Que la vida que se quiere no suceda sólo en la imaginación

Hoy en la mañana pensaba que las grandes metas comienzan siendo sueños. Empezamos a construir el destino que buscamos en la mente, la cual es una gran fábrica de ideas. Las ideas a su vez nos hacen movernos hacia lo que queremos conseguir si es que esa idea tiene un peso sentimental significativo y, aunque fallemos, tratamos de buscar los mejores medios para alcanzar los objetivos.

Sin embargo, sucede que podemos ser incoherentes entre nuestro accionar y las metas que queremos conseguir en la vida, y ¿cómo darnos cuenta? Justo eso pensaba en mi trayecto de casa a la escuela.

Pensaba que en ocasiones es difícil saber lo que se quiere y situarnos en el camino que nos lleva al lugar deseado. La realidad actual presenta muchas alternativas, presiones e incluso condiciones en el momento de tomar las decisiones, como decidir una carrera, buscar un trabajo o decidir con qué persona queremos compartir nuestra vida.

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En este sentido, creo que una buena forma de darnos cuenta de la efectividad de nuestras decisiones para lograr la satisfacción buscada es preguntarnos qué porcentaje de la vida que queremos sucede sólo en nuestra mente o imaginación, y qué porcentaje estamos construyendo o se está realizando en nuestra vida material y tangible. Con esto me refiero a que puede ser preocupante que la vida que queremos se quede en nuestros sueños y terminemos nuestra existencia deseando haber logrado los objetivos anhelados.

Así, mi reflexión invita a quienes me leen a cuestionarse cuánto de lo que queremos está sucediendo o construyéndose con nuestro accionar diario o en la forma de vida que escogimos y estamos viviendo, con la finalidad de tomar cartas en el asunto. Un poco de valentía o respeto a nuestros ideales podría hacernos más felices, un poco de lealtad podría acercarnos más a la materialización de nuestros ideales concretos y espirituales. En conclusión, nunca es tarde para cambiar de camino o de contexto, porque quizá logremos así una correlación más grande entre lo deseado y lo vivido.

B. Job Sandoval

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Escribir es conocer las propias inclinaciones

Estos días he estado pensando que quizá el conocimiento del humano nunca será exacto y que por eso mismo, saber quién es uno mismo se complica aún más. A esto sumemos la imposibilidad de ver y experimentar el yo. Los humanos no estamos sujetos a una solución por medio de una fórmula matemática y no somos predecibles; realmente avanzamos sin saber a ciencia cierta cuál es la dirección del camino que estamos tomando ni cuál es nuestra pendiente. No somos tan exactos ni precisos como las matemáticas. El humano es indemostrable.

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Hoy en la mañana caminaba muy temprano hacia mi servicio social y pensaba que quizá escribir es una buena forma de aproximarnos a nuestra esencia. Me explico:

Realmente pienso que muchas veces no nos animamos a escribir algo porque no encontramos inspiración, porque pensamos que no somos buenos en ello o que de nada sirve hacerlo, entre otras razones. Y el día de hoy yo invito a todos los que lleguen a leer este post a escribir.

¿Por qué los invito a escribir? Porque en muchas ocasiones, llegamos a abrir notas, fragmentos o escritos que hicimos en el pasado y nos encontramos con que hemos cambiado, crecido o madurado. Cuando uno lee a su “otro yo”, que no es otro sino el mismo pero diferente, se puede notar que vamos avanzando y que la forma de percibir, sentir y experimentar el mundo también cambia. ¿Y para qué nos sirve saber esto?

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Relacionando esto burdamente con las rectas en un plano cartesiano, podría decir que leer notas del pasado en el momento presente es como voltear a ver nuestra existencia pasada desde un punto distinto. Me refiero a cuando queremos conocer la pendiente de una recta y nos dan dos puntos; con esto podemos saber cuál es la inclinación y si derivamos una función sabemos cuál es el cambio. Así es como intento explicar que leernos es una buena forma de saber quiénes somos, hacia dónde hemos avanzado y cuáles son nuestras tendencias.

Escribir y leernos en el futuro es una excelente forma de retomar el camino de nuestra existencia si es que sentimos que nos hemos desviado un poco de nuestros ideales o de nuestra meta en la vida. Considero que si bien no podemos saber ex-ante nuestras inclinaciones de manera muy precisa, sí podemos saberlo ex-post. Leyéndonos podemos hacer una trayectoria de nuestra existencia y conocer cuál es nuestra función, incluso hacer que sea coherente nuestra ecuación si es que estamos cometiendo errores en la operación.

No sé si he logrado expresar este sentimiento correctamente al relacionarlo con el álgebra lineal, pero mi objetivo es expresar mis pensamientos matutinos y compartir mi visión de la escritura, un acto que amo y que busco desarrollar. Un acto que me permite construirme y saber quién soy. Cuando me leo puedo ver una tendencia, que cambia o que se mantiene. Sé que día a día avanzo hacia algún lugar y leer me permite encontrar a la persona que he construido y que a pesar de mis constantes elevaciones y descensos, mi función es la misma aunque cambie mi ordenada.

B. Job Sandoval