La vida como arte

¿Alguna vez has sentido gozo, placer o inquietud al descubrir algo nuevo? Algo que inquieta tus sentidos y explota cada parte de tu interior. Para mí, eso es el arte.

Una pintura que evoca una emoción dentro de mí, una canción que logra conmoverme hasta las lágrimas, un libro que exalta cada hueso de mi cuerpo, ¡qué delicia provoca en mi ser cualquiera de estos sentimientos!

Por esto mismo, he decidido que cierta belleza debe ser compartida, debe ser conocida por los demás. Un concierto de Tchaikovski, una pintura de Monet, un libro de Dostoievski; éstas son mis definiciones de felicidad pura. Solamente puedo pensar, qué increíble que algo tan hermoso pueda ser plasmado en el arte.

Claude Monet

Claude Monet

Sin embargo, la apreciación del arte es diferente en cada uno de nosotros. Es a través de nuestras experiencias y vivencias mediante las cuales definimos aquello que nos mueve y apasiona. En cada parte de nuestra vida escogemos cierto tipo de arte al que nos relacionamos. Nos identificamos con un personaje, con una canción. El arte da sentido a nuestra vida, muchas veces incluso hasta nos refugiamos en ella. Es un arma de doble filo; puede ayudarnos a superar experiencias y a crecer o puede condenarnos y confundirnos aún más. Es lo bello y lo terrible del arte.

Al ser influenciados por artistas, nosotros mismos nos volvemos artistas de nuestra propia vida. Día a día decidimos qué tipo de arte estamos dispuestos a rechazar y cuál estamos dispuestos a conservar. Vamos construyendo nuestra obra maestra a través de cada pincelada, cada nota, cada página. No queda ni una parte del lienzo en blanco e incluso artistas externos experimentan con nuestro cuadro; cada pincelada es una marca. Al final, lo que queda es una pieza única y original, lo que la hace aún más bella.

Mi recomendación: escoge tus colores, escoge tus notas, no dejes páginas en blanco. No olvides lo increíble que es el arte, lo increíble que es la vida.

Karla V. Ramos

(@KarlaVRamos)

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El arte como terapia, Alain de Botton

El pasado 19 de junio tuvo lugar en el Centro Nacional de las Artes, el Seminario Arte y Ciencia: Terapia y Pathos en el Arte. El evento fue transmitido por Internet y tuve la oportunidad de coincidir con la ponencia del Dr. Alain de Botton, quien presentó el tema Art as Therapy.

De Botton dice que necesitamos el arte como esperanza, como algo que nos permita seguir. Buscamos lo bello cuando adentro todo es oscuro y acudimos al arte como a un amigo cuando estamos en tristeza.

Añade que el arte es buscado conforme a aquello que nos falta, buscamos comunicación con lo otro o con el otro. Cada uno busca en el arte algo distinto y por ello todos tenemos distintos gustos. El arte nos equilibra y con el otro sabemos que somos, nos contraponemos y al equilibrarnos con lo que nos falta, nos construimos. El arte también nos construye.

La Venus del Espejo - Velázquez

La Venus del Espejo – Velázquez

El arte puede ser conciencia en la actualidad. Así lo menciona Octavio Paz en su ensayo El poeta Buñuel: “El arte, cuando es libre, es testimonio, conciencia”. El arte es crítica y con él podemos evaluar, como dice De Botton, el mundo en el que vivimos. Por medio de la belleza del arte podemos evaluar la corrupción de nuestros sentidos y nuestra forma de valorar las cosas en el mundo moderno. Necesitamos el arte cuando estamos a punto de ser malos.

Alain de Botton habla del arte como terapia para muchas cosas. Para la ciencia, la política y para el arte mismo. Terapia para uno y para todos. Podemos contraponer nuestro frenesí en el materialismo, la prisa o el consumismo con la belleza de alguna obra que nos muestre la sencillez y la calma de la vida. Podemos darnos cuenta qué tan inmersos estamos con una forma de vida que quizá no sea sana. 

Finalmente, De Botton dice que no podemos poner una barrera entre política y arte, sino que todo es parte de lo mismo. Que para entender bien al arte se debe hacer holísticamente.

B. Job Sandoval

Zona Maco: ¿Qué es el arte contemporáneo?

El domingo asistí al último día de la 11° edición de la feria de arte contemporáneo más importante de Latinoamérica, la cual se celebra en el centro Banamex de la Ciudad de México.

Rogelio López Cuenca

Es una feria muy concurrida. Hice una fila muy larga para entrar. En cuanto uno entra a la sala, puede empaparse ya de un público deseoso de encontrar algo diferente, de acercarse a las obras de arte, de sentir algo distinto. Puede sentirse el deseo de los espectadores por hacer a las obras responsables de un sentimiento. Otros incluso se esfuerzan por sentir algo. Uno puede sentir un ambiente cargado de vestimentas originales, por individuos estrafalarios, por moda, por sofisticación, características del ambiente artístico de nuestros tiempos. Unos lo definen como hipster, otros como postmoderno, otros simplemente lo tachan de pretensión.

En fin, lo único que puedo decir yo es que esta es la era de los individuos que buscan distinguirse de los otros. Lo anterior puede verse reflejado en las obras mismas. Su significado no está en la belleza de la obras o en su estructura. Ni siquiera creo que la belleza del arte contemporáneo esté en la perfección de ésta. Es más, no creo que haya algún acuerdo respecto al arte contemporáneo. Desde que hacía fila para entrar escuchaba comentarios de personas que decían: “yo no entiendo mucho de esto, pero mi amiga me puede explicar”, otros decían: “qué es lo que tengo que apreciar aquí”, y yo simplemente pensaba que, a mi manera de ver este nuevo arte hijo de la posmodernidad, no hay nada qué explicar.

Hubo un artista colombiano que hizo una dinámica muy interesante. Primero elaboró una trama de rombos en el suelo con café molido. Después lo deshizo y lo desordenó. Finalmente permitió que alguien del público pasara a caminar sobre el café. Ahí fue cuando yo me animé a pasar y caminar un poco sobre el café. Una experiencia interesante que llamó mucho mi atención de toda la expo.

Todo está dicho en la obra misma. Quizá no hay mucho qué decir. No hay un patrón en ninguna obra. No hay un sentimiento común. Ahora ser hijos del mismo tiempo y estar asociados a una misma época no quiere decir lo mismo. El punto es que el objetivo de este arte es la genialidad misma. Es crear caras de sorpresa más que de crear un sentimiento estético en las personas.

La verdad es que me cuesta hacer juicios respecto a este fenómeno artístico. Lo que puedo describir más que explicar, es que se hace uso de colores vivos y chillones. Se recurre al uso de telas, de materiales, de fibras, de relieves. No se trata ya de la sencillez en los materiales y la complejidad en la técnica. Aquí los materiales dicen más. Sólo basta una buena idea. Por otro lado, puedo ver que cada vez se asiste más al recurso de las letras y las frases. El arte contemporáneo no se puede explicar ya solo porque no todos vemos lo mismo, por eso tiene que escribir lo que quiere decir. Este un arte que se ha trasladado a la palabras.

Aquí no hay una regla de juego que todos sigan. Sólo existe la lógica de la originalidad, que cada quien busca a su manera. Es esta la era del individualismo. La era de la expresión narcisista. La era del hombre que entiende lo que hace en un mundo aislado de los demás. De los hombres que van a las exposiciones esperando entender algo sin tomar en cuenta que el artista es quien sabe lo que hace porque no hay suelo común. Una exposición de la que muchos salen con muchas imágenes pero con pocos significados. Y no digo que esto sea negativo, sólo describo los acontecimientos. Creo que es la característica de la época que se vive y creo que el arte refleja todo ello. Aunque me queda siempre la duda de si eso puede llamarse arte.  ¿No será que el arte ha muerto y que estamos en la era del “no arte”? Me refiero a la era de la negación del arte.

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B. Job Sandoval