Las palabras correctas

Cualquier relación humana está construida sobre palabras. Letras, sonidos, silencios, uno tras otro, con el poder de provocarnos, vincularnos, separarnos, lastimarnos, alegrarnos. Estamos tan invariablemente con nosotros mismos, solos con nuestros sentimientos hasta que los nombramos. Las palabras no son el único modo de salir de uno mismo pero son un claro punto de encuentro. Y el silencio muchas veces una distancia que nos protege. Las palabras son el punto medio entre dos mundos. Comunicamos mucho más de lo que decimos pero el decir es siempre una manera de comenzar.

¿Cómo algo tan frágil puede ser tan poderoso? Y cómo algo que puede significar el mundo para alguien puede estar completamente vacío para alguien más. Del otro tenemos solo lo que él elija compartirnos, qué inconsistente certeza. Si ni siquiera una persona pueda estar completamente seguro de la verdad de sus palabras, nosotros tenemos que confiar en la permanencia de lo que por naturaleza es efímero. Y apostamos por creer.

El dolor de una promesa rota es la confirmación del abismo entre las palabras y la realidad. Pero también resulta una tragedia nunca ser herido por alguien. Porque significaría que no dejamos que sus palabras entraran en nosotros, nos quedamos solo con nosotros mismos. No creímos en ellas y para vivir necesariamente hace falta creer. Vamos entonces dominando el arte de la interpretación pero tampoco quedamos satisfechos. No se trata de creer por creer sino de ir buscando razones para hacerlo.

Es un riesgo el tener que construir sobre algo tan poco sólido, y al final nuestra vida borrará cada palabra que hayamos dicho y la sustituirá con verdad. Pero mientras tanto hay que buscar continuamente ese común acuerdo entre lo que somos, decimos y lo que el otro es. Construir sobre lo compartido y lo dicho, sobre quiénes somos hoy.

La vida es buscar constantemente las palabras correctas. Que expresen lo que de verdad sentimos, que nos hagan sentido, que sean comprensibles para alguien. Que nos acerquen a quienes queremos cerca o nos alejen de quien no. Las palabras definen y la definición da claridad, da paz. Qué alivio hay en el acierto. Las palabras correctas nos ayudan a conocernos mejor, rompen nuestra soledad. Nos ayudan a sentir y a afrontar. No podemos escondernos tras ellas. Son camino de unidad, con el otro y con uno mismo.

El problema es que no solo hay que encontrarlas. Hay que saber decirlas.

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