Prodigalidad finita, crueldad infinita

Prodigalidad: Profusión, desperdicio, consumo de la propia hacienda gastando excesivamente. 

En el Príncipe, Maquiavelo considera que existen crueldades bien usadas cuando su propósito es afianzarse en el poder, que se hacen de golpe y disminuyen con el tiempo. Por el contrario, considera mal usadas a aquellas crueldades que, siendo pocas al principio, tienden a aumentar.

Por otro lado, piensa que si los súbditos reciben bien de quien esperaban mal, se sentirán obligados a corresponder a su benefactor. Sin embargo, los favores deben hacerse poco a poco para que los súbditos tengan el tiempo suficiente de saborearlos. Si se comporta de manera opuesta puede tener resultados contraproducentes.

Los recursos siempre son finitos y Maquiavelo considera que el gobernante pródigo y generoso deja de serlo cuando agota su capacidad de gasto. Para resolverlo tendrá que gravar al pueblo con impuestos y surgirá el descontento social. La prodigalidad llega a su fin y la crueldad y la fuerza surgen como único mecanismo para cobrar impuestos y mantenerse en el poder.

Maquiavelo, al hablar de la figura de un Príncipe, supone que un comportamiento imprudente y falto de mesura en el gasto puede poner en peligro su gobierno sobre los súbditos. Yo considero que en el caso de los regímenes populistas que se viven en las democracias contemporáneas existe un elemento de gran peso que vale la pena tomar en cuenta, la ideología.

El populista que se comporta generosamente tiene un propósito muy claro, ganarse la simpatía de quienes va a gobernar, de quienes no han sido beneficiados por los gobiernos anteriores. ¿Cómo cobra su favor este individuo en una democracia? A través del apoyo electoral y la aprobación. Es fácil encantar a un pueblo necesitado y golpeado regalando dinero sin pedir nada a cambio. Parece demasiado bueno para ser real. Suele pasar que detrás de las cosas increíblemente buenas se esconden actos macabros o intenciones perversas.

Aquellos que no son beneficiados estarán descontentos, pero poco podrán hacer si las mayorías están contentas con el gobernante. De tal forma que, mientras exista el beneficio y el “bienestar social”, la oposición poco podrá hacer. Las fidelidades políticas se trasladarán poco a poco al partido del líder generoso y bueno. El poder se irá haciendo cada vez más grande aunque el dinero se esté terminando, lo cual puede sonar contradictorio porque normalmente dinero es poder. Sin embargo, aunque esto sea cierto, existen sólidas dictaduras que se sostienen a pesar de la escasez. Esto sucede gracias a que, empobrecida la sociedad y falta de mecanismos de defensa, lo poco o mucho se gasta en el sostenimiento del régimen.

En este capítulo titulado De la liberalidad y la parsimonia, Maquiavelo concluye que no hay nada que se consuma tanto a sí mismo como el comportamiento pródigo, pues se pierde la capacidad de serlo en la medida que se ejerce sin prudencia y sin mesura. La única forma en que se puede sostener este comportamiento es imponiendo grandes tasas de impuestos sobre la población. Si el líder populista utiliza la fuerza del ejército para extraer recursos, éstos se gastarán en la defensa del régimen y no en las necesidades del pueblo, convirtiendo a éste en una tiranía que aumenta el uso de la crueldad en lugar de disminuirla.

  • Nota: Uso la palabra prodigalidad como sinónimo de liberalidad, para evitar confusiones con el uso coloquial de la última.

Nardo.

 

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Libertad y acción humana

Quienes apoyan la implementación de regímenes socialistas no suelen darse cuenta que indirectamente están promoviendo la instauración de una tiranía. La idea de una economía en la que haya una planeación central no es inofensiva, tampoco es noble.

El debate sobre si existe alguna posibilidad de lograr un socialismo democrático es uno viejo y bastante discutido. Hay un autor que leí hace algunos años que logró aterrizarme de la esfera ideológica para entender las condiciones materiales reales y el comportamiento humano libre de abstracciones complejas y elaboradas. A Friedrich Hayek lo leí en Budapest hace cuatro años cuando estudiaba la economía política y los problemas de la transición de Europa Central y del Este, tras varias décadas de vivir bajo comunismo.

El socialismo siempre fue una posibilidad que me entusiasmó desde lo más profundo y honesto de mi ser. Vivir en Budapest y ser instruido por profesores que vivieron bajo el comunismo europeo me ayudó a dejar de idealizarlo. La escasez general de bienes y alimentos, así como la represión política y la mentira disfrazada de verdad fueron aquellos rasgos que me permitieron ser crítico con los promotores del socialismo. La libertad de expresión no existía, la participación política estaba dirigida hacia un apoyo forzado al partido único y la disidencia era castigada de manera cruel. La divergencia fue oprimida y los problemas eran ocultados por el régimen.

Hace un mes impartí una materia titulada pensamiento crítico. Recibí el material de la asignatura y lo leí para preparar mi clase. Fue muy interesante y sorpresivo recordar la importancia de evaluar con cuidado los argumentos propios, saberlos poner a prueba y sobre todo,  tener la capacidad de reconocer que podemos equivocarnos. Stefan Zweig piensa que durante la juventud predominan una exaltación y un entusiasmo de tal suerte que en terrenos políticos, cualquier evidencia que contradiga una postura determinada es un obstáculo para la pasión que enciende los corazones mancebos. El desacuerdo y la contradicción son limitantes para quienes buscan mecanismos de instauración de un poder determinado.

Los Federalistas decían en sus ensayos que todo partidista tiene como motor una pasión política que debe contrarrestarse con el encuentro con otras pasiones, y que la libertad es un elemento esencial para que puedan existir diferentes puntos de vista e intereses políticos. Lo anterior permite que exista una democracia. Los regímenes socialistas implican el mandato de partidos únicos para poder llevar a cabo planeación central sostenida a lo largo del tiempo, necesitan apagar pasiones que amenacen el orden establecido. No ha habido en la historia un sólo caso de socialismo democrático en el poder porque los términos son contradictorios en la práctica. Todos los regímenes socialistas han desembocado en dictaduras bajo el poder de tiranos.

Un régimen socialista introduce al individuo a un terreno en el que puede ser bueno si es proletario y malo si es burgués. Por lo tanto, traslada a los individuos a enemistarse para poder funcionar, para poder arrancar y establecerse. Marx escribió alrededor de una idea que nunca vio implementarse.

Si se piensa que un régimen socialista puede ser una solución para mitigar el comportamiento hedonista del humano contemporáneo y los peligros ambientales que los excesos de producción implican, se equivoca. Sí habrá una inmovilización de la actividad humana, pero no voluntaria sino forzada. Los regímenes socialistas inmovilizan porque imponen una verdad incuestionable, porque requieren del sometimiento de la voluntad humana para perpetrarse. Es difícil asegurar que los males de nuestro tiempo se deban únicamente a la presencia del capitalismo, pues yo considero que se debe más a un fenómeno de desmitificación del mundo que lleva al desasosiego, mismo que los regímenes socialistas han inducido con la destrucción de cualquier posibilidad de mística. No es una solución porque trabaja dentro de los mismos terrenos que el capitalismo, los terrenos de la racionalidad deshumanizante, del desgaste del conocimiento y su imposibilidad de bastarse. No es la solución, sino sólo el empeoramiento de esta situación por la destrucción de las libertades individuales que implica. Hemos crecido tanto poblacionalmente que mi hipótesis es que bajo la escasez que se ha vivido en los regímenes socialistas en el pasado, será muy difícil satisfacer las demandas de  individuos tan acostumbrados al consumo y las comodidades si se llega a probar de nuevo esta vía. En pocas palabras, los desastres pueden ser mayores en lugares más poblados.

Parece que no han bastado los intentos fallidos y la evidencia de las dictaduras socialistas para entender que es una idea ingenua, pueril y peligrosa. Ojalá no sea necesario probar la amargura y la impotencia de vivir en una mentira para experimentar en cabeza propia lo que implica limitar la acción humana y eliminar la libertad.

Nardo.

Ven y mira

“(…) Si lo que la situación permite es la crueldad, tanto mejor. Sin escrúpulos y con toda intensidad aprovechan este permiso, y hacen un uso tan amplio de él, que no puede dudarse que la mayoría de los hombres sólo esperan que una vez dejen paso libre las circunstancias a su crueldad y grosería y les permitan ser brutales de todo corazón.”

Diálogo de Adela Schopenhauer en el libro Carlota en Weimar de Thomas Mann.

Ayer fui a la Cineteca a ver una película de la 66º Muestra Internacional de Cine. Desde que empieza rompe con cualquier pensamiento interno que te distraiga de la pantalla a través de la actuación de los primeros personajes que aparecen, pues no es evidente la razón de su estridencia.

La historia se sitúa en el medio rural de Bielorrusia en el año 1943. Los Nazis han ocupado el territorio y los habitantes de la región están aterrorizados. El ejército bielorruso está reclutando a todo hombre en edad de ir a luchar. Floria, el protagonista es apenas un adolescente y su ingenuidad le hace percibir con emoción la idea de sumarse a las fuerzas armadas. Conoce a la joven Glasha en el refugio donde se preparan para salir a la batalla y juntos viven la primera parte de las experiencias traumáticas y ensordecedoras. A través de recursos de sonido, efectos especiales y movimientos de cámara, el director logra introducir al espectador a la angustia, el desasosiego, la despersonalización y la desorientación que viven los protagonistas. Floria y Glasha viven en un vaivén de experiencias traumáticas y una alegría sutil y noble de estar juntos en medio del bosque.

La amenaza es constante y el miedo aumenta. Floria vive de manera abrupta un golpe de realidad que le pulveriza los nervios y le aniquila el espíritu. El dolor percibido en su mirada me empezó a provocar dolor abdominal y en la espalda. La angustia y la tristeza se trasladaron a mi cuerpo, a cada parte de él, mientras intentaba encontrar una posición adecuada para contrarrestar los dolores físicos que la película me estaba provocando.

Una vez sobrepuesto de los primeros traumas bajo el cuidado de Glasha, Floria sale a buscar comida para los sobrevivientes de los ataques. En su camino le suceden otra serie de calamidades, pero se ve más fuerte, más determinado a resistir y no permitir que sus compatriotas mueran de hambre.

Por razones que sólo el guionista conoce, Floria es rescatado por un anciano para refugiarlo de las tropas Nazis en una aldea lejana a la suya, donde había intentado robar alimento. Los Nazis introducen a los habitantes, adultos y niños, a una iglesia de madera y Floria logra escapar. El dirigente de la tropa ordena que sean quemados. A través de las ventanas, los soldados arrojan granadas y gasolina, mientras reproducen música a todo volumen en un auto con megáfono para no escuchar los gritos de los que están siendo abrasados por las llamas. No sólo no ven a las víctimas porque están atrapados, sino que no desean escucharlos. Algunos toman vodka mientras ven el edificio arder, otros ríen y al final aplauden. Como ésta, se quemaron alrededor de 600 aldeas en todo Bielorrusia.

Es sin duda, la película más cruel y dura que he visto sobre los crímenes del régimen Nazi a lo largo de todo el continente europeo. Mis lágrimas se desbordaron durante el final, el dolor en mi cuerpo era general y mi espíritu se encontraba amargo y muy lastimado. Decidí escribir este artículo para no dejar que el tiempo borre estos hechos de la memoria de la humanidad, para que nunca olvidemos los alcances del odio y del poder en manos equivocadas. Invito a quien me lea a no normalizar la violencia, a no acostumbrarnos al maltrato, a no probar nuestros límites, a ser autocríticos y a no fanatizarnos alrededor de ninguna idea, a ver el rostro humano en cada individuo. Finalmente les dejo uno de mis lemas de vida, que me permite restaurarme y reincorporarme a mi propósito:

“To love. To be loved. To never forget your own insignificance. To never get used to the unspeakable violence and the vulgar disparity of life around you. To seek joy in the saddest places. To pursue beauty to its lair. To never simplify what is complicated or complicate what is simple. To respect strength, never power. Above all, to watch. To try and understand. To never look away. And never, never, to forget.”

– Arundhati Roy, The Cost of Living

Nardo.

 

Ven y Mira es una película dirigida por Elem Klímov del año 1985 producida en la Unión Soviética, restaurada en 2017. Música de Mozart. Para ver los horarios:

https://www.cinetecanacional.net/micrositios/muestra66/detalle_pelicula.php?clave_pelicula=16402

Conciliación y concordia

A veces me pregunto cuál es el objetivo de la búsqueda y construcción de diálogo en el espacio público. Cuando observo mis entornos material y virtual, me parece inevitable sentirme lastimado por la viceralidad y lo arbitrario de las posturas y los argumentos políticos. Me imagino como un individuo atravesado por infinitos aguijones cargados de ponzoña ideológica.

Nací y crecí en un tiempo caracterizado por un optimismo culminatorio, de conquistas nada despreciables pero frágiles, de libertades alcanzadas que serían efímeras si no se sostienen mediante la práctica permanente de valores políticos.

La conciliación se da cuando los individuos son capaces de reunirse y reconocer las identidades de cada quien a pesar de sus diferencias; de hacer compatibles las contradicciones. La concordia consiste en la conclusión pacífica que permite a los individuos convivir a pesar del desacuerdo.

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Las bodas de Tetis y Peleo, Jacob Jordaens, 1636 – 1638. La manzana de la discordia en el centro de la discusión.

Me parece lamentable que, desde el ejercicio de su poder, el actual gobierno de México proponga soluciones de confrontación y cree una atmósfera de resentimiento entre los integrantes del cuerpo social, muchas veces clasificados por él mismo como buenos y malos. Resulta imposible negar las condiciones objetivas de injusticia e inequidad que prevalecen entre nosotros, pero no por ello considero justificables las prácticas políticas que promueven mayor discordia y enemistad entre los ciudadanos. La condena inhibe la capacidad del señalado para defenderse o responder a las acusaciones, reduciéndolo a una condición de exiliado dentro del cuerpo político.

Las políticas del resentimiento intentan consolidarse como virtuosas, pero no lo son porque implican hostilidad y venganza entre las partes. En cambio, un gobierno virtuoso promueve conciliación y concordia, reúne y convoca para hacer posibles la participación y el acuerdo armoniosos, a pesar de las diferencias.

Para responder a lo que me pregunté al inicio de esta reflexión, diría que la práctica del diálogo en el espacio público cobra sentido cuando nos damos cuenta de que la paz no se sostiene sin la búsqueda activa de conciliación y concordia. Que dada la mutabilidad y el carácter frágil de los consensos de justicia y libertad, no podemos permitir que el rencor y el resentimiento prevalezcan sino hacer todo lo que esté a nuestro alcance para acercarnos a quienes son diferentes a nosotros.

Nardo.

 

Bufón moreno

Pueblo: conjunto de personas que viven en una región o país determinado.

Empiezo con esta definición porque me parece importante reconocer que se trata de un término generoso, es decir, incluyente. Sin embargo, existen individuos miserables y ruines que privan a la palabra de su contenido abierto y universal al politizarla, con el propósito de lucirse y atraer los favores del poder. Por esa razón quiero traer a colación la figura del bufón. Éste se trata de un payaso que se exhibe a sí mismo como un agente aparentemente sabiondo pero sarcástico. Se mofa, haciendo uso de la ironía y de una supuesta agudeza de pensamiento, de tener la capacidad de desacreditar a quienes difieren de su manera de pensar. Su carácter cómico y su apego a la ideología en el poder lo vuelve seductor de multitudes acríticas, por lo que acaba complaciéndolas. Así, ese bufón se supone a sí mismo ganador y por lo tanto superior y dueño, aparentemente, de la verdad.

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Buffon, William Merritt Chase

En México existe un tipo de bufón al que yo añadiría el calificativo de moreno. El bufón moreno es este personaje de la vida pública que se siente capacitado por el consenso de las mayorías para desacreditar con la burla y su supuesta agudeza a quienes disienten o difieren de la opinión de los que están en el poder. Asume una superioridad moral e intelectual para imponer sentencias condenatorias e inventar enemigos. Este bufón es también un populista que se erige a sí mismo como defensor del pueblo, pero en realidad lo desprecia. Lo desprecia porque lo piensa siempre ajeno y distinto a él, porque lo suplanta hablando por él y lo considera una masa informe sin capacidad de expresión propia, porque le atribuye inferioridad pretendiendo reivindicarlo. Divide a la sociedad entre los que son privilegiados, como extranjeros y blancos, y aquellos que forman parte del pueblo marginado y moreno, aunque en realidad ambos grupos forman parte del mismo cuerpo social como se define al principio. Y puesto que defiende a un presidente que es del partido moreno, considera que a éste no se le puede criticar si el disidente es blanco.

A este paso lo que podemos lograr es que los bufones morenos se multipliquen y se sientan cada vez más autorizados a dictar cómo se debe actuar y pensar, como lo hacían los comisarios del pueblo en los regímenes comunistas en Europa Central y del Este, generando así mayor discordia, ejercicio del poder absoluto, imposición de un pensamiento y censura de la libertad de expresión.

Nardo.

 

Propaganda

Estos los últimos meses hemos podido presenciar en México un cambio de gobierno que trajo consigo la promesa de una transformación, para dejar atrás todos los vicios públicos del pasado. Se presentó como la esperanza del pueblo.

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El hombre controlador del universo, mural de Diego Rivera dentro del Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México, México. 

Para alimentar y nutrir esa esperanza hemos visto que se ha desplegado un programa de propaganda política, social y económica. Éste se ha caracterizado por dividir a la opinión entre quienes son amigos y enemigos de la nación, a través de una descripción y categorización de conductas en correctas e incorrectas. Por otro lado, éste busca convencer a la población de que es necesario no comportarse como el enemigo, culpable de todos los problemas que hoy padecemos. A través de la repetición obsesiva de unas cuantas expresiones genera un adoctrinamiento que condiciona las respuestas de la población, pues lo que se repite incansablemente acaba por convertirse en una verdad compartida. Por si fuera poco, se usa y abusa de las figuras históricas convirtiendo a personajes diametralmente distintos del siglo XIX y XX en partidarios forzados de la ideología del gobierno en el poder.

Hay experiencias históricas con las que vivieron por tantos años países en Europa Central y del Este, en Latinoamérica y en Asia, en los que tales prácticas sólo llevaron a coartar la libertad de los individuos, provocar desastres económicos y largos años de sufrimiento para poder corregir los errores a los que éstas les condujeron.

Nardo.

 

Sobre los océanos de plástico

Hace unos meses leí en un periódico que una universidad europea realizó un estudio en el que encontraron microplásticos en las heces fecales de los humanos examinados. Curioso, ya no sólo respiramos un aire altamente contaminado sino que defecamos plástico. ¿Qué estamos haciendo con nuestro planeta y hacia dónde queremos llegar nosotros con esto?

Ayer me invitaron a una plática sobre el plástico en el Océano. La ponente que trabaja en la fundación Plastic Oceans nos dio datos duros sobre la situación de emergencia en la que nos encontramos. En las últimas décadas se ha producido más plástico que en todo el siglo anterior. Mi mente se transportó al supermercado, a los consumidores que utilizan una bolsa para meter un solo aguacate o dos tomates, pensé en todos los recipientes de plástico que se usan para llevar la comida a domicilio, en el que se desecha en cada vuelo internacional. En fin, la conclusión en mi mente tras esta serie de imágenes devastadoras y decepcionantes, fue que la búsqueda de esa comodidad y eficiencia nos ha llevado a producir más de lo que es sano para nuestro ecosistema. Nos hemos educado mal, nos hemos acostumbrado a producir lo que nos va a matar.

El mecanismo de cómo llega el plástico al océano es el siguiente. Nosotros lo utilizamos una sola vez y lo desechamos sin importarnos a dónde se va. Eso se lo lleva el camión de la basura y no lo volvemos a ver nunca (aparentemente). Lo que no se pepena, reutiliza o recicla, se va en grandes cargamentos a las islas de basura que se encuentran en los océanos. Hay islas de basura que pueden llegar a ser del tamaño de países enteros. El plástico en el mar se va desintegrando debido a los rayos ultravioleta del sol y la sal, creándose partículas microscópicas que se comen los peces. En resumen, nosotros comemos peces carajo, y también comemos plástico ahora. Somos la única especie que no contribuye naturalmente a preservar su ecosistema, a diferencia de las plantas, fauna y otros que cumplen su función sin provocarse su autodestrucción.

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Stop! Foto de Nardo, Técnica: Plástico recolectado en la playa sobre lienzo de arena natural en Mermejita, Oaxaca.

Sin embargo, seguimos usando popotes, vasos y platos de plástico desechable, buscando la comodidad en pedir comida a domicilio y comprando botellas de plástico de 250 o 500 ml que nunca desaparecerán de nuestro planeta y que nos vamos a terminar por tragar en peces contaminados. ¿Y a quién le importa esto? A las empresas que producen plástico no y a los individuos que ocupan los sitios de poder tampoco. ¿A quién debe importarle? A nosotros en lo cotidiano. ¿Qué podemos hacer? Hablar un lenguaje diferente en nuestras acciones diarias. Con amabilidad, informar sobre esto y generar conciencia. Si tienen hijos, enseñarles a amar su planeta, a pensar en los animales, las plantas y a amarse a sí mismos. El error más grande que cometimos fue pensar que al tirar el plástico en la basura, nunca lo volveríamos a ver. Ahora el plástico está adentro de nosotros, mutándonos y matándonos lentamente. Ya tenemos un planeta enfermo y ya estamos enfermos. ¿Qué hacer? Entrar en tratamiento colectivo, hacer lo que se pueda hacer a partir de ahora, estemos mal o de la chingada. ¿Qué necesitamos para ello? Que cambiemos estructuralmente, que a nuestros niños les enseñemos lo que no nos enseñaron bien a nosotros, que nos detengamos, que no consumamos lo que no necesitamos, que sepamos medir bien el impacto de nuestros actos y que exijamos una agenda sustentable y ecológica a nuestros gobiernos locales y poco a poco escale a los gobiernos nacionales. Esto debe contagiarse si queremos sobrevivir.

No dejemos que el cinismo nos convierta en seres indiferentes y apáticos, no dejemos que esta situación nos haga doblarnos de rodillas. Yo amo este planeta y amo la naturaleza y las plantas y los animales, el mar y el bosque. Yo quiero ser un agente de cambio y quiero compartir esto. Quiero que nos curemos y curemos este planeta con nuestros buenos hábitos, con la capacidad que tenemos de ser virtuosos. No hay corrección que no cueste, mejorar siempre representa un reto, pero creo que vale la pena. Les ruego que cooperemos y seamos amables.

Nardo