los nuevos dirigentes de la granja. Hay algo de ironía y también de pena en los acontecimientos. La confusión que experimentan los animales ante el uso de la retórica también afecta al lector, que probablemente tenga que volver unas cuantas páginas para estar seguro de no haber leído incorrectamente. Ello se debe simplemente a que el engaño es el recurso más repetido dentro de la historia. 

Asimismo escribió extraordinariamente los manifiestos, las reglas, las frases y los lemas, los poemas y las canciones con las que se adoctrinaba a los animales en aquella utopía, precisamente como se hacía también en la Unión Soviética. Animal Farm es una lección de moral social que busca advertir al mundo entero sobre lo que pocos sabían en el momento en que se publicó la obra, que lo que en ese momento se informaba era manipulado e incluso falso. Orwell escribe para contrarrestar los efectos de la propaganda dentro y fuera de la granja. 

Cierro el libro en Estonia tras cruzar la frontera entre Rusia y la Unión Europea y pienso que el comunismo soviético gradualmente relajó sus convicciones y principios, degradando sus ideales y convirtiéndose en un régimen tan mezquino como el que derrumbó. Esta fábula acierta en que la perversión sería tal que no podría distinguirse entre los cerdos y los hombres, como sucedió en los últimos días de la URSS. 

Orwell, George. Animal Farm, Plume Editions, Penguin Group, United States, 1996.

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