Para que no haya ni una más

Esta vez sí que sentí la tragedia de Mara como la propia. No es que fuera novedad, ni una realidad más desgarradora, más cruel, más animal que cualquiera de las otras. Siempre ha sido así. Pero ahora –y me avergüenza reconocer que sólo hasta ahora me haya calado tanto- el contexto no pudo ser menos ajeno. Pudo ser mi hermana, pudo ser cualquiera de mis amigas o mis primas. Pude haber sido yo. Todos los días podría ser yo.

Porque ciertamente, las mujeres hemos tomado espacios en la vida pública, gracias a –y no a pesar de, como los retrógradas insisten en pensar- la historia y a la lucha de tantas mujeres de nuestro pasado. Es resultado de esta lucha que, apenas en pleno siglo XXI, las mujeres hemos logrado que se nos reconozca la dignidad inherente a todo ser humano, y por lo tanto nuestros derechos. Es decir, ahora se comprende que se nos deben de respetar y garantizar desde los más básicos, cómo el derecho a la vida y a la integridad personal, hasta nuestros derechos económicos, sociales, culturales y políticos.

Lástima que nuestros derechos están lejos de ser respetados y garantizados. El valor de la vida de las mujeres sigue siendo cuestionado, por lo que nos matan sin pensarlo dos veces y las consecuencias para los autores e involucrados siguen siendo mediocres a lo mucho; nuestro cuerpo y nuestra mente son vistas desde un punto sexualizado, por lo que constantemente somos sometidas a violaciones, abusos y acosos. Aunado a esto, nuestra opinión sigue siendo relegada; nuestras palabras, interrumpidas; nuestra participación, limitada; nuestras funciones sociales y capacidades personales, estereotipadas; nuestro cuerpo, sexualizado; nuestra autonomía, obstruida o señalada.

Porque innegablemente persiste una cultura machista de milenios atrás basada en valores dados a elementos biológicos, plagada de estereotipos de género. Prevalece y la seguimos nutriendo cotidianamente con nuestro lenguaje y nuestro actuar. No somos del todo capaces de verla, comprenderla, de-construirla y arrancarla. Todos en esta sociedad somos parte de esta cultura, de su prevalencia y sus consecuencias, ya sea por deliberación, por indiferencia, o por negligencia y complicidad.

En este contexto, la lucha feminista es y seguirá siendo necesaria, porque, no hay mayor evidencia que, de otro modo, las mujeres logremos sobrevivir, y sobretodo vivir dignamente. Por favor, no la minimicen, no la dejen en segundo plano, no la conviertan en objeto de burla. No usen el término “feminazi”. Es inválido, injusto e indignante; es una ofensa garrafal contra todas las víctimas de la historia de la misoginia: discriminadas, inferiorizadas, abusadas, desaparecidas, asesinadas. Es una ofensa para todas las mujeres que, por el simple hecho de serlo, somos vulnerables en cualquier momento y en cualquier lugar.

Mientras no logremos cambiar nuestra cultura machista, cualquier agresión contra una mujer, por el hecho de ser mujer, permanecerá justificada. Cuestionemos nuestras actitudes, re-eduquémonos, hagamos conscientes a todos cuantos nos rodean y no permitamos ningún tipo de violencia, específicamente contra la mujer.

Hoy el asesinato de Mara nos sirve de madrazo colectivo, ridiculiza nuestra estúpida ceguera, pide a gritos un nuevo contrato social (que por fortuna muchos están dispuestos a reescribir) y exige vehementemente no quedarnos en la indignación. Mujeres, no permitamos que den marcha atrás nuestros derechos y dejemos de normalizar el vivir con miedo; contribuyamos activamente a desarraigar las ideas que nos matan (literalmente o no) y, sobretodo, démonos la mano hoy y siempre.

Que la tragedia de Mara, traiga un giro definitivo a esta constante historia de terror. Que todos y todas, a nuestro modo, tomemos parte en esta lucha imprescindible. Que no haya ni una más.

Paola Lira

Anuncios

La mesura

“… que en todas las cosas es de alabar el hábito que consiste en medianía, aunque necesariamente alguna vez nos hemos de dejar caer en la parte del exceso, y otras a las del defecto, porque de esta manera muy fácilmente alcanzaremos el medio y lo que debemos hacer para ser buenos.”

– Aristóteles, Ética nicomaquea.

Empiezo con este pequeño extracto del libro de Aristóteles porque hoy quiero pensar en la mesura. La principal razón es porque la tenía olvidada y no la tomaba en cuenta. En este texto explicaré por qué me parece importante reconsiderarla.

Aristóteles escribe reiteradamente sobre la virtud. En una de esas tantas ocasiones afirma que el bien del humano consiste en ejercitar el alma en hechos de virtud. Para él, la virtud se encuentra en el punto medio de los extremos. Así, lo que es bueno para el humano se encuentra en la mesura.

Lejos de querer utilizar a Aristóteles para dar una lección de ética con presunción de superioridad moral, quisiera hablar sobre cómo el repensar mis hábitos y en específico mis vicios, me ha permitido reconocer que para estar bien hay que ser mesurado. Hablando un poco de mi experiencia, puedo admitir que he tocado los extremos en diversos aspectos de mi vida. Al entrar a mi etapa adulta tuve la posibilidad de acceder a muchas cosas, entre ellas sustancias y actividades. Pasé del extremo del defecto (ausencia de éstas) al abuso. Hablando en específico, fumar cigarrillos, consumir alcohol, tomar café, usar redes sociales, salir con amigos, incluso pensar o leer, han sido algunas de las tantas actividades en las cuáles he caído en el exceso. Hablo con honestidad, pues me interesa recalcar el punto sobre la necesidad de tocar los extremos para entender que lo son, y si se tiene un buen razonamiento, tender hacia el punto medio.

IMG_20170828_085739_374

¿Qué es lo que he encontrado en el punto medio de algunos hábitos? He encontrado dicha, sorpresa, reencuentros dulces, alegría y bienestar de alma. Un pan de mi lugar preferido, Rosetta, después de un tiempo en su ausencia, fue como probarlo por primera vez. Tomar el café por gusto y no por necesidad, le devolvió su carácter religioso al mundo de los sentidos. Tomar una copa con amigos y saber en qué punto parar, convirtió a la ligera embriaguez en catalizadora de conversaciones exquisitas. Salir de casa sólo cuando verdaderamente mis pies deseaban dejarse llevar por la música, se convirtió en una fiesta. Así, las cosas adquirieron sentido y encanto. Lo cierto es que conforme abusamos de las cosas, éstas dejan de brindarnos la satisfacción inicial. Y no es que las cosas se reivindiquen voluntariamente respecto de nosotros, sino que la falta de moderación lleva al hartazgo, e incluso a la pérdida de los pequeños placeres, de las pequeñas alegrías.

Creo que es fácil que nos volvamos hedonistas en extremo, y pienso que esto sólo lleva a una búsqueda interminable de placeres cada vez mas complejos y, probablemente, autodestructivos. Me parece que es un gran ejercicio aquel que consiste en hacerse uno mismo la pregunta de por qué queremos o hacemos algo, cuando detectamos la posibilidad de un vicio. Pienso que a veces tendemos a dejarnos llevar por la inercia de los actos repetidos. La inercia puede llevarnos a los extremos, pero al considerar la mesura podemos volver a tomar las riendas de nuestros actos y cabalgar de vuelta hacia la vida virtuosa para sonreír en el lugar de las pequeñas alegrías.

Bernardo Job

Aprender a ver

Pienso que, así como el lenguaje nos permite nombrar cosas y poner en palabras emociones y sentimientos, podemos poner esos nombres y palabras en algo material.

Las cosas siempre han estado presentes a lo largo del tiempo, antes de que nosotros llegáramos al mundo a existir. Una vez aquí, existiendo, es posible que tales cosas pasen desapercibidas ante nosotros.

Asimismo, existen cosas y emociones que no forman parte de nuestra entelequia, al no existir lingüísticamente para nosotros aún.

A medida que aprendemos palabras o nombramos nuevas cosas o emociones, éstas van existiendo de manera racional para nosotros; sin embargo, creo que no existen aún de manera física o material.

Lo siguiente en este proceso de apropiación consciente de las cosas sería asociarlas a colores, formas, escenas, fotografías, pinturas o cualquier representación estética.

Cluj

De esta forma, es posible reconocer qué es lo que nos provoca ciertas emociones o sentimientos. Considero a esta actividad una de autoconocimiento profundo y un hábito que nos permite hacer de un día rutinario, la búsqueda de la forma material o estética de una emoción.

Hay ocasiones, incluso, en la que no existe cómo nombrar algo que sentimos o pensamos dentro de nuestro lenguaje, y sólo una representación estética o material puede hacerla entendible para nosotros.

  •      “Me siento como un lugar en el que hay un claro de bosque, en medio se encuentran personas vestidas con ropa de flores y bailan al atardecer.”

Tal sensibilidad, como la expresión anterior, puede ser aquello que nos permite experimentar lo más profundo de la trayectoria de nuestra existencia. Puede ser lo que nos ayude a vivir de manera extraordinaria. Aprender a ver es una forma de conocernos y reconocer el lenguaje material y estético de las cosas.

Bernardo Job

 

 

 

 

Conversemos para habitar en el jardín de las posibilidades

Para Karla V.  y  Lines MC

“La Creación continúa a través del hombre y de su radical aportación creadora que es la lectura” – Gabriel Zaid.

Me encontraba caminando y pensando sobre la actividad de la conversación y sobre el libro de Marcel Proust que tengo unos días leyendo. Pensaba que Proust es un tesoro que había escuchado que existía pero que no había tenido la fortuna de descubrir. Un amigo me regaló el libro, un amigo muy valioso que también es un tesoro. Leyendo a este autor me encontré con lo que describiría como un jardín de delicias, un jardín húmedo de llanto y musicalizado con tiernas risas. En este jardín existe un perpetuo atardecer, que refleja el inevitable sentimiento de fatalidad que precede a la noche, sentimiento que soporto al probar los frescos frutos jugosos cubiertos de rocío cuando los corto. En este jardín hay musgo y hay enredaderas que caen de los árboles. Con Proust me siento en una constante fiesta de emociones íntimas que sólo con él puedo compartir, que él me da licencia de sentir. Quisiera compartir con mis amigos este jardín, quisiera que habitaran el mundo que vivo con Proust, con quien he llorado y a quien he acariciado para consolarle también.  Quisiera bailar descalzo con mis seres queridos en ese jardín y que nuestros pies se llenen de rocío y nos recostemos sobre el musgo. Quiero que subamos a los árboles y sintamos esa dicha que se experimenta cuando uno está por encima del suelo.

 

IMG_20170305_142420_409

Uvas y queso, Bernardo Job

 

Con todo lo anterior me refiero al ejercicio de un día poder conversar sobre Proust, pero para ello es necesario que mis amigos lo lean, que mis amigos se enamoren de él como yo lo estoy. Humberto Beck habla de Gabriel Zaid, quien dice que la auténtica lectura es concelebración: “la palabra comunicante como zona propensa a los encuentros felices”. Beck dice también que para Zaid la lectura humaniza la naturaleza y las cosas al leerlas. Quiero un encuentro feliz en el que demos vida a Proust y que habitemos su casa en Combray.

Cuando me levanto por las mañanas suelo sentir que antes de iniciar mi día debo tener algún tipo de estímulo, alguna idea que me haga volar la imaginación y me permita colorear la realidad. Cuando leo a Proust siento que en mi camino al trabajo comienzo a distinguir otros aspectos de la vida, que observo los gestos de las personas, que el mosaico de la cocina de mi oficina me ofrece un mundo de posibilidades. Proust me salva de la fatalidad de que todos los días pasen desapercibidos en mi existencia. Quiero lo mismo para mis amigos, porque quiero bailar con ellos en el jardín de la eterna melancolía, comiendo frutos frescos y sonriendo con la locura de los que supieron sumergirse, a través de la conversación y la lectura, en el mundo de las infinitas posibilidades.

Bernardo Job

¿Por qué la ola populista puede hacernos bien también?

Privilegio: Exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia (definición de la RAE).

Dudo ser el único que tiene miedo ante este giro político de escala mundial. Llevo meses intentando escribir algo respecto al tema, buscando la mejor manera de expresarlo en palabras y animarme a decir lo que pienso con prudencia.

Considero que este giro mundial que ha tomado la forma de una fuerte ola populista dice tener el propósito de volver a los “valores tradicionales” pero que debajo de ese disfraz de bondad se trata de xenofobia, racismo y discriminación en todas sus formas. Decía Camus: “He visto a personas que obraban mal con mucha moral…”. La pregunta que he intentado contestar dentro de mi cabeza y que he debatido conmigo mismo en silencio desde hace meses es, ¿por qué está sucediendo esto y qué hemos hecho mal para estar en una situación así?

Bien, partiré de donde creo que es el inicio de este pensamiento y cabalgaré hacia mi esperanzada conclusión. Pienso que desde que se decidió que la democracia sería el régimen ejemplar de los últimos tiempos, poco a poco ésta logró penetrar en diferentes esferas de la vida: la familia, el mundo laboral, el arte, la educación, entre otros. La democracia dio lugar a nuevos paradigmas que permearon mayormente a las sociedades occidentales. Tomaré un paradigma que yo considero de los más importantes: todos podemos, podemos lograr lo que nos propongamos, podemos ser creadores; podemos tener, emprender, participar y decidir.

En el pasado esto no era una realidad para las minorías, pero conforme fueron dándose condiciones para que individuos en desventaja pudiesen tener más oportunidades, poco a poco las minorías se fueron empoderando. La estructura anterior a ésta sólo permitía que el hombre blanco, heterosexual y de clase media pudiese acceder a las condiciones que permitían el desarrollo personal y el crecimiento. Por muchos muchos años el individuo privilegiado (como le llamo a este hombre blanco, heterosexual y de clase media) gozó de esta estructura desigual. Al cambiar la estructura gradualmente, se dieron casos de profesionistas mujeres, gays exitosos y afroamericanos e indígenas que ya podían estar en los mismos espacios públicos que los blancos. La línea que dividía la presencia del privilegio fue desdibujándose mientras el individuo privilegiado dormía en sus laureles, en su zona de confort.

Un día el individuo privilegiado despertó y vio que las minorías que consideraba inferiores estaban en el mismo terreno o por encima de él. ¿Cómo era esto posible si las mujeres son inferiores, los homosexuales, desviados sociales, y las etnias, infrahumanos? ¿Quién les otorgó el derecho a tener las mismas condiciones que el individuo privilegiado?

No quisiera dar un salto lógico brusco ni caer en la mención de falacias, pero lo que creo es que surgió frustración general en los individuos privilegiados. Una persona como Trump, individuo privilegiado, capitalizó la frustración de aquellos que perdieron el privilegio argumentando que estos habían sido olvidados por sus representantes políticos y que su voz no contaba. Se hizo uso de la democracia para hablar de la “voz del pueblo”. Trump buscó ganar las elecciones para reivindicar el privilegio y volver a poner a las minorías en el lugar que les corresponde por “naturaleza”.

5882a6f157406s45608_p

Como este evento desafortunado, el año 2016 tuvo otros cuantos más como el Brexit que llevaron a los liberales a desencantarse de la democracia como régimen ideal. Rápidamente se culpó a la democracia de no estar blindada ante individuos que atentaban contra los valores liberales y normativos de ésta. Sin embargo, considero que ésta ha sido una mala respuesta a lo que está sucediendo. Entiendo la tristeza y la desesperación. Lo que descalifico es la postura de desencanto total con el régimen democrático. Pienso que si a la primer falla o error que muestra algo o alguien queremos desecharlo o perdemos la fe total, es porque nunca creímos verdaderamente en ese algo o alguien.

Lo cierto es que algo ya andaba mal desde hace un tiempo, decayeron los niveles de participación política y electoral en las democracias occidentales. Creció la idea de que el voto individual se volvió insignificante y que tenía cada vez menos peso en las decisiones, lo cual es de alguna manera cierto. A pesar de ello, fue precisamente la falta de participación lo que abrió la puerta de oro a los populistas para determinar los resultados que se han obtenido. Esto no fue un error de la democracia, sino un error cívico de los ciudadanos liberales. Por otro lado, los votantes del ala populista ejercieron con entusiasmo el derecho al voto.

Creo que ahora que tenemos populistas de derecha por todo el mundo es momento de cuestionar las certezas y convicciones que teníamos, de ejercitar el pensamiento y de conocernos a través de ese “otro populista” hermético y cínico. Es momento de evaluar la dirección que estábamos tomando, qué tan rápido íbamos y repensar si es la mejor ruta. Los liberales no podemos imponer ni pretender que tenemos la verdad en las manos. Los liberales tenemos que poner a prueba constantemente lo que creemos y pensamos.

Ahora la democracia está a prueba, y con ella los que queremos mantenerla. Animemos los mecanismos democráticos de participación y hagamos el deber cívico, ocupemos el régimen de nuevo y asegurémonos de que quepamos todos. Por esto mismo creo que la ola populista es positiva como una antítesis a la vanidad liberal que habíamos instaurado. Si lo tomamos como una llamada para el crecimiento, podemos mejorar y dejar de ser débiles. No podemos desmoronarnos ante el primer ataque, aunque el ataque de la ola nos haya revolcado. Podemos aprender a surfear esta ola política con diálogo y determinación.

Mi mayor miedo no son los líderes populistas, mi mayor miedo es que los que podemos ser una oposición a otro posible desastre humanitario no hagamos contención. Me da miedo pensar que demostremos ser insoportablemente leves y banales, me niego a pensar que los liberales somos unos narcisos egoístas. Es importante darnos cuenta que la democracia fue algo que costó trabajo lograr y que a lo largo de los años los grupos de presión demandaron el derecho al voto que sólo los privilegiados tenían. Debemos cuidar, ejercitar y alimentar la democracia para poder salvarle de caer en la demagogia o la dictadura de las mayorías.

Bernardo Job

Diario de un guerrero: una batalla por la vida

lalolopez-2

Escrito por: María José López García

Todos conocemos a una persona excepcional. Alguien cuya historia nos asombra y nos marca un parámetro al cual aspiramos llegar. Un ser que nos parece de otro mundo, que nos sensibiliza y que, sin buscarlo, se convierte en una fuente de inspiración. Una persona capaz de enseñar a los demás a través de la actitud con que asume lo que la vida le ponga enfrente.

Soy afortunada porque tuve el privilegio de conocer a una persona excepcional. Conocí al Gran Lalolópez: un esposo, un padre, un hermano, un primo, un tío, un amigo, un publicista, un jefe y un maestro fuera de serie, como ningún otro… inspirador.

Lalo es, fue y siempre será uno de los más grandes guerreros en la batalla por la vida. Un guerrero incansable y tenaz (terco) que creía que “la vida no se trata de alargarla, sino de ensancharla” y que, viviendo de acuerdo a sus convicciones, logró ensanchar lo más que pudo la suya.

18 de junio del 2013. Un día que comenzó como otro cualquiera, pero que traería consigo una noticia con el poder de cambiar la vida de Lalo por completo y para siempre: cáncer de colon con metástasis en el hígado y un pronóstico de pocos meses de vida. Estaba ante uno de los escenarios más terribles del cáncer, pero él sabía que “siempre tenemos una elección” y no dejaría que ningún cáncer cambiara eso. Le haría frente a su enemigo para no dejarse vencer.

En tiempo récord y sólo dos días después del diagnóstico, Lalo empezó la primera de sus incontables quimioterapias y para prepararse mejor para su lucha hacia la sanación total, diseñó una estrategia con tres objetivos principales:

1) Detener el crecimiento de la enfermedad con las quimioterapias,

2) Fortalecer el cuerpo cambiando su dieta y retomando el ejercicio y

3) Fortalecer mente y espíritu mediante la meditación y la programación mental que le permitirían visualizar su sistema inmunológico como algo poderoso e invencible (un ejército de Jedis) y a la enfermedad como algo débil, confundido y fácil de vencer (Storm Troopers).

Lalolópez nos enseñó a vivir esta lucha de manera divertida. La palabra “cáncer” dejó de darnos escalofríos cuando la renombró como “piscis”, un signo mucho más amigable. Nos hizo parte de esta aventura en la que gozamos todas las altas y dijimos “chale” con él en todas las bajas.

Lalo también decía que “lo único que te puedes exigir en la vida es hacerlo lo mejor que puedas”, y nos lo demostró al alcanzar la mejor versión de sí mismo. Afrontó la adversidad como sólo lo hacen las personas excepcionales y, aún durante sus propios tratamientos, ayudó a cuantos pudo. Creó la carrera del Pandatón con una mecánica diferente a todas, donde no existe una distancia predeterminada y en la que, desde el 2015, los kilómetros recorridos ayudan a otras personas en su lucha contra el cáncer.

lalopez

Lalo López en el Pandatón 2016

Soy testigo de que Lalo luchó hasta el último momento y, lo más importante de todo, ganó. No aceptó el pronóstico de que le quedaban sólo tres meses y continuó ensanchando su vida por más de tres años y medio. Logró crear un escuadrón de apoyo unido y nos dejó la filosofía de vida más bonita. Y aunque no puedo evitar sentirme inmensamente triste por su partida, sé que algún día lo volveré a ver. Mientras tanto, puedo hacerle la promesa de vivir día a día como él nos enseñó.

Si no conociste a Lalolópez, te recomiendo leer su blog “Diario de un Guerrero” (www.diariodeunguerrero.tumblr.com) donde cuenta su lucha de una manera única y muy divertida. Te aseguro que no pararás de leerlo hasta terminar la última página.

El mundo necesita más personas excepcionales. Si en tu vida existe una persona como Lalolópez, siéntete afortunado/a porque son quienes más lecciones importantes nos dejan. Si aún no conoces a nadie así, no te desanimes, quizá sea tiempo de que seas tú otro Lalolópez.

Gracias infinitas, Lalo.

 

 

Tengamos perspectiva histórica, esto no es nuevo

Difícil conciliar el sueño antenoche cuando una pesadilla se estaba volviendo realidad: Donald Trump, presidente electo. Por otro lado, mi día había terminado de manera maravillosa. Muchas emociones. Pensaba, ¿por qué? ¿por qué elegir el racismo, sexismo, clasismo, egoísmo en lugar de elegir la continuación de la búsqueda por la igualdad y la libertad?

Estoy esbozando aquí opiniones basadas en información, pueden resultar correctas, o pueden resultar equivocadas, y están destinadas a desafiar y ser parte de un diálogo más amplio.

Mi teoría es que la perspectiva de la mayoría de los pueblos de la historia se limita a la experiencia comunicada por sus padres y abuelos, por lo que 50-100 años. Para ir más allá de eso hay que leer, estudiar y aprender a desenmarañar la propaganda que es inevitable en todos los relatos de la historia. En pocas palabras, en la universidad fallaría un papel si no comparara al menos dos, si no tres opiniones opuestas sobre un tema. Por lo tanto, alejándonos, los humanos tenemos el hábito de entrar en fases de destrucción masiva, generalmente autoimpuesta hasta cierto punto u otro. Estoy interesada en la Muerte Negra, que devastó Europa.Para aquellos en medio de la plaga debe haberse sentido como el fin del mundo.

Pero una característica definitoria de los seres humanos es su resiliencia. Para nosotros ahora parece obvio que sobrevivimos a la plaga, pero a la gente en ese momento debe haberle parecido increíble que su sociedad continuó después. De hecho, muchos asumen que la Muerte Negra tuvo un impacto positivo en el largo plazo. La trágica despoblación creó la escasez de trabajadores. Esta escasez hizo subir los salarios. Los precios de los productos también cayeron. En consecuencia, aumentaron los niveles de vida.

Pero para las personas que la vivieron debe haber sido inconcebible que los seres humanos pudieran levantarse de ella. Tal como ocurrió en el colapso del Imperio Romano, la Muerte Negra, la Inquisición española, la Guerra de los Treinta Años, la Guerra Civil Inglesa … es una larga lista. Eventos de destrucción masiva de los cuales la humanidad se recuperó y se movió, a menudo en mejor forma.

img_20160925_094040

Más tarde, para los historiadores todo tiene sentido y ven claramente cómo una cosa llevó a otra. La batalla de Somme fue resultado directo del asesinato de un archiduque austríaco en Bosnia. Dudo mucho que en aquel momento alguien pensara que el asesinato de un rey europeo daría lugar a la muerte de 17 millones de personas.
Mi punto es que este es un ciclo. Sucede una y otra vez, pero como la mayoría de las personas sólo tienen una perspectiva histórica de 50-100 años, no ven que está sucediendo de nuevo. A medida que se desarrollaban los acontecimientos que dieron lugar a la Primera Guerra Mundial, hubo algunas mentes brillantes que empezaron a advertir que algo terrible venía en camino, pero fueron despedidos como histéricos o tontos.

La gente busca chivos expiatorios, un líder capta el estado de ánimo popular, y escoge a ese chivo expiatorio. Él habla con una determinada retórica y los tambores de la cólera y del odio son la música de fondo. Pero en ese momento la gente no se da cuenta de que se está embarcando en una ruta que conducirá a un período de destrucción. Este ciclo parece estar sucediendo de nuevo. Pero como antes, la gente que lo votó no puede verlo porque:
1. Sólo miran el presente, no el pasado o el futuro.
2. Ellos sólo están mirando de inmediato a su alrededor, no en cómo los eventos se conectan a nivel mundial.
3. No están abiertos a escuchar opiniones opuestas.

Trump está haciendo esto en América. Él está usando la pasión, la ira y la retórica de la misma manera que todos sus predecesores hicieron, un narcisista carismático que se alimenta de la multitud para ser cada vez más fuerte. El punto más relevante es que la historia generalmente juega de la misma manera cada vez que alguien como él se convierte en el jefe.

¿Qué podemos hacer? Debemos tener cuidado de no dividirnos y contrarrestar los mensajes populistas de pasión e ira con nuevos mensajes. Necesitamos entender y usar los medios sociales. Necesitamos aprovechar un miedo diferente. El temor de otra guerra mundial casi paró la Segunda Guerra Mundial, pero no lo hizo. Recordemos que vivir en democracias significa tener esperanza de que un cambio siempre es posible. Es vital esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción.

Alguien, que como muchos de ustedes, tiene fe en un mundo mejor.