Jóvenes con México #CSW60

Autora invitada: Olivia Serrano

Nueva York, Estados Unidos

“More than ever before in human history, we share a common destiny. We can master it only if we face it together. And that is why we have the United Nations.”
Kofi Annan

El día 16 de marzo del 2016 a las 13 horas de Nueva York, el Embajador Juan José Gómez Camacho, recibió en las oficinas de la Misión Permanente de México, a un grupo de 20 jóvenes mexicanos que participaban en la Comisión del Estatus Jurídico y Social de la Mujer (CSW por sus siglas en inglés).

La CSW es un evento anual de la Organización de Naciones Unidas que se lleva a cabo durante dos semanas de Marzo en el que convoca a los países miembros y Organizaciones de la Sociedad Civil a dialogar sobre los diferentes temas que conciernen a las mujeres del mundo para poner pautas internacionales a seguir y alcanzar el desarrollo de las mismas.

De unos años hacia acá, los jóvenes mexicanos han mostrado interés por participar en este diálogo tanto para escuchar la problemática mundial como para expresar su perspectiva local. Por esta razón es que no sólo buscan estar dentro de los paneles de los diferentes países sino que intentan tener acercamientos con nuestros representantes mexicanos.

Como un excelente ejercicio de democracia, Gómez Camacho hizo un espacio en su ocupada agenda para recibir a los estudiantes en sus oficinas y propiciar una dinámica de preguntas y respuestas para atender sus preocupaciones, entre las cuales estaban las prioridades de México para esta Comisión y la agenda para la juventud mexicana.

Los funcionarios dejaron claro que los temas en los que México avocará sus esfuerzos en la presente CSW son fomentar la investigación y crear datos estadísticos que aporten conocimiento empírico, aumentar la participación de la sociedad civil y el cumplimiento de la agenda 2030 con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Posteriormente se habló sobre el papel de los jóvenes dentro de su sociedad, a lo que el Embajador recalcó la importancia de involucrarse tanto en la dinámica local como internacional. “Cambien ustedes para que cambie el mundo”, dijo motivándolos a romper el estereotipo de una juventud dormida e indiferente.

La reunión fue fructífera y esperanzadora pues oír de la misma voz que toma las decisiones, un mensaje de disposición y apertura que contrasta con la trillada agenda de Naciones Unidas, fue para los asistentes un aliento para no abandonar esta urgente labor de pugnar por la protección de la vida, la familia, el matrimonio y la dignidad de todas las personas.

 

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¿El todo desde la perspectiva del in-dividuo?

Me parece inevitable pensar que, como sociedad, hemos avanzado hacia una individualización significativa. Conforme hemos explorado el interminable camino de la construcción y reformación social, existe una tendencia a “encontrarse” a uno mismo aislado de los otros. Una gran parte de la humanidad en estos tiempos busca su sentido en los límites de sí mismo y cada vez menos en los parámetros que brinda la sociedad.

Lo anterior se entiende debido a la pérdida del suelo común, el significado se ha trasladado del todo a la parte. Diversos filósofos de la antigüedad han hablado de este tema. Su tesis respecto a esto es que la parte no adquiere sentido fuera del todo; sin embargo, mi pregunta constante dentro de mis reflexiones es ¿qué es el todo? ¿Es posible ver el todo? Porque si llegásemos a determinar que una noción de un “todo” no existe, es posible que el individuo tenga que relegarse a sí mismo y dedicarse completamente a encontrar el significado intrínsecamente.

A lo largo de la historia hemos visto que las personas han encontrado maneras de relacionarse, de crear imaginarios de pertenencia a un “todo” bastante parcial. Se han creado distintos idiomas, han surgido diversas religiones. Se creó el concepto de nacionalidad, los apellidos, entre otros rasgos, características o distinciones. Y así como se ha logrado crear comunidad y sentido de pertenencia a un contexto, también se creó un sentimiento de segregación y discriminación a la diferencia.

A pesar de todo lo anterior, muchos de esos conceptos han ido perdiendo su hermetismo. Ahora, cualquiera que cuente con las condiciones necesarias para desarrollarse puede aprender un idioma, viajar a otro país o cambiar de religión. En resumen, podemos cambiar de grupo o comunidad, y sin embargo, seguir en la búsqueda del sentido.

El mundo crece conforme crece la cantidad de individuos. Cada individuo es un mundo y puede considerarse a sí mismo un “todo”, por lo que siendo todos un “todo”, nadie lo es. Entonces ¿cómo ver el mundo completo a pesar de tener formas cada vez más efectivas para recorrerlo, conocerlo y abarcarlo? En la medida en la que nos interconectamos cada vez más, también nos damos cuenta que estamos cada vez más lejos de concebir el mundo como un todo.

Nardo

La soledad ante la presencia creciente del mundo virtual

Foto: Bernardo J. SandovalMe atrevo a hablar del mundo que vivo como una realidad dual. Lo tangible ha tejido canales de comunicación con lo virtual y se han interrelacionado fuertemente. La vida ya no se caracteriza sólo por la relaciones interpersonales concretas del día a día, sino que han emergido nuevas formas de conectarse con los otros. Nuevos medios de interacción y así, se han creado nuevos lenguajes que son accesibles, quizá no económicamente pero sí cognitivamente a todos.

Y mi pregunta es, ¿es posible experimentar la soledad ante la presencia de un mundo virtual que se hace notar en cada notificación, llamada, mensaje, whatsapp, entre otras manifestaciones intermitentes?

Sin pretender ser conservador en este sentido e intentar hacer una reflexión de este fenómeno, es bastante claro que este nuevo mundo ha logrado influir en nuestro comportamiento real, se ha inmiscuido en la lógica de la vida social y laboral, así como en el mercado y la información, y nos hemos habituado, al menos parcialmente, a estar constantemente asomándonos a la realidad virtual. Vivimos ya ante las exigencias de dos mundos que exigen un comportamiento determinado, y mi segunda pregunta es ¿podemos realmente aislarnos ya de un consenso no escrito de comportamiento que domina ya a grandes masas? ¿Podemos permitirnos alejarnos de una tendencia masiva a la cual se han abandonado muchos? ¿Realmente estamos condicionados a tener que formar parte de esta población virtual?

Mi penúltima pregunta no busca ser fatalista, pero ¿llegará el día en el que abandonemos el mundo tangible? ¿Encontraremos momentos de soledad en el mundo virtual?

Finalmente, ¿se crearán normas o instituciones en este nuevo mundo?

Son sólo preguntas que llegan a mi mente, mismas que quizá no es posible responder ahora o que es posible que parezcan ingenuas, pero veo a la soledad del mundo real como un fenómeno que se extingue a cada momento y que sólo pocos individuos en el mundo pueden gozar, lo humanos del rezago tecnológico.

Nardo.