Honestamente

Hace poco me encontré estudiando a una autora que se identifica como todo lo que yo no diría ser. Es una socióloga admirable, y me la recomendó otra mujer brillante que en el espectro “ideológico” se situaría en el otro extremo. Uno diría que el pensamiento de ambas nada tiene que ver pero su obra no dista demasiado. De la primera, cualquiera podría decir que es una intelectual rigurosa y reflexiva. Algo destacable de su obra es que ella pasa casi desapercibida porque aunque tiene convicciones, no parece ansiosa por enseñar una lección. Se leen sus ideas, tampoco las niega. Pero encontramos su investigación, no su historia.

En varios de sus libros, aplica un principio de simetría, examinando fenómenos sociales sin presuponer saber si el resultado a estudiar es positivo o negativo. Así, por ejemplo se aproxima al estudio de la libertad no como algo bueno per se, y entonces intenta analiza los efectos tanto positivos como negativos de dicho valor en las relaciones humanas. Dice que ella:

“wishes to analyze culture without presuming to know in advance what social relations should look like.”

Pero esto es en parte una ilusión. Porque es falso que un científico social pueda abstraerse por completo de su objeto de estudio. Sin embargo, se reconoce su honestidad y su búsqueda genuina por entender la realidad.

Luego di con otra investigación, y al leerla buscando criticarla, me pareció completamente sensata y razonable. No conocía demasiado al autor pero disfruté mucho su reflexión. En ambos casos, me sentía interpelada, pues al encontrarse con unos juicios tan prudentes uno no puede dejar de intentar responder de algún modo.

Esto me hizo pensar que lo poco que tenemos de sentido común siempre se admira cuando percibe atisbos de objetividad. Se complace cuando nota que alguien no habla por hablar sino que ha considerado cuidadosamente sus palabras y al menos se ha cuestionado sus propios prejuicios.

Es verdad que tendemos a aceptar aquello que se corresponde con nuestra visión del mundo. Nuestras descripciones están cargadas de subjetividades. Somos más dados a evaluar que a describir. Pero eso no nos impide por completo analizar las cosas buscando en realidad comprender. No significa que seamos neutrales pero sí que estamos conscientes de nuestros puntos de partida y los hemos cuestionado. Si la objetividad y la neutralidad están fuera de nuestro alcance, al menos podemos destacar la importancia de la honestidad para entendernos y comunicarnos.

Sin embargo, en nuestras discusiones, en los medios de comunicación, en las distintas disciplinas es cada vez más raro encontrar este tipo de honestidad. Es por esto que si valoramos este ejercicio, valdría la pena:

Saber primero qué es lo que creemos y, si cabe, entender de donde vienen estas convicciones. ¿Por qué creemos algo en vez de cualquier otra cosa? Ahora bien, si defiendo una postura, ¿conozco sus deficiencias o creo que no las tiene? Es un error pensar que se tiene que coincidir con todo lo que se defina como yo.

En segundo lugar, hace falta una consciencia de nuestras propias limitaciones, de saber que podemos equivocarnos y que siempre podemos aprender algo. Que no tenemos la útlima palabra y estamos muy lejos de ello. Que mis convicciones no me hacen moralmente superior a quienes no están de acuerdo conmigo. Partamos siempre de la idea de que cualquier persona tiene exactamente la misma legitimad que yo tengo para creer lo que cree, dando de entrada el beneficio de la duda. Además probablemente mi interlocutor sepa cosas que yo no sé y tengamos muchos puntos en común.

Recomiendo también asegurarse de que se está hablando en un mismo plano. Esto es altamente complicado pues, por ejemplo, hay cuestiones morales que tienen implicaciones legales o aspectos filosóficos que tienen dificultades técnicas. Sin embargo, es siempre útil saber desde donde se está abordando una postura o una investigación.

Otro esfuerzo al analizar fenómenos del pasado, es tratar de contextualizarlos y analizarlos a la luz de su época y no tratar de forzar conceptos actuales a un hecho histórico. Esto ampliará nuestra visión del mundo y mejorará nuestra comprensión del pasado y del presente.

Y por último, si uno realmente busca luchar por esta honestidad,  nunca, nunca, nunca debe autoproclamarse neutral y sería mejor huir de cualquiera que lo haga.

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