La soledad ante la presencia creciente del mundo virtual

Foto: Bernardo J. SandovalMe atrevo a hablar del mundo que vivo como una realidad dual. Lo tangible ha tejido canales de comunicación con lo virtual y se han interrelacionado fuertemente. La vida ya no se caracteriza sólo por la relaciones interpersonales concretas del día a día, sino que han emergido nuevas formas de conectarse con los otros. Nuevos medios de interacción y así, se han creado nuevos lenguajes que son accesibles, quizá no económicamente pero sí cognitivamente a todos.

Y mi pregunta es, ¿es posible experimentar la soledad ante la presencia de un mundo virtual que se hace notar en cada notificación, llamada, mensaje, whatsapp, entre otras manifestaciones intermitentes?

Sin pretender ser conservador en este sentido e intentar hacer una reflexión de este fenómeno, es bastante claro que este nuevo mundo ha logrado influir en nuestro comportamiento real, se ha inmiscuido en la lógica de la vida social y laboral, así como en el mercado y la información, y nos hemos habituado, al menos parcialmente, a estar constantemente asomándonos a la realidad virtual. Vivimos ya ante las exigencias de dos mundos que exigen un comportamiento determinado, y mi segunda pregunta es ¿podemos realmente aislarnos ya de un consenso no escrito de comportamiento que domina ya a grandes masas? ¿Podemos permitirnos alejarnos de una tendencia masiva a la cual se han abandonado muchos? ¿Realmente estamos condicionados a tener que formar parte de esta población virtual?

Mi penúltima pregunta no busca ser fatalista, pero ¿llegará el día en el que abandonemos el mundo tangible? ¿Encontraremos momentos de soledad en el mundo virtual?

Finalmente, ¿se crearán normas o instituciones en este nuevo mundo?

Son sólo preguntas que llegan a mi mente, mismas que quizá no es posible responder ahora o que es posible que parezcan ingenuas, pero veo a la soledad del mundo real como un fenómeno que se extingue a cada momento y que sólo pocos individuos en el mundo pueden gozar, lo hombres del rezago tecnológico.

B. Job Sandoval

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