La dualidad femenino-masculino, la raja y el falo

Masculinidad y feminidad. Yo crecí pensando que la primera se atribuye al hombre y la segunda a la mujer. Sin embargo estos días he estado repensando cátedras de maestros, pláticas con amigos y he estado leyendo algunos textos que han removido mi interés en este tema.

Un profesor solía hablarnos de la feminidad como aquello que desde tiempos remotos ha sido violado, penetrado, profanado. Es así como se ha transgredido LA paz, se profana LA vida, se destruye LA tierra, se abusa de LA inocencia. Así entonces ¿podemos considerar el atributo femenino como aquello que está destinado a ser perturbado?

Otra profesora nos platicaba, cuando estudiábamos a Freud, que las armas, cañones y misiles son posibles deseos masculinos por extender el poder del pene, el poder de la masculinidad. Y en este sentido me pregunto si es el atributo masculino, independientemente del género, aquel que siempre busca transgredir las cosas, extender su poder, penetrar el mundo.

Lo anterior puede ser relacionado con el Yin Yang donde el yin es el principio femenino, la tierra, la oscuridad, la pasividad y la absorción; mientras que el yang es el principio masculino, el cielo, la luz, la actividad y la penetración.

En el laberinto de la soledad, Octavio Paz habla del verbo “rajar” en México, y dice que en nuestro país los hombres lo toman como algo que no puede pasar entre machos, pero ¿qué es rajar? Rajar es abrirse, es dejar ser penetrado por el otro. Paz dice también que el atributo de estar “rajado” pertenece a las mujeres desde su nacimiento. Es precisamente esto lo que hoy me hizo escribir sobre esto, y repensar el argumento de la feminidad débil y la masculinidad fuerte. Los “fuertes” no deben rajarse. Es como si sólo las masculinidades pudiesen sentirse capaces de hablar de respeto e imposición. Una guerra se da entre los fuertes,mientras que a los débiles sólo les toca esperar que los cañones penetren sus fronteras, que violen su paz. Y en este sentido, es probable que todos nuestros atributos femeninos como la inocencia, la bondad, la belleza, sean vulnerables a los impulsos masculinos. Entonces sería un error pensar que sólo las mujeres son las débiles.Yin Yang

Sin embargo ¿es la feminidad algo particular de las mujeres, o la masculinidad de los hombres? Una amiga mía piensa que ambos atributos existen en todas las personas. Que en cada individuo surgen características que pueden ser femeninas y masculinas. Que suele haber mujeres donde predomina la masculinidad y hombres donde existen muchas manifestaciones femeninas. Y no me refiero a homosexualidad, pues incluso en las relaciones homosexuales existen individuos más femeninos o más masculinos que sus parejas. Hay un verdadero prejuicio respecto a estos atributos que tiene repercusiones en la forma que vivimos.

Pero podemos equivocarnos si pensamos que las partes femeninas serán débiles todo el tiempo, pues como dice Paz, a lo largo de la historia hemos tomado a las mujeres como seres vulnerables, que de tanto sufrimiento se vuelven fuertes y estoicas, se vuelven masculinas sin dejar de ser femeninas, que trascienden su condición y adquieren los mismo atributos que el hombre.

Cito a Paz: “En un mundo hecho a la imagen de los hombres, la mujer es sólo un reflejo de la voluntad y querer masculinos”. Sin embargo, actualmente vemos movimientos feministas que buscan acabar con la fuerza física y psicológica que determina el papel de la mujer, una imagen muy arraigada a lo largo del tiempo. Y de acuerdo a todo el argumento aquí desarrollado, yo podría entender así los movimientos feministas no sólo como un movimiento en defensa de la mujer sino de todas las cosas que tienen carácter de femenino, como la paz, la justicia, la vida, entre otros. Quizá esta es la era en la que el sometimiento de lo pasivo ha traído consigo su carácter activista.  La parte femenina del mundo busca retomar su papel y recuperar su balance. El equilibrio no puede ser logrado sin la participación equitativa de las fuerzas que dan lugar a ello. Y si el mundo requiere de su equilibrio en la dimensión femenino-masculino, entonces yendo a la esfera individual, el hombre y la mujer requerirían del correcto equilibrio entre lo masculino y lo femenino, siendo la forma en la que vivimos un manera incorrecta de vivir, pues hemos atribuido lo masculino y lo femenino a algún género en particular.

La mujer no quiere ser solamente el medio por el cual se da la vida. No quiere ser el instrumento por el cual se hace posible la voluntad de la vida. No quiere caracterizarse como tierra fértil. Quiere ser ella el fin y el medio, quiere ser dueña de su tierra y su impulso reproductor. Una comunión consensuada, donde la penetración sea un acuerdo y no una imposición.

Y ¿por qué dar a la penetración una connotación negativa cuando gracias a la penetración existe la vida? ¿Cómo sería posible la vida si no penetramos los vientres y las tierras? ¿Cómo habría comunicación entre los hombres si no penetran sus silencios y no intersectan sus mundos? La mujer está rajada no por débil o incapaz de defenderse sino por su atributo femenino que permite la vida. Y no se tiene falo porque uno tenga que estar penetrando todo lo que se le cruza sin tomar en cuenta la voluntad del otro, sino porque gracias al falo existe la comunión con lo rajado.

B. Job Sandoval

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