Ven y mira

“(…) Si lo que la situación permite es la crueldad, tanto mejor. Sin escrúpulos y con toda intensidad aprovechan este permiso, y hacen un uso tan amplio de él, que no puede dudarse que la mayoría de los hombres sólo esperan que una vez dejen paso libre las circunstancias a su crueldad y grosería y les permitan ser brutales de todo corazón.”

Diálogo de Adela Schopenhauer en el libro Carlota en Weimar de Thomas Mann.

Ayer fui a la Cineteca a ver una película de la 66º Muestra Internacional de Cine. Desde que empieza rompe con cualquier pensamiento interno que te distraiga de la pantalla a través de la actuación de los primeros personajes que aparecen, pues no es evidente la razón de su estridencia.

La historia se sitúa en el medio rural de Bielorrusia en el año 1943. Los Nazis han ocupado el territorio y los habitantes de la región están aterrorizados. El ejército bielorruso está reclutando a todo hombre en edad de ir a luchar. Floria, el protagonista es apenas un adolescente y su ingenuidad le hace percibir con emoción la idea de sumarse a las fuerzas armadas. Conoce a la joven Glasha en el refugio donde se preparan para salir a la batalla y juntos viven la primera parte de las experiencias traumáticas y ensordecedoras. A través de recursos de sonido, efectos especiales y movimientos de cámara, el director logra introducir al espectador a la angustia, el desasosiego, la despersonalización y la desorientación que viven los protagonistas. Floria y Glasha viven en un vaivén de experiencias traumáticas y una alegría sutil y noble de estar juntos en medio del bosque.

La amenaza es constante y el miedo aumenta. Floria vive de manera abrupta un golpe de realidad que le pulveriza los nervios y le aniquila el espíritu. El dolor percibido en su mirada me empezó a provocar dolor abdominal y en la espalda. La angustia y la tristeza se trasladaron a mi cuerpo, a cada parte de él, mientras intentaba encontrar una posición adecuada para contrarrestar los dolores físicos que la película me estaba provocando.

Una vez sobrepuesto de los primeros traumas bajo el cuidado de Glasha, Floria sale a buscar comida para los sobrevivientes de los ataques. En su camino le suceden otra serie de calamidades, pero se ve más fuerte, más determinado a resistir y no permitir que sus compatriotas mueran de hambre.

Por razones que sólo el guionista conoce, Floria es rescatado por un anciano para refugiarlo de las tropas Nazis en una aldea lejana a la suya, donde había intentado robar alimento. Los Nazis introducen a los habitantes, adultos y niños, a una iglesia de madera y Floria logra escapar. El dirigente de la tropa ordena que sean quemados. A través de las ventanas, los soldados arrojan granadas y gasolina, mientras reproducen música a todo volumen en un auto con megáfono para no escuchar los gritos de los que están siendo abrasados por las llamas. No sólo no ven a las víctimas porque están atrapados, sino que no desean escucharlos. Algunos toman vodka mientras ven el edificio arder, otros ríen y al final aplauden. Como ésta, se quemaron alrededor de 600 aldeas en todo Bielorrusia.

Es sin duda, la película más cruel y dura que he visto sobre los crímenes del régimen Nazi a lo largo de todo el continente europeo. Mis lágrimas se desbordaron durante el final, el dolor en mi cuerpo era general y mi espíritu se encontraba amargo y muy lastimado. Decidí escribir este artículo para no dejar que el tiempo borre estos hechos de la memoria de la humanidad, para que nunca olvidemos los alcances del odio y del poder en manos equivocadas. Invito a quien me lea a no normalizar la violencia, a no acostumbrarnos al maltrato, a no probar nuestros límites, a ser autocríticos y a no fanatizarnos alrededor de ninguna idea, a ver el rostro humano en cada individuo. Finalmente les dejo uno de mis lemas de vida, que me permite restaurarme y reincorporarme a mi propósito:

“To love. To be loved. To never forget your own insignificance. To never get used to the unspeakable violence and the vulgar disparity of life around you. To seek joy in the saddest places. To pursue beauty to its lair. To never simplify what is complicated or complicate what is simple. To respect strength, never power. Above all, to watch. To try and understand. To never look away. And never, never, to forget.”

– Arundhati Roy, The Cost of Living

Nardo.

Ven y Mira es una película dirigida por Elem Klímov del año 1985 producida en la Unión Soviética, restaurada en 2017. Música de Mozart. Para ver los horarios:

https://www.cinetecanacional.net/micrositios/muestra66/detalle_pelicula.php?clave_pelicula=16402

Diez (Posibles) Razones para la Tristeza del Pensamiento

 

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La existencia humana está siempre acompañada de una tristeza fundamental. “El pensamiento es estrictamente inseparable de una profunda e indestructible melancolía”. Este libro plantea un ejercicio que no logra escapar del problema autorreferencial de pensar el pensamiento.  Steiner, en un esfuerzo significativo, pero, aclara, insuficiente, intenta acomodar razones para entender por qué al pensamiento humano siempre lo rodea cierta pesadumbre.

Una de estas razones es la ambigüedad inherente a todos los actos del pensamiento. La frustración como consecuencia de que no hay respuestas para las preguntas de la humanidad. Por más impecable que sea el proceso de pensamiento, filosófico, individual, científico, no puede haber conclusión satisfactoria. ¿Cómo encontrar plenitud en lo incompleto? A esto parece que vuelve en la décima razón, al afirmar que no estamos ni una pulgada más cerca que Platón de comprender la finalidad de nuestra existencia, si la muerte es o no el final, o si Dios está presente o ausente. Siendo una especie tan actualmente obsesionada con el progreso, ¿nos angustia el seguir donde empezamos? No me parecería extraño suponer que quizá por eso preferimos matar a Dios contundentemente.

Una paradoja que igual no puede más que llenarnos de tristeza es que hasta el pensamiento más nuestro, más íntimo, es en una medida abrumadora, un universal humano, una propiedad común. Nada pensamos que no esté siendo pensando millones de veces. No nos queda siquiera nuestra autenticidad para consolarnos. Pero a la vez, no contamos con ninguna certeza para comprender los pensamientos ajenos. Vamos por la vida traduciéndonos los unos a los otros, es por eso que cualquier relación entre dos personas parece milagrosa. Aún en los momentos de mayor intimidad, el amante es incapaz de abrazar los pensamientos de la persona amada. Hasta los más cercanos, siempre serán más o menos desconocidos. El pensamiento nos hace unos extraños. Nuestros pensamientos, a la vez tan de todos, nos reafirman nuestra inevitable soledad.

¿Cuántos reconocimientos se desperdician en la indiferente avalancha del pensamiento desatendido?, se cuestiona el autor. No es sólo la inmensidad de nuestros pensamientos lo que nos angustia, sino su dispersión. La mayoría de nuestros pensamientos son difusos, inútiles. Es quizá la actividad humana que más nos consume y tan poca atención recibe. Muy rara vez nuestro pensamiento es el objeto de nuestro pensamiento. Y cuántas ideas valiosas habremos perdido por no prestar atención.  Por otro lado, la capacidad de tener pensamientos que merezcan la pena de ser pensados, más aún, de ser expresados y conservados, es relativamente rara.

El pensamiento lleva consigo una esperanza que cada vez que se encuentra con la realidad representa irremediablemente una desilusión incapacitante. Tanta es la distancia entre pensamiento y realización que “no podemos ni vivir sin esperanza ni superar el dolor y la burla que conllevan las esperanzas fallidas.” Steiner nos ofrece estas posibilidades que quizá nos ofrezcan un regocijo momentáneo en el entendimiento, pero ni siquiera esto nos salva un poco de nuestra inevitable condición.

 

Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento. George Steiner; trad. de María Condor. – México: FCE, 2007.