Sonidos de una isla a otra

De cómo nuestros pasos y la música nos pueden regalar vida

Caminar siempre ha sido uno de mis refugios. Hay días en que es parte de mi rutina para llegar a clase; otros, es el medio para poder ir a comprar mi comida, es la forma en que he podido reír y hablar con otros, y conocer tantos rincones como retos. Sin embargo, hay días en que caminar se convierte en un diálogo con lugares que saben contar secretos.

El viernes pasado fue un día que consistió en caminar para poder llegar a comprar algo de comida. En el último tramo del parque que debo cruzar, recibí una notificación en mi celular. Giré la pantalla y leí que el álbum «All» de Yan Tiersen estaba ya disponible para escucharse. No dudé, ya me habían contado algo sobre él y curiosamente había escuchado «EUSA» su último álbum unos días antes.

Así que, conecté mis audífonos y puse «play»«Tempelhof» es de quien pretendo hablarles en estas líneas. Es la primera pieza de un álbum que hizo viajar sonidos del aeropuerto de Tempelhof en Berlín hasta mi trayecto por aquel parque.

Una pieza de 6:08 minutos que desde el primer segundo borró la línea entre realidad y sueño; entre lo que sabía que mis oídos escuchaban y lo que estaba segura que mis ojos veían a mi alrededor. El verde de los árboles dejaba entrar a manera de baile la luz del sol, al tiempo que veía cómo un niño extendía su pequeño brazo alrededor de su madre, quien pacientemente le leía algo en sus manos. 

No pude cruzar la calle. Con el semáforo peatonal en verde, decidí seguir en este espacio donde la vida se detuvo para que yo viera más. Ahora pienso que fue como en aquellas escenas de algunas películas en que todo parece ir en cámara lenta y el protagonista adquiere el poder de ver lo que otros no. No podría decir si aquel común viernes fui la única que pudo ver aquel vaivén de belleza en cada centímetro de realidad que ese parque tuvo para mí, en aquellos seis minutos con ocho segundos.

«All», el nuevo álbum de Yann Tiesen, es el primero que se graba en el nuevo estudio y centro comunitario del músico, «The Eskal», construido en la isla de Ushant, una pequeña isla situada en el punto más occidental en Bretaña y, por lo tanto, en Francia continental. Hay varios que aseguran que Ouessant es verdaderamente el «fin de la tierra», lugar donde se dice que Tiersen ha vivido por los últimos años. 

Así que, de la isla de Ushant a otra como la Ciudad de México, las notas de esta primera pieza viajaron en segundos hacia donde mis pies caminaban aquella mañana. En el minuto 3 con 50 segundos: un respiro, las voces de los niños continúan, giro hacia la calle y el semáforo vuelve a estar en verde. En el minuto 4 con 30 segundos todo vibra de nuevo. Decido seguir ahí. Quisiera extender mis brazos, pero me concentro en aquel momento, sé que pronto todo será distinto. Una campanada tras otra, todo parece volver a su lugar. Y son el sonido del piano y una voz lo que me hace notar que el semáforo vuelve a estar en verde y que puedo continuar.

Tania Cano

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