La vida después de Facebook

Autora invitada: Olivia Serrano

Como cualquier persona viviendo en el siglo XXI, yo era una adicta a las redes sociales. Las redes sociales hoy en día no distinguen edad, género o condición social. La gran mayoría de la población tiene cuenta en, por lo menos, una. Yo era de las que tenía Facebook, Instagram y Twitter. Y no solo las tenía, sino que era verdaderamente adicta a ellas. Era muy activa, subía fotos, comentarios, historias, compartía artículos, videos y desde luego, stalkeaba a la gente y me pasaba muchas horas al día solo navegando en los news feed. Así estuve desde el 2008 que me di de alta en Facebook, 2011 en Twitter y 2012 en Instagram. Y un buen día del 2018, por una crisis existencial que tuve decidí borrar permanentemente mi cuenta de Facebook y dos días después, la de Instagram. Conviene mencionar que este artículo no es sobre las razones que me llevaron a borrarlas sino sobre los aprendizajes y descubrimientos que he ido teniendo después de ello.

Mi primera sensación fue de miedo. Mientras ingresaba a las pestañas de “eliminar cuenta” en repetidas ocasiones salía un pop-up preguntando si estaba segura de eliminar permanentemente la cuenta resaltando el hecho de que toda la información se perdería para siempre y que sería borrada del mapa absolutamente. La radicalidad asusta. Tan así, que en ambas plataformas después de esa pregunta venía la opción de “desactivar la cuenta” para poderla activar en cualquier momento. Pero mi orgullo hablaba por dentro diciendo “o todo o nada”. Consecuentemente, opté por la nada muerta de miedo. Todas mis fotos, todos mis followers, toda mi historia, desaparecería inevitablemente.  ¿Y si necesito alguna foto antigua? ¿Y si el amor de mi vida me busca por redes sociales para contactarme y ser felices para siempre? ¿Y si necesito pedir recomendaciones o poner un anuncio? Todo esto pensaba mientras seleccionaba la opción “sí, estoy segura de eliminar la cuenta permanentemente”. Y pues nada, ya está hecho. Ya no hay vuelta atrás. De un minuto a otro mi presencia en la socialité del ciberespacio se esfumó y con ella, el miedo que me dominaba.

Inmediatamente después sentí una liberación extraña. Extraña porque no era precisamente la sensación de haber sido libre después de haber estado esclavizada. Sino que no pasó absolutamente nada, no cambió nada, no explotó ninguna bomba ni colapsó mi celular. Fue como haber bajado del mundo virtual al mundo real y darme cuenta de que son, de hecho, mundos completamente distintos pues lo que era importante allá, no lo era aquí y no dejé de “ser” por dejar de “ser” allá.

Luego tuve la imperiosa necesidad de avisarle a todos mis amigos y familia que no me fueran a buscar por esos medios, por el miedo, nuevamente, a quedarme sin ser parte de las noticias. Pero resulta que con ninguno de ellos hablaba realmente por ahí así que tampoco les afectaba mi decisión. Sin embargo, algunos comentarios me hicieron reflexionar como, por ejemplo, los de mis papás pues lo único que pidieron es que a ellos les siguiera mandando fotos de mi vida ya que irónicamente quienes más me importa que sepan de ella solo estaban teniendo noticias por una plataforma y no directamente por mí. En este sentido me pregunté, ¿y entonces para quién eran todas las fotos e historias que subí si no para los más importantes para mí? A lo que puede haber dos opciones: para todos mis followers o para mí misma. Lo primero, en realidad solo tiene sentido si se recibe algún tipo de retroalimentación –likes– de esos followers porque sin ella, ni siquiera se sabe si lo vieron ni que reacción tuvieron. Y al final, esa retroalimentación, ¡solo era para mí misma! ¡Qué poderoso puede ser el ego que me esforzaba tanto para que mis publicaciones mostraran una perfección que me diera la aceptación y el reconocimiento de la comunidad cibernauta! Desde luego que, con este sistema en lo último que se es capaz de pensar es en quienes verdaderamente te importan porque solo importa uno mismo.

Por otro lado, y después de estas primeras reflexiones, empecé a crearme algunas expectativas de los beneficios que tendría el haber desaparecido del mapa. Concretamente, estaba ansiosa por descubrir a mis verdaderos amigos pues solo quienes me buscaran personalmente y a quienes yo quisiera, a su vez, buscar, serían considerados los únicos y verdaderos amigos. Esto puede tener una parte de verdad, pero también hay que situarse en la época en la que vivimos. Es innegable que las relaciones humanas ya están mayoritariamente mediadas por las redes sociales y que el contacto sea por esos medios tampoco es indicio de que todo es falso. Pero sí es verdad que, si algo me requiere un poco más de esfuerzo, seguramente es porque para mí vale la pena y esto se nota aun teniendo redes sociales. A muchos kilómetros de distancia no voy a dejar de llamarle a mi mejor amiga para saber cómo está, es verdad que tendré el último dato de dónde estuvo, pero me faltará saber si se la pasó bien o no en ese viaje y eso solo puede resolverse con el contacto directo, lo que me confiere una gran responsabilidad. Comprobar la veracidad amistad será tarea de todos los implicados. De cualquier modo, hay mucha gente en el universo de los que “no hablamos pero me da gusto saber de ti” y ahí sí que se perderá el contacto. Ni modo, habrá que aceptar las consecuencias del acto. Y muchos otros tantos que ni hablamos ni me importan y que, en ese caso, ¿por qué nos manteníamos conectados? Interrogantes que algún día espero resolver.

Conforme han ido pasando los días, he descubierto otro cambio en mi comportamiento: tomo muchas menos fotos y videos que antes. El paisaje otoñal por el que paso todos los días, la reunión con mis amigos, el encendido del árbol de Navidad, el vino de la cena… Siguen estando ahí y sigo disfrutando de ello, nada ha cambiado. Así pues, reflexiono dos cosas. La primera es que he podido discriminar con libertad a lo que vale la pena tomarle fotos porque ahora solo es para mí o mis más cercanos, entonces ¿realmente la vista de mi camino a casa es algo que quiero recordar, guardar o compartir con alguien? Si no es así, no es necesario detenerme a tomar la foto pero sí que podría detenerme a contemplar el paisaje, podría detenerme a vivir la realidad. Y esta es la segunda reflexión. ¿Cuántas cosas me habré perdido de poder contemplar a fondo por haber estado eligiendo el filtro perfecto para la foto, cuántas conversaciones interrumpidas para hacer un boomerang de las copas de vino, cuánto habré disfrutado realmente la tarde de café y libros? Bueno, tampoco pasa nada por hacerlo pero sin duda alguna he descubierto la autenticidad de mis sentimientos cuando no hay más fin que el vivir.

Queda todavía un camino largo, será un proceso de duelo en toda regla y también vendrán momentos de arrepentimiento y altas expectativas del impacto positivo que tenga esto en, por ejemplo, mi productividad. No obstante, sí quisiera poner de manifiesto que de ningún modo hace falta ser tan radical y salirse de todas las redes sociales, pero si esta experiencia sirve para replantearnos el uso que hacemos de ellas, ya es ganancia. Y así, ojalá que no perdamos más de lo que creemos ganar, ojalá que no olvidemos a quienes más nos importan, ojalá que las fotos que tomemos muestren realmente lo que somos y no lo que quisiéramos ser, ojalá que descubramos la vida que hay después de Facebook.

 

NOTA: Conservé Twitter por considerarla de otra naturaleza así que dejo a su disposición mi cuenta para no estar completamente ilocalizable: @OliviaSerraNu

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El (des)amor en los tiempos del sismo

Autor invitado: Iván Monzalvo

@aiihMonzalvo

Todos tenemos una historia con el sismo 19s. Como cada experiencia fue particular, la historias son únicas, ninguna es igual. Hay de todos los tipos; graciosas, divertidas, impresionantes, dolorosas. Además de las que ya todos conocemos, como la de Frida, la heroína de cuatro patas, o la de la otra Frida, la niña fantasma, hay otras tantas que merecen la pena ser contadas, como la del cirujano que se decidió continuar la cirugía en pleno sismo, o la del señor que fue de los llamados niños milagro del 85, porque habían quedado enterrados en los escombros durante algunos días, quedó atrapado en los escombros tras el 19s y volvió a sobrevivir.

Hay muchas historias, algunas reales, otras falsas, muchas conocidas y otras de las que jamás escucharemos. Hay unas de valentía, otras de amor, otras de coraje, y mil cosas más. La mía es de desamor.

Esta es mi historia sobre cómo viví el 19s.

Semanas antes comencé a salir con la chava que me movía el tapete desde que yo era AJEF. Nos conocíamos desde entonces pero nunca nos hablamos, sino hasta unas semanas antes del 19s.

Todo fue tan rápido, en realidad.

En ese momento ella atravesaba por una dura ruptura. Yo había caído en una terrible monotonía en mi antiguo empleo en el banco, pero recién había sido aceptado en la especialidad.

Coincidimos en un momento en el que ambos nos necesitábamos.

Pero con esa misma facilidad y a la misma velocidad con la que nos encontramos y nos quisimos, también todo acabó; fue una historia de amor exprés.

Después del 15 de septiembre tuvimos una discusión que no pudimos superar.

No nos hablamos sino hasta el 18 de septiembre, pero sólo para agendar una cita al día siguiente para platicar.

Ambos sabíamos que el 19 todo iba a terminar. Ya estaba escrito.

Recuerdo que nos quedamos de ver a la 1 afuera de su oficina. Trabajábamos muy cerca, a unos 15 minutos caminando. Mi oficina estaba en Mixcoac 108, y ella trabajaba en Torre Diamante en Insurgentes.

Resignado, llegué a su oficina. Ella demoró en bajar.

Nos saludamos con frialdad. No recuerdo qué usábamos, pero sí que ella traía una muleta porque se había lastimado la rodilla. Íbamos a ir a la pizzería que estaba frente a su edificio. Ahí acabaría todo.

No hablamos nada en los pocos pasos que hay de su oficina a la pizzería, y justo al llegar nos detuvimos. Era nuestra última oportunidad para retractarnos. Yo no quería entrar porque sabía que ese era el final. Ella lo dudó un momento porque también lo sabía, pero instantes después, con firmeza iba a subir el primer escalón de la entrada.

Ese paso lo vi en cámara lenta. Rogaba porque pasara lo que fuera porque ella no terminara de dar ese paso.

Justo cuando puso un pie, la tierra se sacudió.

Les juro que fue así de dramático como se los cuento.

Poco después sonó lo alarma, se cayeron algunos postes, el metrobús se salió de su carril y provocó algunos accidentes, enormes contingentes de gente comenzaron a salir de los edificios, las personas gritaban, lloraban, oraban. El caos no tardó en llegar.

Me quedé estupefacto. No lo podía creer.

Ella, aunque con miedo, se mantuvo serena.

No supimos qué hacer, pero por la forma en que nos abrazamos, creímos que estaríamos juntos mucho tiempo más. Pero no fue así.

Fuimos a su oficina por sus cosas, y después a la mía por las mías y por el carro. Camino a su casa nos hicimos 3 horas, en un trayecto que normalmente es de 40 minutos, de Insurgentes a la Condesa.

En el radio veníamos oyendo cómo muchos edificios en la Roma habían colapsado. Y al mirar por las ventanas del carro comprobábamos el desastre.

Cuando en el radio dijeron que el epicentro tuvo lugar en Morelos, ella rompió en llanto porque su papá estaba allá.

Todo era incertidumbre. Todo menos nosotros, lo nuestro. Pero no por mucho.

Días después, ella se entregó en cuerpo y alma en labores de reconstrucción. Incluso se fue a otros estados para continuar con ese trabajo, y renunció a una prometedora carrera en la Agencia Espacial Mexicana para ayudar.

Mientras yo sólo intentaba recobrar mi vida.

Ella me insistía mucho en que renunciara para que levantáramos juntos a la ciudad, pero yo, en un acto de cobardía, que en su momento pensé que era responsabilidad, decidí volver al banco. Lo dijo con toda franqueza: el banco es un cáncer en tu vida, Iván.

Ella no toleró mi tibieza y terminamos separándonos, y de hecho no quedamos en los mejores términos.

Varios días después la busqué para intentar solucionarlo, pero mi intento no pasó más que de una jornada conjunta para transportar víveres. Hasta ahora nos vemos y no nos hablamos.

Pero después de una larga serie de reflexiones personales, y algunas otras condiciones, hacia finales del año pasado, recordándola y gracias a ella, me atreví a renunciar al banco, y tal parece que ella siempre tuvo razón; al parecer era un cáncer en mi vida, pues desde ese momento todo me ha salido bien.

Por eso decidí hacer mi investigación final de la especialidad sobre el rumbo de la reconstrucción tras el 19s, y dedicársela.

Así es como se vive el (des)amor en los tiempos del sismo.

¿Ustedes cómo lo vivieron? ¿Cuáles son sus historias?

Selección de Poemas

Autor invitado: Jairo

Los adictos al dolor

 Fue compartiendo historias de amor que nos conocimos,

desnudando no el cuerpo sino el alma,

no lo maquillado, sino lo magullado,

lo que el mundo pisoteó,

ahí el alma a los brazos reconoció.

 

Abrir un alma, para encajar, cual rompecabeza,

el chiste es entenderle al juego de cada una,

y no hay para alguna, que el dolor, no sea ranura.

 

Miserables seres humanos, parecidos, paridos en dolor.

Esa necesidad de olvidar el propio yo en el otro extraño,

sea su carne, sean sus bajas, su dolor o sus migajas,

es lo que muchos llaman necesidad de amor.

 

En los huesos, en la carne, en el frío y en la piel se siente,

para entenderlo, arráncalo a lo profundo, donde ya no miente.

Meter la mano en lo chamuscado, lo ennegrecido, lo escondido.

Lo que sólo hacen los adictos al dolor,

para ellos el dolor nunca se va,

quizá por uno, por los otros, por el mundo;

por la miseria ajena o la propia…no se va.

Se cambia, se acopla a la piel, a las ideas,

a la sequía y a las mareas,

de las almas molidas, de gentes dolidas.

 

 

  Tus manos

 Manos que esperan, que escuchan.

Manos que trabajan, que lloraron.

Manos pacientes, comprometidas.

Mis manos dispuestas a unirse,

a tus años, a tus arrugas, a tus sueños,

a tu cansancio, a tus motivos, a tu silencio.

 

Manos que aguantan, ¡qué modo!

que no se asustan, que amagan;

manos que curan, que con todo

y a pesar de todo, siempre luchan.

 

Un chasquido con jazz,

una caricia que avanza,

en la manga escondiendo el as.

 

Y así los amores vanos,

es placer, lo que mide la balanza,

quisiera ofrecerte con los años,

no una pared, una esperanza.

 

Te doy la mano para ayudarte,

para que tú a mí me ayudes.

Te tiendo la mano, para besarte,

te hago un poema, para que me ames.

 

 

Soledad

 Se te impregna en la mente,

en el corazón y en el alma,

como la escarcha del alba,

te toma y te somete.

 

Como los vecinos de arriba,

queriendo ser paciente,

pero con la vida destruida,

así ni el mismo sueño descansa.

 

La recuerdas sólo de noche,

cerrada la puerta, felices

las cobijas, les hacen el amor

cada noche, por miedo y reproche.

 

Ni la más grande heredad,

de ella te consuela o salva,

no deja de doler, es perra,

te succiona la puta soledad.

               

                              

Para que no haya ni una más

Esta vez sí que sentí la tragedia de Mara como la propia. No es que fuera novedad, ni una realidad más desgarradora, más cruel, más animal que cualquiera de las otras. Siempre ha sido así. Pero ahora –y me avergüenza reconocer que sólo hasta ahora me haya calado tanto- el contexto no pudo ser menos ajeno. Pudo ser mi hermana, pudo ser cualquiera de mis amigas o mis primas. Pude haber sido yo. Todos los días podría ser yo.

Porque ciertamente, las mujeres hemos tomado espacios en la vida pública, gracias a –y no a pesar de, como los retrógradas insisten en pensar- la historia y a la lucha de tantas mujeres de nuestro pasado. Es resultado de esta lucha que, apenas en pleno siglo XXI, las mujeres hemos logrado que se nos reconozca la dignidad inherente a todo ser humano, y por lo tanto nuestros derechos. Es decir, ahora se comprende que se nos deben de respetar y garantizar desde los más básicos, cómo el derecho a la vida y a la integridad personal, hasta nuestros derechos económicos, sociales, culturales y políticos.

Lástima que nuestros derechos están lejos de ser respetados y garantizados. El valor de la vida de las mujeres sigue siendo cuestionado, por lo que nos matan sin pensarlo dos veces y las consecuencias para los autores e involucrados siguen siendo mediocres a lo mucho; nuestro cuerpo y nuestra mente son vistas desde un punto sexualizado, por lo que constantemente somos sometidas a violaciones, abusos y acosos. Aunado a esto, nuestra opinión sigue siendo relegada; nuestras palabras, interrumpidas; nuestra participación, limitada; nuestras funciones sociales y capacidades personales, estereotipadas; nuestro cuerpo, sexualizado; nuestra autonomía, obstruida o señalada.

Porque innegablemente persiste una cultura machista de milenios atrás basada en valores dados a elementos biológicos, plagada de estereotipos de género. Prevalece y la seguimos nutriendo cotidianamente con nuestro lenguaje y nuestro actuar. No somos del todo capaces de verla, comprenderla, de-construirla y arrancarla. Todos en esta sociedad somos parte de esta cultura, de su prevalencia y sus consecuencias, ya sea por deliberación, por indiferencia, o por negligencia y complicidad.

En este contexto, la lucha feminista es y seguirá siendo necesaria, porque, no hay mayor evidencia que, de otro modo, las mujeres logremos sobrevivir, y sobretodo vivir dignamente. Por favor, no la minimicen, no la dejen en segundo plano, no la conviertan en objeto de burla. No usen el término “feminazi”. Es inválido, injusto e indignante; es una ofensa garrafal contra todas las víctimas de la historia de la misoginia: discriminadas, inferiorizadas, abusadas, desaparecidas, asesinadas. Es una ofensa para todas las mujeres que, por el simple hecho de serlo, somos vulnerables en cualquier momento y en cualquier lugar.

Mientras no logremos cambiar nuestra cultura machista, cualquier agresión contra una mujer, por el hecho de ser mujer, permanecerá justificada. Cuestionemos nuestras actitudes, re-eduquémonos, hagamos conscientes a todos cuantos nos rodean y no permitamos ningún tipo de violencia, específicamente contra la mujer.

Hoy el asesinato de Mara nos sirve de madrazo colectivo, ridiculiza nuestra estúpida ceguera, pide a gritos un nuevo contrato social (que por fortuna muchos están dispuestos a reescribir) y exige vehementemente no quedarnos en la indignación. Mujeres, no permitamos que den marcha atrás nuestros derechos y dejemos de normalizar el vivir con miedo; contribuyamos activamente a desarraigar las ideas que nos matan (literalmente o no) y, sobretodo, démonos la mano hoy y siempre.

Que la tragedia de Mara, traiga un giro definitivo a esta constante historia de terror. Que todos y todas, a nuestro modo, tomemos parte en esta lucha imprescindible. Que no haya ni una más.

Paola Lira

Diario de un guerrero: una batalla por la vida

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Escrito por: María José López García

Todos conocemos a una persona excepcional. Alguien cuya historia nos asombra y nos marca un parámetro al cual aspiramos llegar. Un ser que nos parece de otro mundo, que nos sensibiliza y que, sin buscarlo, se convierte en una fuente de inspiración. Una persona capaz de enseñar a los demás a través de la actitud con que asume lo que la vida le ponga enfrente.

Soy afortunada porque tuve el privilegio de conocer a una persona excepcional. Conocí al Gran Lalolópez: un esposo, un padre, un hermano, un primo, un tío, un amigo, un publicista, un jefe y un maestro fuera de serie, como ningún otro… inspirador.

Lalo es, fue y siempre será uno de los más grandes guerreros en la batalla por la vida. Un guerrero incansable y tenaz (terco) que creía que “la vida no se trata de alargarla, sino de ensancharla” y que, viviendo de acuerdo a sus convicciones, logró ensanchar lo más que pudo la suya.

18 de junio del 2013. Un día que comenzó como otro cualquiera, pero que traería consigo una noticia con el poder de cambiar la vida de Lalo por completo y para siempre: cáncer de colon con metástasis en el hígado y un pronóstico de pocos meses de vida. Estaba ante uno de los escenarios más terribles del cáncer, pero él sabía que “siempre tenemos una elección” y no dejaría que ningún cáncer cambiara eso. Le haría frente a su enemigo para no dejarse vencer.

En tiempo récord y sólo dos días después del diagnóstico, Lalo empezó la primera de sus incontables quimioterapias y para prepararse mejor para su lucha hacia la sanación total, diseñó una estrategia con tres objetivos principales:

1) Detener el crecimiento de la enfermedad con las quimioterapias,

2) Fortalecer el cuerpo cambiando su dieta y retomando el ejercicio y

3) Fortalecer mente y espíritu mediante la meditación y la programación mental que le permitirían visualizar su sistema inmunológico como algo poderoso e invencible (un ejército de Jedis) y a la enfermedad como algo débil, confundido y fácil de vencer (Storm Troopers).

Lalolópez nos enseñó a vivir esta lucha de manera divertida. La palabra “cáncer” dejó de darnos escalofríos cuando la renombró como “piscis”, un signo mucho más amigable. Nos hizo parte de esta aventura en la que gozamos todas las altas y dijimos “chale” con él en todas las bajas.

Lalo también decía que “lo único que te puedes exigir en la vida es hacerlo lo mejor que puedas”, y nos lo demostró al alcanzar la mejor versión de sí mismo. Afrontó la adversidad como sólo lo hacen las personas excepcionales y, aún durante sus propios tratamientos, ayudó a cuantos pudo. Creó la carrera del Pandatón con una mecánica diferente a todas, donde no existe una distancia predeterminada y en la que, desde el 2015, los kilómetros recorridos ayudan a otras personas en su lucha contra el cáncer.

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Lalo López en el Pandatón 2016

Soy testigo de que Lalo luchó hasta el último momento y, lo más importante de todo, ganó. No aceptó el pronóstico de que le quedaban sólo tres meses y continuó ensanchando su vida por más de tres años y medio. Logró crear un escuadrón de apoyo unido y nos dejó la filosofía de vida más bonita. Y aunque no puedo evitar sentirme inmensamente triste por su partida, sé que algún día lo volveré a ver. Mientras tanto, puedo hacerle la promesa de vivir día a día como él nos enseñó.

Si no conociste a Lalolópez, te recomiendo leer su blog “Diario de un Guerrero” (www.diariodeunguerrero.tumblr.com) donde cuenta su lucha de una manera única y muy divertida. Te aseguro que no pararás de leerlo hasta terminar la última página.

El mundo necesita más personas excepcionales. Si en tu vida existe una persona como Lalolópez, siéntete afortunado/a porque son quienes más lecciones importantes nos dejan. Si aún no conoces a nadie así, no te desanimes, quizá sea tiempo de que seas tú otro Lalolópez.

Gracias infinitas, Lalo.

 

 

Tengamos perspectiva histórica, esto no es nuevo

Difícil conciliar el sueño antenoche cuando una pesadilla se estaba volviendo realidad: Donald Trump, presidente electo. Por otro lado, mi día había terminado de manera maravillosa. Muchas emociones. Pensaba, ¿por qué? ¿por qué elegir el racismo, sexismo, clasismo, egoísmo en lugar de elegir la continuación de la búsqueda por la igualdad y la libertad?

Estoy esbozando aquí opiniones basadas en información, pueden resultar correctas, o pueden resultar equivocadas, y están destinadas a desafiar y ser parte de un diálogo más amplio.

Mi teoría es que la perspectiva de la mayoría de los pueblos de la historia se limita a la experiencia comunicada por sus padres y abuelos, por lo que 50-100 años. Para ir más allá de eso hay que leer, estudiar y aprender a desenmarañar la propaganda que es inevitable en todos los relatos de la historia. En pocas palabras, en la universidad fallaría un papel si no comparara al menos dos, si no tres opiniones opuestas sobre un tema. Por lo tanto, alejándonos, los humanos tenemos el hábito de entrar en fases de destrucción masiva, generalmente autoimpuesta hasta cierto punto u otro. Estoy interesada en la Muerte Negra, que devastó Europa.Para aquellos en medio de la plaga debe haberse sentido como el fin del mundo.

Pero una característica definitoria de los seres humanos es su resiliencia. Para nosotros ahora parece obvio que sobrevivimos a la plaga, pero a la gente en ese momento debe haberle parecido increíble que su sociedad continuó después. De hecho, muchos asumen que la Muerte Negra tuvo un impacto positivo en el largo plazo. La trágica despoblación creó la escasez de trabajadores. Esta escasez hizo subir los salarios. Los precios de los productos también cayeron. En consecuencia, aumentaron los niveles de vida.

Pero para las personas que la vivieron debe haber sido inconcebible que los seres humanos pudieran levantarse de ella. Tal como ocurrió en el colapso del Imperio Romano, la Muerte Negra, la Inquisición española, la Guerra de los Treinta Años, la Guerra Civil Inglesa … es una larga lista. Eventos de destrucción masiva de los cuales la humanidad se recuperó y se movió, a menudo en mejor forma.

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Más tarde, para los historiadores todo tiene sentido y ven claramente cómo una cosa llevó a otra. La batalla de Somme fue resultado directo del asesinato de un archiduque austríaco en Bosnia. Dudo mucho que en aquel momento alguien pensara que el asesinato de un rey europeo daría lugar a la muerte de 17 millones de personas.
Mi punto es que este es un ciclo. Sucede una y otra vez, pero como la mayoría de las personas sólo tienen una perspectiva histórica de 50-100 años, no ven que está sucediendo de nuevo. A medida que se desarrollaban los acontecimientos que dieron lugar a la Primera Guerra Mundial, hubo algunas mentes brillantes que empezaron a advertir que algo terrible venía en camino, pero fueron despedidos como histéricos o tontos.

La gente busca chivos expiatorios, un líder capta el estado de ánimo popular, y escoge a ese chivo expiatorio. Él habla con una determinada retórica y los tambores de la cólera y del odio son la música de fondo. Pero en ese momento la gente no se da cuenta de que se está embarcando en una ruta que conducirá a un período de destrucción. Este ciclo parece estar sucediendo de nuevo. Pero como antes, la gente que lo votó no puede verlo porque:
1. Sólo miran el presente, no el pasado o el futuro.
2. Ellos sólo están mirando de inmediato a su alrededor, no en cómo los eventos se conectan a nivel mundial.
3. No están abiertos a escuchar opiniones opuestas.

Trump está haciendo esto en América. Él está usando la pasión, la ira y la retórica de la misma manera que todos sus predecesores hicieron, un narcisista carismático que se alimenta de la multitud para ser cada vez más fuerte. El punto más relevante es que la historia generalmente juega de la misma manera cada vez que alguien como él se convierte en el jefe.

¿Qué podemos hacer? Debemos tener cuidado de no dividirnos y contrarrestar los mensajes populistas de pasión e ira con nuevos mensajes. Necesitamos entender y usar los medios sociales. Necesitamos aprovechar un miedo diferente. El temor de otra guerra mundial casi paró la Segunda Guerra Mundial, pero no lo hizo. Recordemos que vivir en democracias significa tener esperanza de que un cambio siempre es posible. Es vital esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción.

Alguien, que como muchos de ustedes, tiene fe en un mundo mejor.

Un mundo discapacitado

“La certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve”.

Me asombra. Es lo primero que pensé al escuchar las palabras de la mujer que estaba sentada detrás de mi en aquel café. Ella platicaba con sus amigas acerca del gran logro que había conseguido Pablo Pineda, un joven con síndrome Down, el primero en Europa que obtiene un título universitario. A sus 37 años ya es licenciado en magisterio y le quedan cuatro asignaturas para conseguir una segunda titulación en pedagogía, dijo en una entrevista a BBC mundo.

Lo anterior hace que retumben en mi cabeza un montón de ideas a cerca del mundo en el que vivimos, de la falta de compromiso como entes de una misma sociedad y el tan marcado desinterés de lo que sucede a nuestro alrededor. Creo que las personas debemos evolucionar; algunos estúpidamente creen que “evolucionar” significa obtener más riqueza, poder o atención. No, evolucionar es madurar, crecer en virtudes, abrir los propios horizontes, dejarte llevar, no estancarte en las ideas que se tienen de siglos atrás sin sentido, función o propósito alguno.

Creo que no existen personas discapacitadas, sino personas con capacidades distintas; es ahí donde encaja mi idea de evolucionar, de dar el siguiente paso en esta sociedad tan conformista y rezagada. Hoy en día las personas con síndrome Down todavía son tratadas como niños, las personas en la calle se escandalizan al verlos caminar solos, sin ninguna “protección”, los padres a sus 30 años los siguen vistiendo infantilmente, les dan de comer en la boca, los bañan, cambian, en fin, los convierten en individuos total y absolutamente dependientes. Las escuelas no los aceptan porque están por debajo de la media y, contrario a esto, son marginados y encadenados a vivir en un mundo en el que sólo los involucre a ellos mismos, un mundo paralelo al nuestro.

Los gobiernos y los medios de comunicación adoptan la postura de conformismo, y llenan los periódicos y noticias con títulos como “un caso excepcional”, ¡que frustrante!, como menciona el mismísimo Pablo. Una justificación totalmente evidente de parte de quienes llevan las riendas de los países, para no avanzar, para no superar esas barreras que ellos mismos imponen, para seguir siendo mediocres, porque.. ¿qué tanto puede importar alguien con síndrome Down?, si ellos ni cuenta se dan de lo que sucede fuera de su micromundo. Lo importante de todo esto no es lo que Pablo logró, no es que hizo una película, que tiene uno o dos títulos o que actualmente el mundo lo conoce, sino que todo esto es posible, que se puede, que es necesario y sumamente esencial. Se trata de salir de los estándares que nos han impuesto toda la vida, que nuestra existencia en esta vida perdure por lo que generemos, por lo que heredamos a los demás, a los que vienen después de nosotros.

Creo que los padres con hijos afectados por este síndrome deben ser educados respecto a la enseñanza que deben inculcar y de que manera hacerlo, deben creer y luchar porque su hijo o hija sea capaz de vivir de manera independiente. Estos padres deben aprender a confiar en sus posibilidades y a partir de ahí enseñarles todo cuanto puedan, estimularlos al máximo sin poner límites a priori. Los que vivimos alrededor de ellos, tenemos que dejar de actuar como almas bondadosas que sienten lástima o ternura al verlos y comenzar a tratarlos como cualquiera de nosotros, comenzar a adentrarlos en este, el mundo de todos. Me parece que los medios de comunicación deben dejar de ser tan amarillistas y tan poco civilizados, y que los gobiernos realicen y/o aprueben proyectos que impulsen lo bueno de los que conformamos al pueblo. Creo firmemente que es importante que las escuelas y empresas cambien su modo de operar, que resalten sus capacidades y exploten su talento, como lo he dicho antes, estas personas no tienen discapacidades, sino capacidades distintas que pueden complementar lo que hace falta en esta sociedad.

Todavía hay mucho camino por recorrer y terrenos que no han sido descubiertos, pero creo que se puede, tengo confianza y fe.

Estefanía Jiménez Velasco

Estudiante de Medicina en la Universidad Autónoma de Guadalajara