El (des)amor en los tiempos del sismo

Autor invitado: Iván Monzalvo

@aiihMonzalvo

Todos tenemos una historia con el sismo 19s. Como cada experiencia fue particular, la historias son únicas, ninguna es igual. Hay de todos los tipos; graciosas, divertidas, impresionantes, dolorosas. Además de las que ya todos conocemos, como la de Frida, la heroína de cuatro patas, o la de la otra Frida, la niña fantasma, hay otras tantas que merecen la pena ser contadas, como la del cirujano que se decidió continuar la cirugía en pleno sismo, o la del señor que fue de los llamados niños milagro del 85, porque habían quedado enterrados en los escombros durante algunos días, quedó atrapado en los escombros tras el 19s y volvió a sobrevivir.

Hay muchas historias, algunas reales, otras falsas, muchas conocidas y otras de las que jamás escucharemos. Hay unas de valentía, otras de amor, otras de coraje, y mil cosas más. La mía es de desamor.

Esta es mi historia sobre cómo viví el 19s.

Semanas antes comencé a salir con la chava que me movía el tapete desde que yo era AJEF. Nos conocíamos desde entonces pero nunca nos hablamos, sino hasta unas semanas antes del 19s.

Todo fue tan rápido, en realidad.

En ese momento ella atravesaba por una dura ruptura. Yo había caído en una terrible monotonía en mi antiguo empleo en el banco, pero recién había sido aceptado en la especialidad.

Coincidimos en un momento en el que ambos nos necesitábamos.

Pero con esa misma facilidad y a la misma velocidad con la que nos encontramos y nos quisimos, también todo acabó; fue una historia de amor exprés.

Después del 15 de septiembre tuvimos una discusión que no pudimos superar.

No nos hablamos sino hasta el 18 de septiembre, pero sólo para agendar una cita al día siguiente para platicar.

Ambos sabíamos que el 19 todo iba a terminar. Ya estaba escrito.

Recuerdo que nos quedamos de ver a la 1 afuera de su oficina. Trabajábamos muy cerca, a unos 15 minutos caminando. Mi oficina estaba en Mixcoac 108, y ella trabajaba en Torre Diamante en Insurgentes.

Resignado, llegué a su oficina. Ella demoró en bajar.

Nos saludamos con frialdad. No recuerdo qué usábamos, pero sí que ella traía una muleta porque se había lastimado la rodilla. Íbamos a ir a la pizzería que estaba frente a su edificio. Ahí acabaría todo.

No hablamos nada en los pocos pasos que hay de su oficina a la pizzería, y justo al llegar nos detuvimos. Era nuestra última oportunidad para retractarnos. Yo no quería entrar porque sabía que ese era el final. Ella lo dudó un momento porque también lo sabía, pero instantes después, con firmeza iba a subir el primer escalón de la entrada.

Ese paso lo vi en cámara lenta. Rogaba porque pasara lo que fuera porque ella no terminara de dar ese paso.

Justo cuando puso un pie, la tierra se sacudió.

Les juro que fue así de dramático como se los cuento.

Poco después sonó lo alarma, se cayeron algunos postes, el metrobús se salió de su carril y provocó algunos accidentes, enormes contingentes de gente comenzaron a salir de los edificios, las personas gritaban, lloraban, oraban. El caos no tardó en llegar.

Me quedé estupefacto. No lo podía creer.

Ella, aunque con miedo, se mantuvo serena.

No supimos qué hacer, pero por la forma en que nos abrazamos, creímos que estaríamos juntos mucho tiempo más. Pero no fue así.

Fuimos a su oficina por sus cosas, y después a la mía por las mías y por el carro. Camino a su casa nos hicimos 3 horas, en un trayecto que normalmente es de 40 minutos, de Insurgentes a la Condesa.

En el radio veníamos oyendo cómo muchos edificios en la Roma habían colapsado. Y al mirar por las ventanas del carro comprobábamos el desastre.

Cuando en el radio dijeron que el epicentro tuvo lugar en Morelos, ella rompió en llanto porque su papá estaba allá.

Todo era incertidumbre. Todo menos nosotros, lo nuestro. Pero no por mucho.

Días después, ella se entregó en cuerpo y alma en labores de reconstrucción. Incluso se fue a otros estados para continuar con ese trabajo, y renunció a una prometedora carrera en la Agencia Espacial Mexicana para ayudar.

Mientras yo sólo intentaba recobrar mi vida.

Ella me insistía mucho en que renunciara para que levantáramos juntos a la ciudad, pero yo, en un acto de cobardía, que en su momento pensé que era responsabilidad, decidí volver al banco. Lo dijo con toda franqueza: el banco es un cáncer en tu vida, Iván.

Ella no toleró mi tibieza y terminamos separándonos, y de hecho no quedamos en los mejores términos.

Varios días después la busqué para intentar solucionarlo, pero mi intento no pasó más que de una jornada conjunta para transportar víveres. Hasta ahora nos vemos y no nos hablamos.

Pero después de una larga serie de reflexiones personales, y algunas otras condiciones, hacia finales del año pasado, recordándola y gracias a ella, me atreví a renunciar al banco, y tal parece que ella siempre tuvo razón; al parecer era un cáncer en mi vida, pues desde ese momento todo me ha salido bien.

Por eso decidí hacer mi investigación final de la especialidad sobre el rumbo de la reconstrucción tras el 19s, y dedicársela.

Así es como se vive el (des)amor en los tiempos del sismo.

¿Ustedes cómo lo vivieron? ¿Cuáles son sus historias?

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Jóvenes con México #CSW60

Autora invitada: Olivia Serrano

Nueva York, Estados Unidos

“More than ever before in human history, we share a common destiny. We can master it only if we face it together. And that is why we have the United Nations.”
Kofi Annan

El día 16 de marzo del 2016 a las 13 horas de Nueva York, el Embajador Juan José Gómez Camacho, recibió en las oficinas de la Misión Permanente de México, a un grupo de 20 jóvenes mexicanos que participaban en la Comisión del Estatus Jurídico y Social de la Mujer (CSW por sus siglas en inglés).

La CSW es un evento anual de la Organización de Naciones Unidas que se lleva a cabo durante dos semanas de Marzo en el que convoca a los países miembros y Organizaciones de la Sociedad Civil a dialogar sobre los diferentes temas que conciernen a las mujeres del mundo para poner pautas internacionales a seguir y alcanzar el desarrollo de las mismas.

De unos años hacia acá, los jóvenes mexicanos han mostrado interés por participar en este diálogo tanto para escuchar la problemática mundial como para expresar su perspectiva local. Por esta razón es que no sólo buscan estar dentro de los paneles de los diferentes países sino que intentan tener acercamientos con nuestros representantes mexicanos.

Como un excelente ejercicio de democracia, Gómez Camacho hizo un espacio en su ocupada agenda para recibir a los estudiantes en sus oficinas y propiciar una dinámica de preguntas y respuestas para atender sus preocupaciones, entre las cuales estaban las prioridades de México para esta Comisión y la agenda para la juventud mexicana.

Los funcionarios dejaron claro que los temas en los que México avocará sus esfuerzos en la presente CSW son fomentar la investigación y crear datos estadísticos que aporten conocimiento empírico, aumentar la participación de la sociedad civil y el cumplimiento de la agenda 2030 con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Posteriormente se habló sobre el papel de los jóvenes dentro de su sociedad, a lo que el Embajador recalcó la importancia de involucrarse tanto en la dinámica local como internacional. “Cambien ustedes para que cambie el mundo”, dijo motivándolos a romper el estereotipo de una juventud dormida e indiferente.

La reunión fue fructífera y esperanzadora pues oír de la misma voz que toma las decisiones, un mensaje de disposición y apertura que contrasta con la trillada agenda de Naciones Unidas, fue para los asistentes un aliento para no abandonar esta urgente labor de pugnar por la protección de la vida, la familia, el matrimonio y la dignidad de todas las personas.