Tengamos perspectiva histórica, esto no es nuevo

Difícil conciliar el sueño antenoche cuando una pesadilla se estaba volviendo realidad: Donald Trump, presidente electo. Por otro lado, mi día había terminado de manera maravillosa. Muchas emociones. Pensaba, ¿por qué? ¿por qué elegir el racismo, sexismo, clasismo, egoísmo en lugar de elegir la continuación de la búsqueda por la igualdad y la libertad?

Estoy esbozando aquí opiniones basadas en información, pueden resultar correctas, o pueden resultar equivocadas, y están destinadas a desafiar y ser parte de un diálogo más amplio.

Mi teoría es que la perspectiva de la mayoría de los pueblos de la historia se limita a la experiencia comunicada por sus padres y abuelos, por lo que 50-100 años. Para ir más allá de eso hay que leer, estudiar y aprender a desenmarañar la propaganda que es inevitable en todos los relatos de la historia. En pocas palabras, en la universidad fallaría un papel si no comparara al menos dos, si no tres opiniones opuestas sobre un tema. Por lo tanto, alejándonos, los humanos tenemos el hábito de entrar en fases de destrucción masiva, generalmente autoimpuesta hasta cierto punto u otro. Estoy interesada en la Muerte Negra, que devastó Europa.Para aquellos en medio de la plaga debe haberse sentido como el fin del mundo.

Pero una característica definitoria de los seres humanos es su resiliencia. Para nosotros ahora parece obvio que sobrevivimos a la plaga, pero a la gente en ese momento debe haberle parecido increíble que su sociedad continuó después. De hecho, muchos asumen que la Muerte Negra tuvo un impacto positivo en el largo plazo. La trágica despoblación creó la escasez de trabajadores. Esta escasez hizo subir los salarios. Los precios de los productos también cayeron. En consecuencia, aumentaron los niveles de vida.

Pero para las personas que la vivieron debe haber sido inconcebible que los seres humanos pudieran levantarse de ella. Tal como ocurrió en el colapso del Imperio Romano, la Muerte Negra, la Inquisición española, la Guerra de los Treinta Años, la Guerra Civil Inglesa … es una larga lista. Eventos de destrucción masiva de los cuales la humanidad se recuperó y se movió, a menudo en mejor forma.

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Más tarde, para los historiadores todo tiene sentido y ven claramente cómo una cosa llevó a otra. La batalla de Somme fue resultado directo del asesinato de un archiduque austríaco en Bosnia. Dudo mucho que en aquel momento alguien pensara que el asesinato de un rey europeo daría lugar a la muerte de 17 millones de personas.
Mi punto es que este es un ciclo. Sucede una y otra vez, pero como la mayoría de las personas sólo tienen una perspectiva histórica de 50-100 años, no ven que está sucediendo de nuevo. A medida que se desarrollaban los acontecimientos que dieron lugar a la Primera Guerra Mundial, hubo algunas mentes brillantes que empezaron a advertir que algo terrible venía en camino, pero fueron despedidos como histéricos o tontos.

La gente busca chivos expiatorios, un líder capta el estado de ánimo popular, y escoge a ese chivo expiatorio. Él habla con una determinada retórica y los tambores de la cólera y del odio son la música de fondo. Pero en ese momento la gente no se da cuenta de que se está embarcando en una ruta que conducirá a un período de destrucción. Este ciclo parece estar sucediendo de nuevo. Pero como antes, la gente que lo votó no puede verlo porque:
1. Sólo miran el presente, no el pasado o el futuro.
2. Ellos sólo están mirando de inmediato a su alrededor, no en cómo los eventos se conectan a nivel mundial.
3. No están abiertos a escuchar opiniones opuestas.

Trump está haciendo esto en América. Él está usando la pasión, la ira y la retórica de la misma manera que todos sus predecesores hicieron, un narcisista carismático que se alimenta de la multitud para ser cada vez más fuerte. El punto más relevante es que la historia generalmente juega de la misma manera cada vez que alguien como él se convierte en el jefe.

¿Qué podemos hacer? Debemos tener cuidado de no dividirnos y contrarrestar los mensajes populistas de pasión e ira con nuevos mensajes. Necesitamos entender y usar los medios sociales. Necesitamos aprovechar un miedo diferente. El temor de otra guerra mundial casi paró la Segunda Guerra Mundial, pero no lo hizo. Recordemos que vivir en democracias significa tener esperanza de que un cambio siempre es posible. Es vital esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción.

Alguien, que como muchos de ustedes, tiene fe en un mundo mejor.

Un mundo discapacitado

“La certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve”.

Me asombra. Es lo primero que pensé al escuchar las palabras de la mujer que estaba sentada detrás de mi en aquel café. Ella platicaba con sus amigas acerca del gran logro que había conseguido Pablo Pineda, un joven con síndrome Down, el primero en Europa que obtiene un título universitario. A sus 37 años ya es licenciado en magisterio y le quedan cuatro asignaturas para conseguir una segunda titulación en pedagogía, dijo en una entrevista a BBC mundo.

Lo anterior hace que retumben en mi cabeza un montón de ideas a cerca del mundo en el que vivimos, de la falta de compromiso como entes de una misma sociedad y el tan marcado desinterés de lo que sucede a nuestro alrededor. Creo que las personas debemos evolucionar; algunos estúpidamente creen que “evolucionar” significa obtener más riqueza, poder o atención. No, evolucionar es madurar, crecer en virtudes, abrir los propios horizontes, dejarte llevar, no estancarte en las ideas que se tienen de siglos atrás sin sentido, función o propósito alguno.

Creo que no existen personas discapacitadas, sino personas con capacidades distintas; es ahí donde encaja mi idea de evolucionar, de dar el siguiente paso en esta sociedad tan conformista y rezagada. Hoy en día las personas con síndrome Down todavía son tratadas como niños, las personas en la calle se escandalizan al verlos caminar solos, sin ninguna “protección”, los padres a sus 30 años los siguen vistiendo infantilmente, les dan de comer en la boca, los bañan, cambian, en fin, los convierten en individuos total y absolutamente dependientes. Las escuelas no los aceptan porque están por debajo de la media y, contrario a esto, son marginados y encadenados a vivir en un mundo en el que sólo los involucre a ellos mismos, un mundo paralelo al nuestro.

Los gobiernos y los medios de comunicación adoptan la postura de conformismo, y llenan los periódicos y noticias con títulos como “un caso excepcional”, ¡que frustrante!, como menciona el mismísimo Pablo. Una justificación totalmente evidente de parte de quienes llevan las riendas de los países, para no avanzar, para no superar esas barreras que ellos mismos imponen, para seguir siendo mediocres, porque.. ¿qué tanto puede importar alguien con síndrome Down?, si ellos ni cuenta se dan de lo que sucede fuera de su micromundo. Lo importante de todo esto no es lo que Pablo logró, no es que hizo una película, que tiene uno o dos títulos o que actualmente el mundo lo conoce, sino que todo esto es posible, que se puede, que es necesario y sumamente esencial. Se trata de salir de los estándares que nos han impuesto toda la vida, que nuestra existencia en esta vida perdure por lo que generemos, por lo que heredamos a los demás, a los que vienen después de nosotros.

Creo que los padres con hijos afectados por este síndrome deben ser educados respecto a la enseñanza que deben inculcar y de que manera hacerlo, deben creer y luchar porque su hijo o hija sea capaz de vivir de manera independiente. Estos padres deben aprender a confiar en sus posibilidades y a partir de ahí enseñarles todo cuanto puedan, estimularlos al máximo sin poner límites a priori. Los que vivimos alrededor de ellos, tenemos que dejar de actuar como almas bondadosas que sienten lástima o ternura al verlos y comenzar a tratarlos como cualquiera de nosotros, comenzar a adentrarlos en este, el mundo de todos. Me parece que los medios de comunicación deben dejar de ser tan amarillistas y tan poco civilizados, y que los gobiernos realicen y/o aprueben proyectos que impulsen lo bueno de los que conformamos al pueblo. Creo firmemente que es importante que las escuelas y empresas cambien su modo de operar, que resalten sus capacidades y exploten su talento, como lo he dicho antes, estas personas no tienen discapacidades, sino capacidades distintas que pueden complementar lo que hace falta en esta sociedad.

Todavía hay mucho camino por recorrer y terrenos que no han sido descubiertos, pero creo que se puede, tengo confianza y fe.

Estefanía Jiménez Velasco

Estudiante de Medicina en la Universidad Autónoma de Guadalajara

 

Jóvenes con México #CSW60

Autora invitada: Olivia Serrano

Nueva York, Estados Unidos

“More than ever before in human history, we share a common destiny. We can master it only if we face it together. And that is why we have the United Nations.”
Kofi Annan

El día 16 de marzo del 2016 a las 13 horas de Nueva York, el Embajador Juan José Gómez Camacho, recibió en las oficinas de la Misión Permanente de México, a un grupo de 20 jóvenes mexicanos que participaban en la Comisión del Estatus Jurídico y Social de la Mujer (CSW por sus siglas en inglés).

La CSW es un evento anual de la Organización de Naciones Unidas que se lleva a cabo durante dos semanas de Marzo en el que convoca a los países miembros y Organizaciones de la Sociedad Civil a dialogar sobre los diferentes temas que conciernen a las mujeres del mundo para poner pautas internacionales a seguir y alcanzar el desarrollo de las mismas.

De unos años hacia acá, los jóvenes mexicanos han mostrado interés por participar en este diálogo tanto para escuchar la problemática mundial como para expresar su perspectiva local. Por esta razón es que no sólo buscan estar dentro de los paneles de los diferentes países sino que intentan tener acercamientos con nuestros representantes mexicanos.

Como un excelente ejercicio de democracia, Gómez Camacho hizo un espacio en su ocupada agenda para recibir a los estudiantes en sus oficinas y propiciar una dinámica de preguntas y respuestas para atender sus preocupaciones, entre las cuales estaban las prioridades de México para esta Comisión y la agenda para la juventud mexicana.

Los funcionarios dejaron claro que los temas en los que México avocará sus esfuerzos en la presente CSW son fomentar la investigación y crear datos estadísticos que aporten conocimiento empírico, aumentar la participación de la sociedad civil y el cumplimiento de la agenda 2030 con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Posteriormente se habló sobre el papel de los jóvenes dentro de su sociedad, a lo que el Embajador recalcó la importancia de involucrarse tanto en la dinámica local como internacional. “Cambien ustedes para que cambie el mundo”, dijo motivándolos a romper el estereotipo de una juventud dormida e indiferente.

La reunión fue fructífera y esperanzadora pues oír de la misma voz que toma las decisiones, un mensaje de disposición y apertura que contrasta con la trillada agenda de Naciones Unidas, fue para los asistentes un aliento para no abandonar esta urgente labor de pugnar por la protección de la vida, la familia, el matrimonio y la dignidad de todas las personas.

 

(Para los que pueden darse) El lujo de desperdiciar

Hoy, un tercio de la producción global de alimentos (1.3 mil millones de toneladas) se desperdicia cada año. La mayor parte, en el mundo desarrollado: los países industrializados desperdician casi la misma cantidad que el total de la producción alimenticia en África Subsahariana. El desperdicio per cápita en Europa y Norteamérica es de 95-115 kg/año, mientras que en África Subsahariana y el Sudeste Asiático es de 6-11 kg/año. (Think.Eat.Save, 2014)

Globalmente se produce la cantidad de alimento equivalente a 4 mil calorías per cápita cada día (mucho más de las que necesitamos). Mientras tanto, 870 millones de personas están desnutridas en el mundo. Unas 20 mil mueren de hambre cada día. En México se desperdicia el 37% del alimento producido cada año, equivalente a unos 30 millones de kg diarios, mientras un cuarto de la población mexicana presenta carencias alimentarias. Literalmente “sobra más de lo que falta”. (BAMX, 2016)

El desperdicio de alimentos es sumamente contaminante. Si éste fuera un país, sería el tercer contribuyente a la emisión de gases invernadero (GEI). Se estima que la descomposición de los desechos orgánicos en el campo en Estados Unidos representa un 25% de sus emisiones de carbono. La agricultura en sí contribuye a más del 30% de emisiones GEI en el mundo. (Think.Eat.Save, 2014) Es decir, nuestros recursos están siendo explotados para un alimento que va a ir a dar a la basura.

También es absurdamente caro. Los costos estimados por el desperdicio de alimentos en regiones industrializadas equivalen a 200 mil millones de dólares anuales, a nivel empresas y familias. En Estados Unidos, se desperdicia la cantidad de comida suficiente para llenar un estadio de fútbol para 90 mil personas ¡cada día! Al mismo tiempo, una familia de cuatro personas tira alrededor de 9 kg de comida al mes, lo que equivale a 130 dls o a 1,560 dls anuales. A nivel nacional, EEUU gasta 48.3 mil millones de dólares en alimentos desperdiciados al año. (FAO y UNEP, 2013) (Think.Eat.Save 2014)

El desperdicio de alimentos se atribuye a una serie de deficiencias en la cadena de producción, distribución y comercialización: métodos de producción, almacenamiento, empacado, procesamiento, infraestructura y transporte. Sobre todo para los países en desarrollo. Paralelamente, para los países ricos, el desperdicio se debe mayoritariamente a los hábitos de los consumidores y a las prácticas en los puntos de venta. Una de ellas es el etiquetado de caducidad, que destina a la basura a una infinidad de productos cuando siguen siendo útiles. Otra, los estándares de calidad, que rechazan grandes cantidades de productos por no cumplir con estándares cosméticos, sobre todo los agrícolas de países pobres al ingresar en la Unión Europea.  (Think.Eat.Save, 2014)

En cuanto a los consumidores, se trata de una mala planificación a la hora de comprar (más de la cuenta, cerca de la fecha de caducidad, sin considerar los platillos que se van a elaborar, despreciando el recalentado…) y a la hora de guardar la comida (en el fondo del refrigerador donde nadie la ve, sin priorizar lo que puede echarse a perder antes, descongelando la carne antes de tiempo…). (Think.Eat.Save, 2014)

Esto habla de una terrible injusticia social, de un despotismo, una irracionalidad, irresponsabilidad e inconsciencia de todos nosotros, consumidores. Mucha culpa tienen los gobiernos al no dar apoyo suficiente a los campesinos, al no ampliar las redes de los bancos de alimentos, al no mejorar la infraestructura y los procesos para un ámbito que a todos nos es vital, y al no sancionar el desperdicio en los comercios; las empresas, por no mejorar la eficiencia; los supermercados, por no admitir productos que no son estéticamente perfectos a pesar de ser buenos; los restaurantes, por servir cantidades inhumanas que nadie se puede acabar. Pero con las cantidades de comida que se tiran en promedio en los hogares, no se puede culpar a nadie allá afuera. Antes que ellos, somos responsables nosotros, consumidores. Amplísima red de consumidores ejerciendo su poder –el más valioso en la sociedad de consumo- para mal.

Por fortuna, no todo está mal. Una reciente ola de concientización ha hecho surgir una red internacional de consumidores responsables para luchar contra este agravio inadmisible y evitable. Think.Eat.Save.Reduce Your Foodprint es una iniciativa lanzada por la Food and Drug Administration (FAO) y la United Nations Environment Program (UNEP), ambas de Naciones Unidas (ONU) para ello. Colaboran con organizaciones internacionales como Save Food, United Against Food Waste, Stop Wasting Food y con el programa Zero Hunger Challenge de la ONU.

A partir de este tipo de esfuerzos, el Reino Unido logró reducir su desperdicio de alimentos en un 21% entre 2007 y 2012 (Think.Eat.Save, 2014). El año pasado, Francia aprobó una ley para prohibir a los supermercados tirar la comida sobrante, para ser donada o convertida en alimento para ganado o composta. La Secretaría de Desarrollo Económico del DF también se ha comprometido a redoblar esfuerzos para impulsar la iniciativa “Cero desperdicio de alimentos”. (Grupo Fórmula, 2016)

En un mundo en el que podría eliminarse el hambre con la justa distribución de los alimentos y sin desperdicios, no queda más que unirnos a esta lucha, que no implica más que ser conscientes de lo que compramos, preparamos y tiramos en nuestra casa. Para no darnos el lujo de desperdiciar.

Paola Lira

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Iberoamericana

Fuentes consultadas:

BAMX (2016): http://bancosdealimentos.org.mx/

Grupo Fórmula (19/01/16) “Darán a conocer programa cero desperdicios de alimentos en la capital”, Radio Fórmula, disponible en: http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=563794&idFC=2016

“Prevention and reduction of food and drink waste in businesses and households. Guidance for governments, local authorities, businesses and organisatiosn », Version 1.0 (2014)  FAO y UNEP. Disponible en : http://www.fao.org/fileadmin/user_upload/save-food/PDF/Guidance-content.pdf

Think.Eat.Save.Reduce your Foodprint (2014) FAO. Disponible en: http://www.thinkeatsave.org/

Historias del mojado en su paso por México

Entre estas paredes, en este lugar que parecería un oasis en medio del caos, tomo nota de cada recuento del camino, buscando hacer justicia a cada cara, cara vivencia, cada caída, cada lucha. La Casa del Caminante Jtatic Samuel Ruiz García, Chiapas –puerta importantísima de la migración centroamericana a México- sólo es el comienzo de un largo recorrido. Hoy que tengo el privilegio de estar aquí, rodeada de valientes soñadores y de personas que han renunciado a todo por defender estos sueños de la injusticia y la perversión, no puedo más que transmitirlo, para no quedarme anonadada sin más. Para que mi indignación se materialice en acción. Para que otros puedan saber, y ojalá, unirse a ella.

Entran y salen, unos arrastrándose del dolor, el miedo y el desamparo, para caer en toda su fragilidad una vez que han cruzado la puerta del albergue. Rostros sudorosos, ojos inyectados de paranoia y cansancio, los pies llagados y los zapatos completamente destrozados, la mochila empapada y sucia. Unos solos, unos en frágiles hermandades formadas en el camino; unos con chamacos colgados: algunos de meses, uno, tres, cinco, ocho años; adolescentes que han sido abandonados a su suerte pero se sienten invencibles. Unos perseguidos por historias infernales; otros, simplemente impulsados por el inmortal sueño americano, como si treparse en La Bestia fuera una aventura, mientras para algunos es la única salida a la muerte. Entran y salen con sueños que sólo se anclan en una fe inquebrantable en Dios.

Fotografía de Karla Velasco Ramos, estudiante de Relaciones Internacionales en el ITAM
Fotografía de Karla Velasco Ramos, estudiante de Relaciones Internacionales en el ITAM

Ninguna historia deja de superar a la anterior. Historias incesantes que narran el éxodo imparable de un país tomado por las maras (pandillas); donde reina la extorsión, el narcotráfico, las amenazas: una cultura de violencia que se ha convertido en una espiral sinfín. Donde el campo está sembrado de muerte. Las ciudades, llenas de sangre, de pobreza, miseria e injusticia. Donde una decisión de teñirse el pelo de rojo o amarillo, o vestirse conlycras” es un balazo seguro, porque a los mareros (miembros de la Mara Salvatrucha u otras pandillas) no les gusta: Honduras. El Salvador. Guatemala. Nicaragua. El pueblo de Centroamérica, que pone sus esperanzas más allá del horizonte. Que busca oportunidades,  un trabajo “que ajuste”, un futuro mejor. Igual que Cuba, igual que nuestro México.

Cuentan que hace unos cuantos años era mucho más fácil cruzar. Tomaban La Bestia y llegaban “de un solo”. No había migras (agentes de migración) acechándolos en cada esquina, retenes en cada curva, ni los peligros que se aparecen hoy. Ahora, es su segundo, cuarto, quinto intento, y no se rinden, pero el camino está cada vez “más perro”. El escenario que pintó Obama con la ley migratoria para los latinos no fue más que una promesa falaz que lo tornó para ellos en un escenario mucho peor. México es el cinturón de fuego para los que pretenden llegar al Norte, y el drástico refuerzo de su seguridad fronteriza, producto de esta reforma.

México: laberinto de peligros

A pesar de eso, ni los cinturones reforzados, ni los retenes armados hasta los dientes, ni la noche temerosa forrada de insectos y del calor tropical, ni los jaguares o culebras, pueden detener la implacable migración. Tampoco pueden hacerlo toda clase de abusos sistematizados, de las formas más sofisticadas: montes que esconden asaltantes con machetes y pistolas, cobros exagerados de las combis, estafas maestras de polleros que dejan a sus clientes sin nada y a la mitad, o de choferes que les ofrecen transporte que no dura más de cinco minutos y termina en una amenaza de echarles a “la migra” encima. Secuestro exprés que o triunfa o tira cuerpos en la maleza; asalto en uniforme municipal, estatal y federal, o las llamadas “cuotas” de paso. Grupos de migrantes que pagaron por cruzar fronteras, pero en realidad son carnada de la migra para que sí cruce otro grupo de migrantes que pagaron más. Pistolas eléctricas para detener –por medios legales-al migrante escurridizo y meterlo en las  temidas “perreras”, y ahora, Dóbermans de mordida letal: el último elemento de disuasión del Instituto Nacional de Migración.

Bandas de criminales que, como piratas, se montan en La Bestia para cometer atrocidades: violaciones, asaltos, caídas con finales mutilados. Algunos mareros, siguiendo a quienes les han huido; algunos entremezclados con el crimen de México y con las autoridades mismas, a sabiendas de que el migrante -sin papeles, sin voz, sin nada ni nadie- es el blanco perfecto para las desentrañables redes de trata: prostitución, venta de órganos, explotación infantil, trabajos forzados. Pues el que está dispuesto a cualquier cosa para salir adelante o para sacar a los suyos adelante, soporta pagos irrisorios, jornadas de sol a sol. O bien, es el títere y trofeo perfecto de polis y gobernadores para encubrir tratantes de personas en operativos planeados que seleccionan víctimas y victimarios y obligan a firmar declaraciones inventadas que condenan hasta 20 años de cárcel por mala suerte.

Y entre todos estos abusos, la de siempre, la vieja, la clásica mordida: taxistas, militares, agentes de migración y los dueños del narco; desde el conocidísimo “‘cáiganse con la feria’ catrachos, guanacos y chapines” (hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, respectivamente), de a 100, de a 200, de a 500 por parte de cualquier autoridad descarada; hasta la transformación del pobre migrante en mula de carga –o en “burrero”- para pasar 20 kilos de mariguana al siguiente retén (y quiera Dios que no lo agarre un “bajador” al acecho en el inter y se lleve varios años de cárcel también).

Fotografía de Karla Velasco Ramos, estudiante de Relaciones Internacionales en el ITAM
Fotografía de Karla Velasco Ramos, estudiante de Relaciones Internacionales en el ITAM

Mordidas pagadas de antemano como en un paquete de turista por el coyote, el que tenga. Y el que no, que corra por el monte, que atraviese la selva, que cruce el río sin perder el rumbo. Igual, va a desarrollar callo, músculo y las técnicas de parkour improvisado más avanzadas -pues en medio de la adrenalina y el pánico, no intervienen las sugestiones ni el pudor ante la caída libre, frente los muros o rejas levantados entre un terreno y otro, entre el tren y el suelo. El que ya no tenga o nunca tuvo, que camine por días hasta que sus pies no den más. Dicen que no migra el que nada tiene, pero la mayoría viene del campo y no tiene ni sexto de primaria; y aquí todos acaban despojados por manos anónimas. Con o sin el lujo del pollero, casi todos son presa segura.

Algunos viven cosas tan terribles que podrían ser acreedores a una visa humanitaria y a la residencia permanente en México, pero el tortuoso proceso dura hasta tres meses y no garantiza nada. Lo más probable es que el delito no haya sido “grave”, o que los papeles sean negados sin ninguna explicación contundente; que la víctima no logre ser parte del escaso porcentaje que obtiene el refugio en nuestro país. Y si lo logró, ojalá que no le rompan su tarjeta en el camino, no se la roben, le den trabajo y le vaya bien.

Para algunos, apenas recorrido el primer tramo, ya es inútil continuar. Las historias en el camino se convierten en una verdadera pesadilla, y no soportan la idea de caer en manos de dichos maleantes, de la migra, o peor aún, en la eterna incógnita del desaparecido. Cuántas madres e hijos no se preguntarán, entre lamentos, a diario, dónde están todos ellos: ¿En el desierto, deshidratados, picados por algún alacrán, sin huella alguna por la acción de los buitres, o en las pasarelas de hondureñas en tacón en las cantinas de Palenque? Una cerveza, 20; una cerveza con mujer y toda fantasía incluida, 80…

A los que deciden entregarse para ser deportados, ¿qué los esperará a su regreso? Unos contados, se entregan sin más. Pero los demás, a la mañana siguiente, parecen recargados con una energía y una fe inmensas, convencidos de que sí, deben seguir caminando, por esa su devoción, y por la dignidad, la fortaleza y la alegría que este oasis les devuelve con sólo abrirles sus puertas. Más aún, pesa demasiado el honor que les obliga a dejar el legado de un “futuro mejor”, pesa la necesidad de esas caritas que esperan en casa, asustadas o confundidas. Esas caritas, que sin duda son la cara del hambre. Pesa el amor por la familia, pesa y los empuja.

El “mojado”: la versión incompleta

Ilegal, mojado, indocumentado. Ojalá el mojado sólo fuera mojado. Pero esa sólo es la superficie. La versión incompleta, la etiqueta y el prejuicio que los orillan a la discriminación, la marginación, a una violencia estructural a la cual permanecemos cegados. Los países expulsores de migrantes no son ni de cerca los únicos responsables: lo es todo un sistema económico que acentúa las desigualdades y resquebraja los medios tradicionales de subsistencia de millones que han quedado fuera.

Un modelo que promueve el crecimiento, la eficiencia, la productividad, la automatización; pero que anula a la base que lo sustenta: multitudes de campesinos desplazados por las grandes corporaciones trasnacionales, trabajadores despedidos por máquinas, manos que ya no tienen qué ni con qué producir, o que tienen que hacerlo para otros. El modelo del consumo y del libre mercado, del “desarrollo” que sólo llega a una escasa minoría; mientras el resto -despojado, oprimido, explotado- lucha, migra, subsiste.

No son cinturones reforzados lo que necesita la humanidad. Son oportunidades que no se encuentren a años luz de su tierra, más allá de un laberinto trazado de peligros, de una lucha a muerte. De sembrar para comer, de educarse sin trabas, de trabajar sin cuotas, de tener hijos sin miedo que les pase algo o a no poder darles lo que merecen. Que la vida, ni en Centroamérica, ni en México, ni en ningún lado, sea el escenario de una “Cidade de Deus”[1], donde uno escoge desde niño ser policía o criminal.

Estas historias no narran ni la mitad de los horrores que vive el migrante centroamericano en su camino por México a Estados Unidos, ni los horrores de otras migraciones en recónditos lugares, como en África. Pero el punto no es quedarnos horrorizados. No es declararlo, como solemos hacer con toda problemática global, un caso perdido. Pensar que no hay nada que hacer al respecto es una omisión terrible, y un insulto para todos aquellos que entregan sus vidas a esta causa.

 

La lucha en pie

Hace unos años, brindar asistencia a un migrante indocumentado era ilegal. Hoy, gracias al activismo de personas solidarizadas con este fenómeno social (familiares de emigrantes mexicanos, grupos de la Iglesia, voluntarios, periodistas) se considera como ayuda humanitaria. Personas que empezaron repartiendo comida a lo largo del tren, que han denunciado y sacado a la luz la infinidad de abusos que sufren los, que han marchado en su favor, sumadas a la presión internacional, han obligado al gobierno a responder. Con la Ley de Migración aprobada en 2011, ha habido un giro muy importante en el tema. Los Grupos Beta[2] han sido incorporados al INM. Los albergues son más respetados. Los derechos del migrante, aunque resulten ridículos en la práctica, al menos ya están en papel y están siendo enérgicamente difundidos por Amnistía Internacional, la Organización Internacional de las Migraciones, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y hasta el mismo Instituto Nacional de Migración. Esto le da un mucho mayor margen de acción a esa sociedad consciente y proactiva.

Fotografía de Karla Velasco Ramos, estudiante de Relaciones Internacionales en el ITAM
Fotografía de Karla Velasco Ramos, estudiante de Relaciones Internacionales en el ITAM

Así como las célebres Patronas y Solalinde, hay muchas personas dedicadas a proteger a los migrantes, para hacerles el trayecto un poco menos tortuoso. Numerosos albergues reciben a los migrantes cerca de las estaciones del tren en la República, para ofrecerles un techo donde dormir, asearse, comer y recibir atención médica, psicológica o legal –algunos más austeros y otros menos- más un apoyo moral inconmensurable que les permite recargar sus fuerzas para retomar su camino, sabiendo que alguien los trata como seres humanos. Fuera de la Bestia, cada vez surgen más proyectos de ayuda a los migrantes en el mundo y en nuestro país: uno muy reciente y muy creativo es Taller Quíquíca, que repara bicicletas y busca ofrecerles un empleo temporal a migrantes y la capacitación para que cuenten con un oficio portátil. Soy Migrante A.C., que promueve la sensibilización y el apoyo a albergues u otras organizaciones mediante la difusión y la colecta de donativos. El colectivo Nómadas sin Rumbo, que recientemente llevó a cabo una enorme colecta de tenis en varios estados de la República para los migrantes. Proyecto Habesha, que está trabajando arduamente para darles la posibilidad a refugiados sirios de finalizar sus estudios universitarios en México.

En fin, el punto es saber que en nuestras manos sí hay mucho que hacer. En primer lugar, el adentrarnos un poco en las realidades que parecen sernos muy ajenas, pero al final, no lo son tanto. Puesto que nuestro mundo ha sido constituido por migraciones diversas desde las eras más remotas: desde las tribus africanas de las cuales proviene toda la humanidad,  el éxodo de los israelíes a Egipto, hasta la llegada de los españoles refugiados de la guerra civil. Todos caminamos, todos nos movemos; todos hemos sido o somos migrantes. En nuestras manos está cambiar esas perspectivas incompletas que en nuestro vocabulario y en nuestro actuar anulan al otro, aquí migrante, pero en muchos otros casos el igualmente proscrito vagabundo, niño de la calle, prostituta, pandillero. En nuestras manos está desmantelar nuestra ignorancia colectiva dándole voz a los que no la tienen. Está indignarnos por la injusticia y renunciar a ser cómplices suyos. Por último, está involucrarnos con estas causas, con estas luchas que ya están en pie.

Paola Lira

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México

[1] Película brasileña que narra historias entrecruzadas de pandilleros en Ciudad de Dios, una favela altamente criminalizada.[Fernando Meirelles, 2002]

[2] Grupos que desde los noventa dan primeros auxilios, colocan estaciones de agua en puntos estratégicos, informan y protegen a migrantes en vulnerabilidad.