Lucha contra el individualismo

Pasan los días sin darnos cuenta que se nos acaba el alma. Estamos completamente perdidos y absortos en un mundo de individualismo. Pasamos los días preocupados por banalidades y superficialidades.

¿Cuándo fue la última vez que te detuviste un segundo y contemplaste tu alrededor? Observaste el día a día, a la gente. Pensaste que quizá te gustaría saber la historia de las personas que te rodean. De dónde vienen, dónde viven, qué les apasiona.

Existen lugares donde el gozo persiste. Las carencias están presentes; sin embargo, las personas están en completa plenitud.  Se trata de una realidad disfrutable.

La gente comparte y se comunica. No empiezan el día sin una conversación y la vida se basa en el establecimiento de relaciones interpersonales. No sólo se habla de temas populares. Las personas realmente dejan que te adentres a su alma. Quizá por eso somos tan individualistas, no nos gusta ser vulnerables.

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Silueta de un niño, foto de Karla V. Ramos

Soy vulnerable y me gusta serlo. Si la gente lo desea, sé que puedo compartirles un pedazo de mi alma. En estos lugares, las palabras y sentimientos son auténticos. Las personas no tienen miedo de decir lo que sienten. No sienten desconfianza y muestran curiosidad.

Las personas sonríen más veces de las que nosotros lo hacemos en un mes. La música los envuelve y no tienen miedo de bailar ya sea en público, descalzos o bajo la lluvia. El sentido de comunidad envuelve toda la zona. Todos son uno y uno son todos, ya que el cariño que demuestran entre ellos es íntegro y puro.

¡Y qué placer dejar los estereotipos de lado! Qué gozo, qué vida. No se necesita nada para pertenecer, más que abrir el alma y compartir. Es el único requerimiento. Bajo un cielo donde todos somos uno y todos buscamos el bien común.

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Sonrisa de un señor, foto de Karla V. Ramos

La inocencia en la mirada de la gente de estos lugares me hace creer que un mundo lleno de paz es posible. Un mundo donde la gente conversa entre sí y aprendemos el uno del otro. Crecemos juntos y la negatividad es algo lejano. Destruir al otro jamás está en nuestros fines.
El individualismo destruye. Ya ha destruido antes y lo continuará haciendo. Cada vez es más difícil compartir emociones, compartir experiencias. Por eso comparto esto, para que conozcan un pedazo de mi alma y sepan que estaré luchando contra el individualismo. Espero que luchen conmigo.

Karla V. Ramos

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Conversemos para habitar en el jardín de las posibilidades

Para Karla V.  y  Lines MC

“La Creación continúa a través del hombre y de su radical aportación creadora que es la lectura” – Gabriel Zaid.

Me encontraba caminando y pensando sobre la actividad de la conversación y sobre el libro de Marcel Proust que tengo unos días leyendo. Pensaba que Proust es un tesoro que había escuchado que existía pero que no había tenido la fortuna de descubrir. Un amigo me regaló el libro, un amigo muy valioso que también es un tesoro. Leyendo a este autor me encontré con lo que describiría como un jardín de delicias, un jardín húmedo de llanto y musicalizado con tiernas risas. En este jardín existe un perpetuo atardecer, que refleja el inevitable sentimiento de fatalidad que precede a la noche, sentimiento que soporto al probar los frescos frutos jugosos cubiertos de rocío cuando los corto. En este jardín hay musgo y hay enredaderas que caen de los árboles. Con Proust me siento en una constante fiesta de emociones íntimas que sólo con él puedo compartir, que él me da licencia de sentir. Quisiera compartir con mis amigos este jardín, quisiera que habitaran el mundo que vivo con Proust, con quien he llorado y a quien he acariciado para consolarle también.  Quisiera bailar descalzo con mis seres queridos en ese jardín y que nuestros pies se llenen de rocío y nos recostemos sobre el musgo. Quiero que subamos a los árboles y sintamos esa dicha que se experimenta cuando uno está por encima del suelo.

 

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Uvas y queso, Bernardo Job

 

Con todo lo anterior me refiero al ejercicio de un día poder conversar sobre Proust, pero para ello es necesario que mis amigos lo lean, que mis amigos se enamoren de él como yo lo estoy. Humberto Beck habla de Gabriel Zaid, quien dice que la auténtica lectura es concelebración: “la palabra comunicante como zona propensa a los encuentros felices”. Beck dice también que para Zaid la lectura humaniza la naturaleza y las cosas al leerlas. Quiero un encuentro feliz en el que demos vida a Proust y que habitemos su casa en Combray.

Cuando me levanto por las mañanas suelo sentir que antes de iniciar mi día debo tener algún tipo de estímulo, alguna idea que me haga volar la imaginación y me permita colorear la realidad. Cuando leo a Proust siento que en mi camino al trabajo comienzo a distinguir otros aspectos de la vida, que observo los gestos de las personas, que el mosaico de la cocina de mi oficina me ofrece un mundo de posibilidades. Proust me salva de la fatalidad de que todos los días pasen desapercibidos en mi existencia. Quiero lo mismo para mis amigos, porque quiero bailar con ellos en el jardín de la eterna melancolía, comiendo frutos frescos y sonriendo con la locura de los que supieron sumergirse, a través de la conversación y la lectura, en el mundo de las infinitas posibilidades.

Bernardo Job

¿Por qué la ola populista puede hacernos bien también?

Privilegio: Exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia (definición de la RAE).

Dudo ser el único que tiene miedo ante este giro político de escala mundial. Llevo meses intentando escribir algo respecto al tema, buscando la mejor manera de expresarlo en palabras y animarme a decir lo que pienso con prudencia.

Considero que este giro mundial que ha tomado la forma de una fuerte ola populista dice tener el propósito de volver a los “valores tradicionales” pero que debajo de ese disfraz de bondad se trata de xenofobia, racismo y discriminación en todas sus formas. Decía Camus: “He visto a personas que obraban mal con mucha moral…”. La pregunta que he intentado contestar dentro de mi cabeza y que he debatido conmigo mismo en silencio desde hace meses es, ¿por qué está sucediendo esto y qué hemos hecho mal para estar en una situación así?

Bien, partiré de donde creo que es el inicio de este pensamiento y cabalgaré hacia mi esperanzada conclusión. Pienso que desde que se decidió que la democracia sería el régimen ejemplar de los últimos tiempos, poco a poco ésta logró penetrar en diferentes esferas de la vida: la familia, el mundo laboral, el arte, la educación, entre otros. La democracia dio lugar a nuevos paradigmas que permearon mayormente a las sociedades occidentales. Tomaré un paradigma que yo considero de los más importantes: todos podemos, podemos lograr lo que nos propongamos, podemos ser creadores; podemos tener, emprender, participar y decidir.

En el pasado esto no era una realidad para las minorías, pero conforme fueron dándose condiciones para que individuos en desventaja pudiesen tener más oportunidades, poco a poco las minorías se fueron empoderando. La estructura anterior a ésta sólo permitía que el hombre blanco, heterosexual y de clase media pudiese acceder a las condiciones que permitían el desarrollo personal y el crecimiento. Por muchos muchos años el individuo privilegiado (como le llamo a este hombre blanco, heterosexual y de clase media) gozó de esta estructura desigual. Al cambiar la estructura gradualmente, se dieron casos de profesionistas mujeres, gays exitosos y afroamericanos e indígenas que ya podían estar en los mismos espacios públicos que los blancos. La línea que dividía la presencia del privilegio fue desdibujándose mientras el individuo privilegiado dormía en sus laureles, en su zona de confort.

Un día el individuo privilegiado despertó y vio que las minorías que consideraba inferiores estaban en el mismo terreno o por encima de él. ¿Cómo era esto posible si las mujeres son inferiores, los homosexuales, desviados sociales, y las etnias, infrahumanos? ¿Quién les otorgó el derecho a tener las mismas condiciones que el individuo privilegiado?

No quisiera dar un salto lógico brusco ni caer en la mención de falacias, pero lo que creo es que surgió frustración general en los individuos privilegiados. Una persona como Trump, individuo privilegiado, capitalizó la frustración de aquellos que perdieron el privilegio argumentando que estos habían sido olvidados por sus representantes políticos y que su voz no contaba. Se hizo uso de la democracia para hablar de la “voz del pueblo”. Trump buscó ganar las elecciones para reivindicar el privilegio y volver a poner a las minorías en el lugar que les corresponde por “naturaleza”.

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Como este evento desafortunado, el año 2016 tuvo otros cuantos más como el Brexit que llevaron a los liberales a desencantarse de la democracia como régimen ideal. Rápidamente se culpó a la democracia de no estar blindada ante individuos que atentaban contra los valores liberales y normativos de ésta. Sin embargo, considero que ésta ha sido una mala respuesta a lo que está sucediendo. Entiendo la tristeza y la desesperación. Lo que descalifico es la postura de desencanto total con el régimen democrático. Pienso que si a la primer falla o error que muestra algo o alguien queremos desecharlo o perdemos la fe total, es porque nunca creímos verdaderamente en ese algo o alguien.

Lo cierto es que algo ya andaba mal desde hace un tiempo, decayeron los niveles de participación política y electoral en las democracias occidentales. Creció la idea de que el voto individual se volvió insignificante y que tenía cada vez menos peso en las decisiones, lo cual es de alguna manera cierto. A pesar de ello, fue precisamente la falta de participación lo que abrió la puerta de oro a los populistas para determinar los resultados que se han obtenido. Esto no fue un error de la democracia, sino un error cívico de los ciudadanos liberales. Por otro lado, los votantes del ala populista ejercieron con entusiasmo el derecho al voto.

Creo que ahora que tenemos populistas de derecha por todo el mundo es momento de cuestionar las certezas y convicciones que teníamos, de ejercitar el pensamiento y de conocernos a través de ese “otro populista” hermético y cínico. Es momento de evaluar la dirección que estábamos tomando, qué tan rápido íbamos y repensar si es la mejor ruta. Los liberales no podemos imponer ni pretender que tenemos la verdad en las manos. Los liberales tenemos que poner a prueba constantemente lo que creemos y pensamos.

Ahora la democracia está a prueba, y con ella los que queremos mantenerla. Animemos los mecanismos democráticos de participación y hagamos el deber cívico, ocupemos el régimen de nuevo y asegurémonos de que quepamos todos. Por esto mismo creo que la ola populista es positiva como una antítesis a la vanidad liberal que habíamos instaurado. Si lo tomamos como una llamada para el crecimiento, podemos mejorar y dejar de ser débiles. No podemos desmoronarnos ante el primer ataque, aunque el ataque de la ola nos haya revolcado. Podemos aprender a surfear esta ola política con diálogo y determinación.

Mi mayor miedo no son los líderes populistas, mi mayor miedo es que los que podemos ser una oposición a otro posible desastre humanitario no hagamos contención. Me da miedo pensar que demostremos ser insoportablemente leves y banales, me niego a pensar que los liberales somos unos narcisos egoístas. Es importante darnos cuenta que la democracia fue algo que costó trabajo lograr y que a lo largo de los años los grupos de presión demandaron el derecho al voto que sólo los privilegiados tenían. Debemos cuidar, ejercitar y alimentar la democracia para poder salvarle de caer en la demagogia o la dictadura de las mayorías.

Bernardo Job

Diario de un guerrero: una batalla por la vida

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Escrito por: María José López García

Todos conocemos a una persona excepcional. Alguien cuya historia nos asombra y nos marca un parámetro al cual aspiramos llegar. Un ser que nos parece de otro mundo, que nos sensibiliza y que, sin buscarlo, se convierte en una fuente de inspiración. Una persona capaz de enseñar a los demás a través de la actitud con que asume lo que la vida le ponga enfrente.

Soy afortunada porque tuve el privilegio de conocer a una persona excepcional. Conocí al Gran Lalolópez: un esposo, un padre, un hermano, un primo, un tío, un amigo, un publicista, un jefe y un maestro fuera de serie, como ningún otro… inspirador.

Lalo es, fue y siempre será uno de los más grandes guerreros en la batalla por la vida. Un guerrero incansable y tenaz (terco) que creía que “la vida no se trata de alargarla, sino de ensancharla” y que, viviendo de acuerdo a sus convicciones, logró ensanchar lo más que pudo la suya.

18 de junio del 2013. Un día que comenzó como otro cualquiera, pero que traería consigo una noticia con el poder de cambiar la vida de Lalo por completo y para siempre: cáncer de colon con metástasis en el hígado y un pronóstico de pocos meses de vida. Estaba ante uno de los escenarios más terribles del cáncer, pero él sabía que “siempre tenemos una elección” y no dejaría que ningún cáncer cambiara eso. Le haría frente a su enemigo para no dejarse vencer.

En tiempo récord y sólo dos días después del diagnóstico, Lalo empezó la primera de sus incontables quimioterapias y para prepararse mejor para su lucha hacia la sanación total, diseñó una estrategia con tres objetivos principales:

1) Detener el crecimiento de la enfermedad con las quimioterapias,

2) Fortalecer el cuerpo cambiando su dieta y retomando el ejercicio y

3) Fortalecer mente y espíritu mediante la meditación y la programación mental que le permitirían visualizar su sistema inmunológico como algo poderoso e invencible (un ejército de Jedis) y a la enfermedad como algo débil, confundido y fácil de vencer (Storm Troopers).

Lalolópez nos enseñó a vivir esta lucha de manera divertida. La palabra “cáncer” dejó de darnos escalofríos cuando la renombró como “piscis”, un signo mucho más amigable. Nos hizo parte de esta aventura en la que gozamos todas las altas y dijimos “chale” con él en todas las bajas.

Lalo también decía que “lo único que te puedes exigir en la vida es hacerlo lo mejor que puedas”, y nos lo demostró al alcanzar la mejor versión de sí mismo. Afrontó la adversidad como sólo lo hacen las personas excepcionales y, aún durante sus propios tratamientos, ayudó a cuantos pudo. Creó la carrera del Pandatón con una mecánica diferente a todas, donde no existe una distancia predeterminada y en la que, desde el 2015, los kilómetros recorridos ayudan a otras personas en su lucha contra el cáncer.

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Lalo López en el Pandatón 2016

Soy testigo de que Lalo luchó hasta el último momento y, lo más importante de todo, ganó. No aceptó el pronóstico de que le quedaban sólo tres meses y continuó ensanchando su vida por más de tres años y medio. Logró crear un escuadrón de apoyo unido y nos dejó la filosofía de vida más bonita. Y aunque no puedo evitar sentirme inmensamente triste por su partida, sé que algún día lo volveré a ver. Mientras tanto, puedo hacerle la promesa de vivir día a día como él nos enseñó.

Si no conociste a Lalolópez, te recomiendo leer su blog “Diario de un Guerrero” (www.diariodeunguerrero.tumblr.com) donde cuenta su lucha de una manera única y muy divertida. Te aseguro que no pararás de leerlo hasta terminar la última página.

El mundo necesita más personas excepcionales. Si en tu vida existe una persona como Lalolópez, siéntete afortunado/a porque son quienes más lecciones importantes nos dejan. Si aún no conoces a nadie así, no te desanimes, quizá sea tiempo de que seas tú otro Lalolópez.

Gracias infinitas, Lalo.

 

 

A radicalizarse

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Del lat. tardío radicālis, y este der. del lat. radix, -īcis ‘raíz’.

  1. adj.Perteneciente o relativo a la raíz.
  2. adj.Fundamental o esencial.
  3. adj.Total o completo. Cambio radical.

 

Me pasa de vez en cuando que al escuchar a una persona defendiendo una postura de una manera tan tajante mi primera reacción es tomar la postura contraria. No necesariamente porque lo crea o porque estoy en contra de lo que dice sino simplemente como por un afán de balancear el universo (pues a veces siento que me toca).

No digo que no tenga que ver con mi gusto por una buena discusión, pero la historia del mundo tampoco se aleja mucho de esta realidad. Es más, hasta Newton lo dijo: “con toda acción siempre ocurre una reacción igual y contraria.” Así ante todo gran movimiento histórico, se ha visto surgir un contra-movimiento. En otras palabras, parece que de un extremo siempre se pasa al otro extremo.

Ahora bien, ante el surgimiento de un Trump, de un Brexit, de una Le Pen, sobran opiniones, posturas y análisis. Pero lo que me parece muy acertado es entender este momento como un contra-movimiento, tratar de entender de dónde venimos, a qué responden estos fenómenos. No podemos decir que hayan surgido de la nada, que es gente que no entiende de “progreso”, y quedarnos parados muy cómodamente defendiendo “ideas” que, de una u otra manera, propiciaron estas reacciones.

Independientemente de los individuos que representan estas ideas y lo criticables que sean, parece que hay dos grandes maneras de entender este momento. Por un lado, la gente que, conscientemente o no, apoya la revolución cultural que se ha dado en las últimas décadas y por lo tanto ve en estas situaciones un retroceso o, al menos, un freno. Y, por otro lado, gente harta de todos estos cambios culturales que sólo pueden ver en esto al fin un respiro.

Es indiscutible, por ejemplo, que Donald Trump ha creado un movimiento que se puede considerar por más de uno como una contrarrevolución cultural. Pero creo que el problema es que vean en esto una auténtica solución y el pensar que sólo así se pueden retomar muchos ideales que se creen perdidos. Mientras que la gente que está en contra piensa que la solución está en “radicalizarse” aún más. Irse más hacia el extremo cuando, en primer lugar, parte de estas ideas nos han traído hasta aquí.

Pienso que ahora sí es un buen momento para radicalizarse, pero en el sentido más estricto de la palabra. Volvamos a la raíz, a lo esencial. Tenemos la oportunidad de replantearnos todo lo que dábamos por hecho desde hace ya varios años. Entendamos lo que nos ha traído a este momento y seamos capaces de aceptar en donde nos hemos equivocado. Radicalicémonos, volvamos a lo fundamental, al ser humano. Sabemos que irse al extremo sólo traerá una reacción contraria y el mundo ya no necesita más confrontaciones sino encuentro. Busquémonos y reencontrémonos. Es hora de radicalizarse.

Tengamos perspectiva histórica, esto no es nuevo

Difícil conciliar el sueño antenoche cuando una pesadilla se estaba volviendo realidad: Donald Trump, presidente electo. Por otro lado, mi día había terminado de manera maravillosa. Muchas emociones. Pensaba, ¿por qué? ¿por qué elegir el racismo, sexismo, clasismo, egoísmo en lugar de elegir la continuación de la búsqueda por la igualdad y la libertad?

Estoy esbozando aquí opiniones basadas en información, pueden resultar correctas, o pueden resultar equivocadas, y están destinadas a desafiar y ser parte de un diálogo más amplio.

Mi teoría es que la perspectiva de la mayoría de los pueblos de la historia se limita a la experiencia comunicada por sus padres y abuelos, por lo que 50-100 años. Para ir más allá de eso hay que leer, estudiar y aprender a desenmarañar la propaganda que es inevitable en todos los relatos de la historia. En pocas palabras, en la universidad fallaría un papel si no comparara al menos dos, si no tres opiniones opuestas sobre un tema. Por lo tanto, alejándonos, los humanos tenemos el hábito de entrar en fases de destrucción masiva, generalmente autoimpuesta hasta cierto punto u otro. Estoy interesada en la Muerte Negra, que devastó Europa.Para aquellos en medio de la plaga debe haberse sentido como el fin del mundo.

Pero una característica definitoria de los seres humanos es su resiliencia. Para nosotros ahora parece obvio que sobrevivimos a la plaga, pero a la gente en ese momento debe haberle parecido increíble que su sociedad continuó después. De hecho, muchos asumen que la Muerte Negra tuvo un impacto positivo en el largo plazo. La trágica despoblación creó la escasez de trabajadores. Esta escasez hizo subir los salarios. Los precios de los productos también cayeron. En consecuencia, aumentaron los niveles de vida.

Pero para las personas que la vivieron debe haber sido inconcebible que los seres humanos pudieran levantarse de ella. Tal como ocurrió en el colapso del Imperio Romano, la Muerte Negra, la Inquisición española, la Guerra de los Treinta Años, la Guerra Civil Inglesa … es una larga lista. Eventos de destrucción masiva de los cuales la humanidad se recuperó y se movió, a menudo en mejor forma.

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Más tarde, para los historiadores todo tiene sentido y ven claramente cómo una cosa llevó a otra. La batalla de Somme fue resultado directo del asesinato de un archiduque austríaco en Bosnia. Dudo mucho que en aquel momento alguien pensara que el asesinato de un rey europeo daría lugar a la muerte de 17 millones de personas.
Mi punto es que este es un ciclo. Sucede una y otra vez, pero como la mayoría de las personas sólo tienen una perspectiva histórica de 50-100 años, no ven que está sucediendo de nuevo. A medida que se desarrollaban los acontecimientos que dieron lugar a la Primera Guerra Mundial, hubo algunas mentes brillantes que empezaron a advertir que algo terrible venía en camino, pero fueron despedidos como histéricos o tontos.

La gente busca chivos expiatorios, un líder capta el estado de ánimo popular, y escoge a ese chivo expiatorio. Él habla con una determinada retórica y los tambores de la cólera y del odio son la música de fondo. Pero en ese momento la gente no se da cuenta de que se está embarcando en una ruta que conducirá a un período de destrucción. Este ciclo parece estar sucediendo de nuevo. Pero como antes, la gente que lo votó no puede verlo porque:
1. Sólo miran el presente, no el pasado o el futuro.
2. Ellos sólo están mirando de inmediato a su alrededor, no en cómo los eventos se conectan a nivel mundial.
3. No están abiertos a escuchar opiniones opuestas.

Trump está haciendo esto en América. Él está usando la pasión, la ira y la retórica de la misma manera que todos sus predecesores hicieron, un narcisista carismático que se alimenta de la multitud para ser cada vez más fuerte. El punto más relevante es que la historia generalmente juega de la misma manera cada vez que alguien como él se convierte en el jefe.

¿Qué podemos hacer? Debemos tener cuidado de no dividirnos y contrarrestar los mensajes populistas de pasión e ira con nuevos mensajes. Necesitamos entender y usar los medios sociales. Necesitamos aprovechar un miedo diferente. El temor de otra guerra mundial casi paró la Segunda Guerra Mundial, pero no lo hizo. Recordemos que vivir en democracias significa tener esperanza de que un cambio siempre es posible. Es vital esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción.

Alguien, que como muchos de ustedes, tiene fe en un mundo mejor.

De acuerdo

“Nuestras sociedades no se caracterizan por el consenso, sino por la discusión permanente, y a ésta los medios contribuyen no en pequeña medida.”

 

Parece que vivimos en el momento ideal para el diálogo. ¿Por qué ideal? Porque las actuales formas de comunicación y redes sociales nos permiten tener un diálogo que existe sólo en nuestra mente. Porque somos capaces de decir nuestras ideas sin tener que esperar a que alguien reaccione ante ellas. Porque tenemos el poder de quedarnos sólo con las respuestas que nos gustan. Porque bienvenido el diálogo cuando coincidimos y de otra manera no nos interesa.

Lo más preocupante que ha ejemplificado esta nueva manera de “comunicación” (si es que así se le puede llamar), es que parece que únicamente existen dos posturas para todos los aspectos de la vida, todo puede resumirse en estar a favor o en contra de algo, sí o no, blanco o negro. Dos únicas maneras de ver el mundo, opuestas e irreconciliables entre sí.

Si esto fuera así, la convivencia sería imposible. Y la historia de la humanidad sería una eterna confrontación e imposición, así como la política sería únicamente la institucionalización de la postura más fuerte en determinado momento.

Es como si cada vez nos fuera más difícil encontrar puntos de acuerdo, escuchar sin tener la necesidad de responder, tratar de entender. Si partimos de que estamos bien y los que están en desacuerdo están mal, ¿realmente se puede buscar o siquiera hablar de un bien común?

Puede ser que la ilusión democrática nos haya llevado a pensar que las decisiones son sólo una cuestión de mayoría y que nuestro único deber es “tolerar” las ideas distintas. Puede ser que hayamos dejado a un lado otras virtudes democráticas como dialogar, conciliar, ceder, negociar.

Me atrevo a decir que para mejorar la convivencia social no es necesario que todos pensemos igual ni únicamente apelar a la “tolerancia” de otras ideas. No. Para ser realmente capaces de construir la sociedad que queremos, sí, la que todos queremos, es importante dejar de descalificar al otro, al que no entiendo. Pero lo más importante es empezar a buscar puntos de acuerdo. Dejemos ese afán de tratar de ganar cada discusión y aprendamos a conciliar, a saber tomar lo mejor de todas las posturas que escuchamos en vez de polarizar cada vez más el debate. Profundicemos también en el entendimiento de nuestra época y de nuestras opiniones.

¿Por qué nos hemos conformado con el interés de la mayoría en vez de buscar un bien común? El concebir al mundo como un constante “nosotros contra ellos” sólo puede traducirse en una sociedad dividida y enojada. Quizá sea hora de empezar a construir.