Las ilusiones como cura al hastío de la vida

Estos días de descanso he tratado de sintetizar algo que he podido observar a lo largo de un tiempo en el comportamiento humano, algo que no puedo afirmar precisamente pero puedo expresarlo así: al hombre no le gusta tocar la vida con sus propias manos, ni pisarla con el pie descalzo. No le gusta pensarla como la observa a priori, ni vivirla con su ser aterrizado totalmente sobre el duro y frío asfalto sobre el que peregrinamos.

Invito a reflexionar esto porque es curioso cómo la mente humana siente la necesidad de estar constantemente creando “motivos”, ilusiones, entes, seres supraterrenales. En fin, existe la necesidad de estar dando un sentido a la vida fuera de la simpleza de la vida misma. Reitero, es ésta una mera reflexión personal, quizá sesgada por las propias vivencias.

Y me permito continuar con mi argumento preguntando, ¿es estar en pleno contacto con la vida y su agresiva naturaleza algo imposible? ¿Es posible ver a futuro y explicar la realidad sin disfrazarla o sacralizarla?

En la película “Conocerás al hombre de tus sueños” de Woody Allen, pude ver materializada en cierta medida mi visión de esto. La psique tiene un tope y eso es la incertidumbre. Es un verdadero obstáculo para ella. La nada es su mayor miedo. A la incertidumbre trata de evadirla, primero engañándose a sí misma con falsos atajos, con los cuales se conforma, dándole a su propia conciencia la explicación que más le convenga a su forma de vida. A la nada no la puede soportar por lo que la llena de aquello que mayor satisfacción le brinda. Y así vamos por la vida “resolviendo” un fenómeno que no es del todo posible resolver como es la misma incertidumbre y llenando una nada que se vacía constantemente ante una condición humana que no se sacia. Una nada que es el perpetuo jaque mate de la vida.

Y no sé si se trata en sí de buscar la esencia de la existencia al estilo existencialista de Heiddeger, pero creo, ya alejado del pensamiento heiddegeriano, que sí es verdaderamente difícil pensar que las cosas que nos suceden pueden no tener razón alguna, llevándonos a la idea de que somos seres abandonados a nuestra suerte y que no hay nada especial en la existencia humana. Que nos vemos amenazados ante los mismos fenómenos que todo lo que nos rodea y que estamos forzados a construir grandes estructuras, instituciones, dioses, energías y fuerzas sobrenaturales que nos defiendan de algo que no vemos. Queremos taparnos inútilmente de la rudeza de la vida, pues esta rudeza se filtra como la humedad ante nuestras falsas esperanzas de protección.

Finalmente, si tratáramos de vivir de manera simple sin preocuparnos excesivamente por lo que nos depara y dejar de pensar en la nada, algo que no es verdaderamente cognoscible por no ser algo existente, ¿podríamos tocar la frialdad de la vida sin quemarnos? ¿Podríamos soportarla sin agonizar? ¿Sería posible una existencia sin búsqueda de consuelos?

B. Job Sandoval

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