Alas y raíces

Los seres humanos realmente somos unas criaturas bastante particulares. Si uno se fija con atención podrá encontrar más de una cosa curiosa. A mí me resulta interesante esa semi curva que forman nuestros labios que tiene, al menos, catorce significados distintos. Esa que hacemos cuando algo nos resulta gracioso, pero no del todo. O que le dirigimos a alguien que nos parece especialmente simpático o atractivo. O hasta a alguien que nos provoca un poco de pena. El proceso no es el mismo pero el resultado es similar.

Otra de sus características que, a mi parecer, destaca en comparación con cualquier otra especie es que no termina por definirse en su dinámica vital. A algunas especies la naturaleza les dicta muy claramente cuando ha llegado la hora de migrar. Otras tienen también perfectamente identificado que han de establecerse, que pase lo que pase no han de separarse de su comunidad o no sobrevivirán. Unos vuelan, otros nadan, unos viven en solitario, otros tienen una pareja de por vida, otros andan siempre en grupo.

Pero el ser humano no parece tener muy claro lo que le corresponde hacer, o el momento de hacerlo. Esto, porque a diferencia de la mayoría de las especies, es un ser ambivalente. Por un lado, tiene una tendencia muy fuerte a establecerse, a echar raíces. Y por otro, su capacidad para moverse y volar de un sitio a otro es también muy definitoria. Aunque parezca en principio contradictorio, ambas características se entienden desde un proceso de adaptación. Podemos ir de un sitio a otro porque nos adaptamos, por eso mismo nos quedamos.

En esta ambivalencia se nos va la vida. En el no saber si irse o quedarse, sabiendo que si te vas, renunciarás a quedarte y si te quedas, tanto te perderás. Cuando nos vamos, queremos a veces volver. Pero muchas veces tampoco sabemos cómo permanecer. Volar parece fácil pero soltar siempre cuesta. Decidimos, entonces, no elegir y quedarnos solo con las posibilidades. Al final ese tampoco es un gran lugar para vivir, simplemente porque  no es real.

El arte de vivir parece entonces consistir en saber cuándo es tiempo de volar y dónde, en qué lugar o persona, echar raíces. Podemos andar constantemente pero estamos hechos para volver o para, de alguna manera, hacer nuestro lo ajeno. Somos para pertenecer. Hay que aprender a irse pero, aún más, a saber quedarse, a estar donde se está. Decidir y apostar. Que los sueños sean altos y las raíces sólidas.

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Listas y manías

Me encantan las listas. Hago o procuro hacer listas para prácticamente todo. Algunos podrían decir que es una clase de obsesión y no lo discutiría, pero para mí es un intento pequeñito de darle estructura a un mundo tan caótico. Claro que me dirían entonces que la obsesión es la de darle estructura a lo que no tiene porque tenerla, y nuevamente no estaría en posición de rebatirlo. Pero al final todos buscamos alguna certeza, un poco de seguridad en la que podamos descansar nuestros pensamientos. Algún indicio, algo que nos diga que no estamos del todo perdidos, que nos reconforte asegurándonos que vamos hacia algún lugar. Bueno, así me siento cada vez que tacho algo de mis listas. En una lista todo tiene un orden y una razón de ser. Qué ficción tan más consoladora.

Aquí va una lista de algunas de las cosas de las que hago listas (no pretende ser para nada exhaustiva):

  • Compras del supermercado
  • Ropa/zapatos/accesorios que me hacen falta quiero
  • Sentimientos (sí, más de uno, al mismo tiempo)
  • Pendientes del día
  • Pendientes de la semana
  • Compromisos del mes
  • Fechas importantes
  • Amigos que quiero visitar/llamar
  • Cartas por escribir
  • Lugares a los que quiero ir
  • Lugares a los que he ido
  • Cosas por hacer
  • Libros por leer
  • Mis virtudes
  • Y defectos (un poco larga en comparación de la anterior)
  • Temas de conversación
  • Temas para escribir algún artículo algún día
  • Preguntas que hacer a gente que me parece interesante
  • Gente que me parece interesante
  • Libros favoritos
  • Películas favoritas
  • Todas mis cosas favoritas
  • Cuentas/deudas (ésta no es mi favorita)
  • Ideas
  • De spotify
  • Sueños por cumplir
  • Y un gran, gran etcétera.

Que la vida que se quiere no suceda sólo en la imaginación

Hoy en la mañana pensaba que las grandes metas comienzan siendo sueños. Empezamos a construir el destino que buscamos en la mente, la cual es una gran fábrica de ideas. Las ideas a su vez nos hacen movernos hacia lo que queremos conseguir si es que esa idea tiene un peso sentimental significativo y, aunque fallemos, tratamos de buscar los mejores medios para alcanzar los objetivos.

Sin embargo, sucede que podemos ser incoherentes entre nuestro accionar y las metas que queremos conseguir en la vida, y ¿cómo darnos cuenta? Justo eso pensaba en mi trayecto de casa a la escuela.

Pensaba que en ocasiones es difícil saber lo que se quiere y situarnos en el camino que nos lleva al lugar deseado. La realidad actual presenta muchas alternativas, presiones e incluso condiciones en el momento de tomar las decisiones, como decidir una carrera, buscar un trabajo o decidir con qué persona queremos compartir nuestra vida.

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En este sentido, creo que una buena forma de darnos cuenta de la efectividad de nuestras decisiones para lograr la satisfacción buscada es preguntarnos qué porcentaje de la vida que queremos sucede sólo en nuestra mente o imaginación, y qué porcentaje estamos construyendo o se está realizando en nuestra vida material y tangible. Con esto me refiero a que puede ser preocupante que la vida que queremos se quede en nuestros sueños y terminemos nuestra existencia deseando haber logrado los objetivos anhelados.

Así, mi reflexión invita a quienes me leen a cuestionarse cuánto de lo que queremos está sucediendo o construyéndose con nuestro accionar diario o en la forma de vida que escogimos y estamos viviendo, con la finalidad de tomar cartas en el asunto. Un poco de valentía o respeto a nuestros ideales podría hacernos más felices, un poco de lealtad podría acercarnos más a la materialización de nuestros ideales concretos y espirituales. En conclusión, nunca es tarde para cambiar de camino o de contexto, porque quizá logremos así una correlación más grande entre lo deseado y lo vivido.

B. Job Sandoval